—les aclaré—, creo que es de aproximadamente décima mano.
Con esta aclaración, las dos muchachas se retiraron de inmediato, conmiserándose de que me viera yo forzado a utilizar a tenth hand cello.
Folasande meditó su respuesta, pensó en Luisa, en su vientre abultado, su sonrisa que más que sonrisa parecía una mueca, era como si siempre hubiera tenido dificultad para entender las
emociones mundanas.