Al final del día solo somos Dios y yo, cómo siempre los dos, yo hablando con Él y Él siempre escuchándome, entendiéndome y perdonándome. Sin duda alguna es mi mejor compañía, mis noche sí que terminan en paz.
Debes de tener el coraje de recoger tus pertenencias y salir enseguida cuando sientas que lo que te brindan ya no es sano o no es lo que mereces. ¡Qué no se te olvide que eres mucho y por lo tanto mereces bastante!