Durante 9 años, un señor se sentó en la última banca de mi iglesia en Texas.
Nunca cantaba. Nunca dio ofrenda.
Un domingo dejó un sobre: $23,000 en cheques de caja y una nota.
"Esto es de ustedes desde 1998".
El problema es que en 1998 alguien ya había pagado por eso.
En 1998 desapareció el fondo de construcción de la iglesia.
Culparon al tesorero, el hermano Ernesto.
No hubo pruebas, pero no hicieron falta. La gente dejó de saludarlo. Para que no lo denunciaran, devolvió $8,000 de sus ahorros. Plata que no debía.
Se fue de la iglesia y no volvió.
Su hija Lucía volvió hace un año.
Cuando apareció el sobre, todos aplaudimos. Dijimos que era un milagro.
Hasta que Lucía se paró y le preguntó al pastor delante de todos:
"Pastor, ¿usted sabía quién era?"
El pastor bajó la cabeza.
Sí sabía. Lo supo desde el primer domingo que ese señor se sentó atrás llorando.
Y en 9 años no dijo nada. Ni siquiera para limpiar el nombre de Ernesto.
Lucía pide dos cosas: que le devuelvan a su papá los $8,000 de ese sobre, y que el pastor diga el nombre del hombre en el púlpito.
El pastor dice que no.
Que esa plata es de la iglesia. Que si dice el nombre, ese hombre no vuelve a pisar un templo. Que Dios estaba trabajando con él y su trabajo era no estorbar.
Lucía le contestó: "¿Y con mi papá quién estaba trabajando?"
Don Ernesto tiene 79 años. Cuando se enteró, solo dijo: "Yo ya perdoné. Déjenlo así".
Lucía no quiere dejarlo así.
¿Quién tiene la razón: el pastor que protegió al arrepentido o Lucía, que quiere limpiar el nombre de su papá?
Mi cuñado Luis da el diezmo todos los meses en su iglesia en Houston. $420.
Su mamá en Barquisimeto necesita insulina y no le alcanza.
Mi hermana le pidió que este mes le mandara ese dinero a su mamá. Él dijo que a Dios no se le quita para dárselo a nadie. Ni a su propia mamá.
Llevan tres semanas sin hablarse.
Luis no es tacaño. Le manda $150 todos los meses a su mamá y trabaja los sábados para eso. Pero el diezmo, dice, es lo primero. "Mi mamá me lo enseñó".
Y es verdad. La señora Carmen lo llevaba al culto de la mano y le hacía separar la décima parte hasta de la mesada.
Mi hermana la llamó para pedirle que hablara con él. La señora le contestó lo mismo: "El diezmo no se toca, mija. Yo estoy bien".
No estaba bien.
La semana pasada, la hermana de Luis nos escribió desde Barquisimeto. Su mamá se está poniendo media dosis para que la insulina le dure el doble. Ya se mareó dos veces en la calle. Y le hizo jurar que no le dijera nada a Luis.
Luis ya lo sabe. Dice que va a buscar otro trabajo los domingos en la tarde, pero que el diezmo no lo toca.
Mi hermana dice que Dios no necesita esos $420 este mes. Su mamá sí.
Él dice que Dios es fiel, y que si hoy deja de confiar por miedo, le está enseñando a su hijo que la fe se acaba cuando aprieta.
¿Quién tiene la razón: Luis o mi hermana?
@emigaiam Los primeros meses aquí no conocía a nadie y los domingos no salía del apartamento. Mi hija de ocho años me pidió ir a una iglesia que veía camino a la escuela. Fuimos por ella. Esa congregación nos consiguió muebles, trabajo y amigos. Congregarse también es dejarse cuidar.
@PastorCashLuna Mi prima llegó a Houston con su título de enfermera sin convalidar. Empezó a cuidar gratis a una hermana de la congregación que estaba enferma, solo por cariño. La hija de esa señora era supervisora en un hospital. Hoy mi prima trabaja ahí. Nunca lo hizo por interés.
@LeonardoBailey Mi tía oró catorce años por mi tío. Él la dejaba en la puerta del culto y se quedaba afuera en el carro. Un domingo de lluvia entró "para no mojarse". Hoy es el que abre la iglesia los domingos. Ella nunca dejó de clamar.
@Bibliaenlinea Esa frase la tenía mi esposa pegada en la nevera el primer invierno aquí. Yo con doble turno, ella sola con los niños, sin familia cerca. Muchas noches la oí orarla bajito en la cocina. Dios no nos soltó ni un día. Obra suya somos.
@Pontifex_es Mi suegro no faltaba un domingo a la iglesia, pero lo que más recuerdo de él es otra cosa: cuando el vecino de enfrente quedó viudo, le llevaba el almuerzo todos los días sin que nadie se lo pidiera. Nunca nos habló de amar al prójimo. Lo hacía, y así lo aprendimos.
Lo que nadie te cuenta de emigrar:
Que lo más difícil no es el idioma. Es el primer cumpleaños de tu mamá que celebras por videollamada.
Que vas a aprender a decir "estoy bien" en un tono que convence a todos menos a ella.
Que un día vas a oír a alguien hablar como en tu tierra en el supermercado y te vas a quedar parado en el pasillo, con el carrito, escuchando.
Que vas a visitar tres iglesias hasta encontrar una congregación donde alaben como allá.
Y que la casa nueva se vuelve tuya el día que llega alguien de visita y le dices: "Siéntate, que ya cuelo el café".
¿Qué es lo que a ti nadie te contó?
@josneyrodriguez Mi papá salió de Venezuela a los 58 años con una maleta. Dejó la casa, el taller, todo. Los primeros meses aquí lo vi dudar, y no se lo reprocho. Pero nunca dejó de ir al culto. Hoy dice que perdió las cosas, no las promesas. Dios es fiel.
@JorgeAlvarezCa Se lo dije a mi primo cuando empezó a buscar a una compañera del trabajo, divorciada y con dos niños. Él ni sabía si quería algo serio. Le dije: "Esos niños ya lloraron bastante, aclárate tú primero". Se apartó a tiempo. Hoy dice que es lo más maduro que ha hecho.
@LeonardoBailey Mi padrino tenía plata en Caracas. Casa grande, dos carros, y no dormía. Aquí llegó sin nada, limpiando oficinas de noche. Un domingo después del culto me dijo: "Nunca había tenido tan poco, y nunca había estado tan en paz". Esa paz no se compra.
@PastorCashLuna Mi vecina, recién llegada de Barquisimeto, pasó meses sin poder dormir. Lloraba en el baño para que los niños no la oyeran. Lo que la levantó fue hablarlo: con su pastor, con una consejera y con Dios en oración. No fue de un día para otro. Pedir ayuda también es fe.
@cala Mi hermana y yo llevamos siete años sin vernos. Ella en Santiago, yo aquí en Texas. Pero todos los domingos nos tomamos el café juntos por videollamada, cada uno en su cocina. Cuando por fin nos abracemos, va a ser como si nos hubiéramos visto ayer.
Si estudiaste en Venezuela en los 80 o 90, esto te lo sabes de memoria.
Camisa blanca en primaria. Azul de séptimo a noveno. Beige en el bachillerato.
El pupitre rayado con nombres de gente que nunca conociste. El "a la dirección" que te helaba la sangre. El himno los lunes, bajo el sol, con el estómago vacío.
Y el recreo. Una empanada y un jugo de la cantina, y la señora que te fiaba hasta el viernes.
¿Qué comprabas tú en el recreo con lo que te daban en la casa?
@JorgeAlvarezCa Mi tía lo aprendió a la mala. Contó en la familia que le habían aprobado la casa aquí y una prima empezó a regar chismes de que andaba en cosas raras. Desde entonces celebra en silencio, con su esposo y con Dios. Las bendiciones no siempre hay que anunciarlas.
@Contexto_Visual Mi mamá me llamaba todos los días a las siete desde Maracay y yo a veces le contestaba apurado: "mami, te llamo después". Desde que vivo lejos, esa llamada de las siete es lo mejor de mi día. Ahora soy yo el que la llama primero.
@Bibliaenlinea La noche antes de mi entrevista de inmigración no podía dormir. Mi esposa me leyó ese versículo en voz baja y oramos juntos. No sé explicarlo, pero entré a esa oficina con una calma que no era mía. Esa es la paz que sobrepasa todo entendimiento.
@PastorCashLuna Mi cuñado estuvo preso de muchacho en Valencia. Cuando llegó a la congregación aquí, se sentaba en la última fila porque sentía que no merecía estar ahí. Un domingo el pastor lo llamó adelante a orar por otros. Hoy dirige la alabanza. Dios no se quedó en su pasado.
@cala Me pasó con un primo en una reunión familiar. Me buscó la lengua toda la noche y yo caí. Al día siguiente no estaba bravo con él, estaba bravo conmigo por haber dañado el cumpleaños de mi mamá. Desde ahí, cuando alguien me provoca, respiro y me voy a la cocina.