No es fácil tu Hágase, niña.
Porque, si a mí me preguntasen,
más bien me inclinaría
por el Hágase de los poetas,
cargado de buenas intenciones,
genérico, impersonal,
convertido en estribillo
convincente y volátil
O me aferraría
al Hágase de los indecisos,
antesala de un pero,
de un mirándolo bien,
y al fin de un no se haga.
O me perdería
en el de los descomplicados,
que diciendo Hágase
dicen que otros lo hagan:
el gobierno, las iglesias,
los ricos, los profesionales,
los motivados, los convencidos
o los que tienen tiempo.
Pero tu Hágase, niña,
desenmascara los verbos incompletos.
“Hágase en mí”, dices,
tan sencilla y tan sincera.
Y se hace.
Tu compromiso se me vuelve pregunta.
¿Qué ha de hacerse en mí hoy?
Pasadas mis primeras semanas como padre, me pregunto: ¿Por qué seguimos permitiendo que el padre esté ausente los primeros meses del bebé y dejarle todo a la mamá? ¿En qué cabeza cabe que solo 5 miserables días son suficientes para atender a la esposa y al bebé?
Vanidad de vanidades es poner toda la esperanza en bienes que se marchitan, pretender eternizar la gratuidad de un instante, apostarlo todo a ídolos como la imagen, la riqueza, o el poder… Todo eso pierde el brillo por más que no queramos aceptarlo
La pastoral tiene que ser una escuela de evangelio. Y una escuela de la mirada, para aprender a leer la realidad desde la fe… todo lo que sean llamadas a hacer de la propia diversión un escaparate a mí me hace sospechar
La Iglesia no se divide entre pastores y ovejas. Ambas son dimensiones de cada historia. En el Buen Pastor todos encontramos la llamada para tener la actitud de cuidar, buscar y proteger al otro… así como la promesa de ser igualmente cuidados cuando más lo necesitemos.
Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades.
Gaudete et exsultate
Papa Francisco