Lo que exaspera a un ser humano no es la repetición eterna de lo mismo.
Son las bofetadas que siempre recibe a propósito del mismo deseo.
Un deseo que será, eternamente insatisfecho
Siempre fui el imbécil que te amó a pesar de todo.
Y ese "a pesar de todo" significó mi vida entera y tu rechazo intrínseco.
Tenían razón esos que decían "no soy yo..." Siempre fuiste tú
En todo ver una traición. En los detalles más mínimos. Pero no es eso lo desalentador.
Lo que en verdad estruja al corazón es el deseo de confirmación. Esa creencia ciega en que todo ha muerto
Y la necesidad de seguir con los ojos vendados