Tengo la MALÍSIMA costumbre de ser una persona tan observadora, que puedo notarlo TODO. Los detalles, los gestos, las palabras no dichas, las acciones... Y aunque nadie me diga que algo cambió, yo ya lo sé. Me rompo sola el corazón con mis propios pensamientos, y eso es lo peor.
Le dije a mi psicóloga que sentía que habían personas que no reconocían todo el esfuerzo que hago por ellos y me contestó: "a veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos". Y la verdad que me pego una patada en el corazón y otra en la cabeza.
Es hermoso cuando llega alguien que no te complica la vida, es más, te mejora. Te da tu lugar, te habla claro, te suma en todo, y encima te hace reír hasta cuando estás de mal humor
de vez en cuando pónganse en el lugar del otro y entiendan que lo que para ustedes no tiene ninguna importancia, al otro le puede doler un montón y eso no significa que esté exagerando. Empatía se llama
Nunca juzgaré a una persona que se rompe y comienza a llorar por algo pequeño, porque sé muy bien que no está llorando solo por eso, sino por todo lo que ha estado aguantando hasta ese momento.
Si te sientes mal, las cosas no van a mejorar por cuestionar lo que sientes. Hay situaciones duras y jodidas e inaguantables, en las que cualquier persona en su sano juicio se sentiría mal. "Gestionar las emociones" empieza por aceptar que no está mal sentirnos mal.
pedí disculpas sin tener la culpa, bajé la cabeza teniendo razón, hice por otros lo que nunca harían por mí, oculte que estaba mal para no preocupar a nadie. Así que no digas que soy egoísta, perdí la cuenta de las veces que coloqué la felicidad de otros por encima que la mía
corté muchísimos vínculos cuando me di cuenta que si yo no hablaba, no me hablaban, si yo no decía de juntarnos, no nos juntábamos, si yo no preguntaba como estaban, no me lo preguntaban; duele darse cuenta, pero también es un poco aliviador ya no rogar amistad o atención.