Era perfecto, como si de un cuento se tratase. Podía hasta crear un defecto, por si lo perfecto me asustase. El hecho es que por un instante entré en razón y no estaba soñando, estaba haciéndote el amor.
Escribo solo versos tristes. En algún patético me convertiste. Releo lo que escribiste cuando éramos felices. Y sentía como mariposas lo que hoy sé que son lombrices. –Maquiavélico.