¿Cómo así que el domingo hay que ir a votar? Sí me aseguraron que Petro se iba a proclamar emperador del imperio de la Gran Colombia y nos iba a golpear con un ejército trans mientras hacía una muralla con los billetes de pesos colombianos que estarían a 10mil x dólar.
Qué tan limpia debe ser la vida de Iván Cepeda para que, después de años enfrentando en un alegato judicial a uno de los hombres más poderosos de Colombia, donde le revisaron hasta el pasado más mínimo para ver qué le encontraban e inventándole toda clase de rumores, no hayan podido hallarle nada ilegal.
En la política colombiana, eso ya dice mucho.
Claro que sí, señora Vicky Dávila. Hagamos ese mural artístico, y no lo pongo entre comillas porque justamente eso hace el arte: genera emociones, transgrede sensibilidades y despierta realidades.
Pero también la invito a caminar conmigo por las ruralidades de esa Colombia profunda para rescatar niños, niñas y jóvenes reclutados, tal como lo he hecho durante décadas.
¿Puede probar usted que yo no he defendido a la niñez de este país?
No en vano fui reconocida como Defensora Nacional de Derechos Humanos en 2021, por toda una vida dedicada a esta labor.
¿Quién dijo que los 18.677 niños, niñas y adolescentes no nos importan?
Ellos son una parte esencial de Colombia y nuestro deber siempre será protegerlos. Por eso hemos insistido en la búsqueda de la paz en los territorios, para evitar que esa dolorosa cifra, evidenciada por la JEP, siga aumentando.
Espero también que recuerde que esa verdad que usted menciona, fue posible evidenciarla gracias a la justicia transicional que usted tanto ha criticado.
Hay que investigar un poco más, señora Vicky Dávila. La investigación es una parte fundamental de su profesión. Parece que ya se le olvidó, o tal vez nunca la ejerció con el rigor que merece, pero hay que investigar.
Soy médico y, como muchos de ustedes, sin importar quién gane las elecciones, al día siguiente tendré que seguir trabajando, pagando las cuotas del colegio privado de mis hijos, la medicina prepagada, el mercado y las deudas con el banco.
Probablemente mi vida no cambie demasiado dependiendo de quién llegue al poder. Pero después de recorrer Colombia como médico forense, funcionario de la Fiscalía, rescatista voluntario, médico de cuidados intensivos y parte de equipos de protección a dignatarios, entendí algo que muchas veces olvidamos desde el privilegio: para millones de colombianos sí cambia todo.
Cuando vives a pocos minutos de una gran clínica y cuentas con ambulancia privada, terminas creyendo que esa realidad es igual para todos. Pero no lo es. Durante años, cientos de municipios en Colombia no tuvieron acceso digno a servicios básicos de salud. Lo mismo ocurre con las vías, el internet, los colegios, las universidades y hasta el agua potable.
Cuando el contacto más cercano con el campo es la sección de frutas y verduras del supermercado, es difícil comprender lo que significa para una familia campesina recuperar su tierra después del desplazamiento, recibir apoyo para producir alimentos o tener una vía que les permita sacar sus cosechas sin perderlas en el camino.
Cuando nuestros hijos estudian en colegios y universidades que cuestan miles de dólares al año, a veces olvidamos que para cientos de miles de jóvenes acceder gratuitamente a la educación no es un privilegio ideológico: es la diferencia entre repetir el ciclo de pobreza o tener una oportunidad de cambiar su vida.
¿Qué puede representar para nosotros un aumento del salario mínimo? Tal vez un mayor gasto mensual. Pero para otros significa poder comer mejor, pagar transporte, comprar útiles escolares o ayudar a sostener una familia.
El privilegio muchas veces nos encierra en una burbuja. Y desde esa burbuja es fácil caer en discursos que nos llenan de miedo: miedo a perder, miedo al otro, miedo a quienes viven una realidad distinta a la nuestra. Así nacen la xenofobia, la aporafobia y el racismo; así terminamos viendo como amenaza a quienes solo reclaman oportunidades y dignidad.
Y entonces, movidos por el miedo, renunciamos incluso a nuestras propias libertades a cambio de una sensación de seguridad vendida por quienes necesitan mantenernos divididos.
Ninguna religión enseña a odiar al prójimo. Todas, sin excepción, hablan de empatía, compasión y justicia. Amar al prójimo no significa amar únicamente a quienes viven dentro de nuestra burbuja, sino entender que nuestros privilegios deberían convertirse en derechos para todos.
@sandraborda Si lo amamos Sandra porque estamos cansados de que la estrategia de los medios y periodistas sea tomar un discurso y darle la vuelta para crear falsas noticias y repartirlas, no queremos eso, queremos escuchar su discurso de principio a fin. No sé si nos entiendes
@VillanueAle@AdrianaLucia@subcantante Por eso mismo no debemos desfallecer en la búsqueda de la paz, que la violencia se acaba con más violencia, pues mire la historia de Colombia. insistir en la paz no hace malo a nadie.
@TigreElefante @petrogustavo Tiene que decirlo porque sino salen uds mismos a decir que para que le da condolencias si no era amigo sino contradictor, por todo joden
@RaqSpolitica@mane_sabio@carlosgfajardo Depende para que es la deuda, si se usa para producir más o para el bolsillo de unos pocos. Ahí radica la diferencia
@mareo23@WomanDelCalaoCB@Luciafillippo Lo mismo decían de Petro y míralo ahí listo para dejar la presidencia con la favorabilidad alta, los que se reeligieron cambiando articulitos si eran parecidos a Chávez
@Lidiosenado@petrogustavo Al presidente lo elige el pueblo y por consiguiente el pueblo que votó por él le da la competencia de verificar porque así lo queremos y necesitamos.
@DanielSamperO Siguen los periodistas haciéndose los ciegos, sordos creyendo que manejan la verdad, úntese de pueblo y descubrirá lo demócrata que lo considera mucha gente.