Desconsuelo
He sido
despojado
de todo.
Tus ojos ya no
mirarán, tu boca
ya no hablará.
Tus pasos no
caminarán y
tus manos ya
no labrarán
ningún destino
al cual llegar.
Tu esperanza ya
no abrazará mis
calles.
Ya no habrá
puertas que te
reciban, ni ventanas
que te vean llegar.
El vacío viene y
se posa al borde
de mi silencio,
que se enreda
en el afán de
un tiempo que
fue borrado
y olvidado en
la inocencia de
un mañana
añorado que
se ha llevado
el viento entre
sus alas,
como un canto
viejo, que habita
la soledad de
estos latidos
que ya no
emanan vida.
Ebrio de tu recuerdo,
la noche me dibuja
una sonrisa amarga,
llena de heridas.
Emerge entre los
escombros, revive
como un ave y se
anida en mi pecho
como una raíz.
Las calamidades
se agolpan, abren
su camino entre la
infinita tristeza que
es vivir con toda esta
ausencia de ti.
Que bello es amarte.
Que bello es sentir
tus besos en mis
labios.
Que bello es dejarme
llevar por este amor
que se anida en mis
latidos y me hace
florecer como un
jardín.
Que bello es sentirte
y sentirme en ti.
Que bello es ver
toda la belleza
que provoca tu
existencia, amor.
Aquelarre
Sobre el mármol
yacen sus últimas
horas, donde goteaba
su sufrimiento, privado
de la vista de muchos.
En la remota
oscuridad, nadie
escuchó sus últimos
suspiros, ni sus
últimos halos
de aliento.
Nadie recordará
su memoria, tan
sólo fue un abismo
entre los abismos.
Primavera
La nueva luz de
un nuevo cantar,
anuncia un nuevo
comienzo, una nueva
esperanza que se
abre como una
ventana.
Y un nuevo brío de
ilusión se anida en
el noble semblante
de las flores, que
con su caricia muda
van escribiendo en
el viento un nuevo
porvenir lleno de
paz.
Ausencia
Tus ojos ya no
iluminan mis ojos,
tu sonrisa ya no
abriga mi llanto.
Tu voz ya no
adorna la primera
luz de mis primaveras,
ni la última melancolía
de mis otoños.
Tus besos ya no
son el consuelo
de mis pesares,
tu abrazo ya no
es más el refugio
de mi soledad.
Un insondable eco
ha dejado el silencio
que bajo la sombra
del tiempo se llevó
todo, dejando solo
desolación.
El olvido no borra
la infame muerte,
ni sus hondas e
infatigables
huellas de
heridas.
Con un ávido
dolor lancé tu
último aliento
de ceniza, como
una ofrenda al
viento.
Vacío
La misma tertulia
de siempre, al pie
de la luna, que con
su silencio agudiza
más esta falsa
cercanía mía con
el que se asoma
al otro lado del
tiempo, atrapado
en el espejo.
Las voces se han
apagado en el
clamor inútil de
un ayer, muerto
en esta honda
soledad de mi
sufrir.
Melancolía
Cualquier día,
cualquier tarde
y cualquier noche,
será la misma rosa
del mismo jardín.
Siempre será la
misma soledad
que me invadirá
sin su fragancia
platónica.
Y en su canto
resurgirá la negra
ceniza, que aún
arde en la profunda
oscuridad de un
latido inalcanzable.
Soledad
Un canto inmarcesible
florece entre la negra
noche, empapando
como un rocío la
tenue melancolía
que se desprende
de estas horas
desvanecidas por
el ensordecedor
silencio que en mí
arde como un fuego
viejo, como un sueño
latente que me hace
recordarte y extrañarte,
amor.
Jardín
En la congregación
de recuerdos mi
mente regresó a
las sendas antiguas,
que han sido
olvidadas,
recordando los
momentos a tu
lado, donde las
horas eran finas
gotas de serenidad.
Te pienso en este
lugar tan silencioso,
como un pájaro dormido,
que te evoca en cada
rincón.
El Poema
Emerge de la
sombra de un
silencio, tan
antiguo como
el tiempo.
Inamovible, el
misterio se asemeja
a una constelación
de certezas y dudas.
Se va escribiendo
lentamente, en
secreto, y en ese
secreto va naciendo,
va tomando forma,
como un círculo
íntimo de agua
y fuego.
Lejos de aquí
late mi corazón,
en el alma de
una desconocida.
Muy lejos habita
mi amor, en el brillo
de unos ojos que
nunca han visto
el de los míos,
añorándola.
En algún lugar,
lejos de mí, vivo
yo en una piel que
no he palpado y,
que aún así, he
besado como un
loco enamorado.
Óbito
Bajo el plomo solo
hay plomo, bajo el
llanto más dolor.
Bajo el camino
encuentro hastío,
bajo la huella una
ruina habitada.
Bajo el vacío veo
un rostro distante,
bajo la lejanía, mi
deseo de volar.
Bajo este otoño
hay solo tristeza,
bajo esta soledad,
tu fría ausencia.
Albur
Clamor incesante:
Entre la voz herida
del tiempo esclavo
fui, entre las horas
golpeadas de vana
incertidumbre, alcé
una plegaria.
Soy el suspiro que
vencido en triste
abandono, muere
de soledad.
Regrésame al lugar
donde tu cálida alma
alimente este desierto
de soledades.
Bajo la suave brisa
de esta noche, se
me escapa un deseo
vergonzoso, que
invade mis sentidos.
De mis silencios grita
una tormenta que se
ahoga entre mi piel,
sedienta por beberse
tu tímida pasión.
Bendito sentir
incontrolable que
me diluvia, cada vez
que tu lejanía roza
la mía.