"Eres la propina que das, el perro que acaricias, las veces que cedes tu asiento, el papel que guardas y tiras a la papelera.
Eres el "Buenos días" y el "Por favor", eres el que lava la ropa antes de donarla, el que respeta los turnos. Eres el que se queda cuando todos se van, las palabras que dijiste y que cumpliste...
No eres lo que aparentas ni lo que los demás opinen de ti.
Eres y siempre serás lo que haces."
No lo sabía. Cuando quedas embarazada, las células del bebé siguen vivas en el cuerpo de la madre durante más de 27 años.
Se llama "microquimerismo": durante el embarazo, las células del bebé entran en la sangre de la madre a través de la placenta y se instalan incluso en órganos y en el cerebro. En un estudio de 2012 de la Universidad de Washington, se encontraron células de origen fetal en el cerebro de aproximadamente el 63% de las mujeres analizadas.
Y estas células no se quedan ahí sin hacer nada.
Cuando el corazón o el hígado de la madre sufre daño, las células del bebé acuden a ese lugar y ayudan a reparar el tejido. A nivel celular, el hijo protege a su madre.
Y hay algo más: las células de los bebés perdidos por aborto espontáneo o muerte fetal también permanecen en el cuerpo de la madre.
El embarazo, a nivel celular, es convertirse en madre para siempre. El vínculo con tu hijo es para toda la vida.
El lazo entre madre e hijo existe a nivel celular. Es demasiado bonito...
Usted vive en un planeta donde los árboles se avisan del peligro
a través de raíces que se tocan bajo la tierra.
Donde los pulpos sueñan en colores.
Donde los elefantes vuelven a los huesos de sus muertos y se quedan allí en silencio, como recordando.
Donde las abejas bailan para decirse adónde volar.
Donde las flores florecen después del fuego, como si el renacer fuera su manera de hablar.
Donde los cuervos recuerdan los rostros crueles y enseñan a sus hijos a reconocerlos.
Donde las hormigas hacen ciudades con túneles y puentes invisibles al ojo apurado.
Donde los gatos ronronean con una frecuencia que puede ayudar a sanar huesos.
Donde las ballenas cantan canciones que cruzan los océanos y cambian un poco en cada encuentro.
Donde las ardillas adoptan crías huérfanas y las cuidan como propias.
Donde los delfines se llaman entre sí por su nombre, y los caballos reconocen el sonido de una voz amiga.
Donde las mariposas recuerdan rutas de migración que sus antepasados siguieron muchos veranos atrás.
Donde los hongos crean redes infinitas bajo la tierra, ayudando a los bosques a respirar unidos.
Donde los lobos cuidan a sus mayores y cantan juntos a la luna.
Donde las luciérnagas vuelven a encender la noche para que los grillos tengan algo que cantar.
Donde los peces se agrupan para protegerse, moviéndose como si fueran un solo cuerpo.
Donde las tortugas regresan año tras año al mismo lugar donde nacieron.
Donde los árboles viejos guardan en sus anillos la historia del clima, del tiempo y del hombre.
Donde la vida, incluso en silencio, se acuerda del beso de la luz.
Usted vive ahí.
En un mundo que siente,
que cuida,
que recuerda.
Feliz día :)
EL JABÓN LAGARTO
El jabón Lagarto no es un jabón. El jabón Lagarto es una autoridad. Es una presencia. Es el único producto de limpieza que no compras… lo heredas. Tú no vas al súper y dices: “Voy a probar el jabón Lagarto”. No. El jabón Lagarto aparece en tu vida como aparecen los traumas y las recetas de tu abuela: sin pedir permiso.
Porque vamos a hablar claro: el jabón Lagarto no limpia, humilla la suciedad. Tú manchas una camiseta con tomate y el Lagarto no la lava… la somete. Le dice a la mancha: “Aquí se acabó tu carrera, artista”. Ese jabón ha quitado más grasa que muchos entrenadores personales.
Y luego está el olor. Ese olor no es perfume, eso es disciplina. Eso huele a patio, a barreño, a una señora con bata que te mira y te deja temblando solo con decir: “Eso con Lagarto sale”. Y salía. Salía la mancha, salía la mugre, salía la tontería y, si te descuidabas, salías tú también restregado.
El jabón Lagarto sirve para todo. Para la ropa, para el suelo, para la cocina, para una llanta, para una persiana y, en algunas casas, sospecho que hasta para bautizar niños. Hay gente que tiene un botiquín en casa; nuestras madres tenían una pastilla de Lagarto y una fe ciega. “¿Te has caído?” Lagarto. “¿Hay grasa en la campana?” Lagarto. “¿Tu padre ha venido con una mancha rara en la camisa?” Lagarto… y luego interrogatorio.
A mí me hace gracia porque ahora todo viene con nombre de laboratorio suizo: “detergente ultra bio active sensitive no sé qué”. Cállate ya. Antes había una pastilla verde-marrón con nombre de reptil y eso limpiaba más que tu vida después de bloquear a tu ex. Nada de marketing, nada de influencers. El jabón Lagarto no necesita anuncio. Su publicidad era una abuela levantando una sábana blanca como si hubiera ganado una guerra.
Y ojo, que el Lagarto tiene pinta de producto sencillo, pero impone respeto. Tú lo ves ahí, cuadrado, serio, sin florcitas, sin colores pastel, sin “aroma a nube de verano”. No. El Lagarto viene a trabajar, no a seducirte. Es el funcionario de la limpieza: no sonríe, no promete, pero cumple. Y mejor que muchos.
De hecho, si el jabón Lagarto fuera una persona, sería ese tío seco del pueblo que no habla mucho, pero te arregla una lavadora, te poda un olivo y te da una lección de vida sin moverse del banco. Duro, eficaz y con pinta de haber sobrevivido a tres crisis, dos riadas y una boda gitana.
En resumen: el jabón Lagarto no es vintage, es inmortal. Es el Chuck Norris de la limpieza. Es el producto que ha pasado de generación en generación como si fuera una reliquia sagrada. Y mientras nosotros vamos por la vida pagando botes modernos con tapa ergonómica, el Lagarto sigue ahí, tranquilo, pensando: “Cuando queráis limpiar de verdad, ya sabéis dónde estoy”.
La Policía Municipal de Madrid publicó el video de Paco, el perro héroe que realiza reanimación (RCP) a un oficial en un simulacro. ¡Está robando corazones en todo el mundo! ❤️🐶 #PacoElHéroe
En Brasil, existe la tradición de darle la primera porción de pastel a la persona más importante de tu vida. La reacción de mi hermano fue simplemente adorable...
En Tokyo, los niños de seis años caminan solos a la escuela cada mañana.
Llevan un sombrero o una mochila amarilla.
Ese amarillo, en la ciudad más grande del mundo, significa que ese niño va solo y que debe ser identificado para cuidarlo y ayudarlo en lo que necesite; Cruzan calles,
Se suben al metro y van contentos .
Las pequeñas tiendas en Japón, las llamadas convenience stores, que son como súper pequeños abiertos por por todo el país, son lugares donde si un niño que camina solo se pierde, puede entrar y ahí lo van a ayudar.
Esto es posible porque viven en un país donde el mindset del respeto, la integridad y la armonía crea un mundo ordenado y una realidad admirable a la que todos los países debiéramos aspirar
Espectaculares frescos de 2000 años de antigüedad en la Sala de los Frescos de la Villa dei Misteri en Pompeya.
Enterrados por la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., fueron redescubiertos en 1909.
Y yo me iré.
Y se quedarán los pájaros cantando.
Y se quedará mi huerto
con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostáljico...
Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.
J. R. J.
"A veces me pregunto si fui más feliz cuando no sabía que lo era. Cuando correr descalzo por el patio era un acto de libertad, y el mundo entero cabía en la risa de mi madre desde la cocina".
Mario Vargas Llosa.
Mi amiga trabaja en emergencias desde hace 10 años.
Empezó joven.
Nada la altera ya.
Ha visto de todo.
Accidentes graves.
Infartos masivos.
Personas inconscientes, sangrando, al límite.
Un día le pregunté
qué pacientes nunca se olvidan.
Se quedó callada.
Después dijo:
“No son los politraumatizados.
Ni los que llegan sin reaccionar.
A esos los atiendes.
Actúas.
Sigues.”
Los que se quedan contigo
son los que entran caminando.
Una mujer joven.
Tranquila.
Bien arreglada.
Dice:
“Solo me duele un poco el pecho.”
Un hombre que llegó solo.
No quiso llamar a nadie.
“No quiero molestar”, dijo.
Una mamá que pidió permiso
para mandar un audio rápido.
“Es solo para avisar”, dijo.
Todos repitieron la misma frase:
“Pensé que no era nada.”
Tenían planes.
Citas.
Pendientes.
Mensajes que mandar.
Personas que ver.
Algunos no salieron.
Mi amiga dice que eso es lo que más pesa.
No el caos.
No la sangre.
Sino la normalidad.
Personas comunes
en un día común
pensando que había tiempo.
Desde entonces, cada vez que minimizo algo,
me acuerdo de esto.
La vida no siempre avisa fuerte.
A veces susurra.
Si este texto te hizo detenerte un segundo,
no lo ignores.
Guárdalo.
Y escúchate más.
Antoni Gaudí odiaba las líneas rectas porque "no existen en la naturaleza". 🌿
Por eso, el interior de la Sagrada Familia al amanecer no parece una iglesia, sino un bosque de piedra bañado por el sol.
📍 Barcelona.
Como cada noche de Reyes, hay que recordar este breve poema de Unamuno:
"Agranda la puerta, padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños,
yo he crecido a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad;
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar."
Dedicado con todo mi cariño a todas esas señoras a quienes siendo niñas les brillaban los ojos cuando los Reyes Magos las hacían felices con una simple muñeca.