𝐌𝐚𝐫𝐢́𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐯𝐮𝐞𝐥𝐯𝐚
Desde Santiago de Compostela, esta ciudad a la que tantos llegamos con los pies adoloridos y una petición que ha viajado mucho más lejos que nosotros, pienso en tu cumpleaños y en la facilidad con que podemos felicitarte convirtiendo incluso este día en otra exigencia: que sigas, que resistas, que puedas con todo, como si nuestra esperanza nos diera derecho a pedirte una fortaleza interminable.
Hoy quisiera desearte algo que a veces olvidamos cuando pronunciamos tu nombre junto al de Venezuela: que la vida también te devuelva, que encuentres tiempo para disfrutar el amor de los tuyos, que puedas celebrar sin tener que convertir cada alegría en una declaración de valentía y que llegue el día en que estar en tu tierra, entre tu gente, tenga la hermosa sencillez de lo que nunca debió ser tan difícil.
Después de tantos kilómetros de Camino, he pensado mucho en quienes sostienen el ánimo de los demás y en lo fácil que resulta acostumbrarnos a su fortaleza, olvidando que también ellos necesitan una mano, una palabra que no les pida nada y la certeza de que hay otros dispuestos a compartir el esfuerzo y la responsabilidad de llegar.
Por eso, además de mi cariño, quiero ofrecerte algo concreto en este cumpleaños: mañana regreso con la fe fortalecida y las ganas renovadas de trabajar, consciente de que el país que anhelamos requiere mucho más que admirarte y que nuestra responsabilidad empieza precisamente donde termina el aplauso.
Le he pedido al Apóstol que te cuide, y a Dios que nos conceda la inteligencia, la generosidad y el coraje de ayudarte a reconstruir una república donde ninguna mujer tenga que sacrificar tanto para defender lo que debería estar garantizado para todos.
Feliz cumpleaños, querida @MariaCorinaYA y que entre todo lo que deseas para Venezuela haya también un lugar para tu propia felicidad, porque en ese país que soñamos contigo también queremos verte vivir, disfrutar y cumplir años con la tranquila dicha de estar en casa.
Elizabeth Sánchez Vegas
Creyeron haber desterrado la Fe Católica de Francia🇫🇷, se burlaron de la Última Cena de Jesús en los Juegos Olímpicos, sin embargo la Francia Católica salió a reclamar su sitio en la historia, la hija mayor de la Iglesia regresa a casa!
#VivaCristoRey#Jornada#PapaLeónXIV#Fe
Qué impresionante la esperanza y la fuerza que hoy se sintió en todos los estados de Venezuela.
Ciudadanos de bien, que saben lo que quieren para nuestro país. Con orden y determinación, AVANZAMOS!
Los clasistas y racistas en Venezuela andan desatados. A esta señora la dejaron encerrada en un ascensor del centro comercial Tolón luego de ser perseguida por un guardia solo por cometer el "error" de caminar por sus pasillos.
ALERTA INTERNACIONAL
El régimen ha secuestrado en Barquisimeto al exalcalde de Torres, Javier Oropeza. Efectivos del SEBIN lo secuestraron arbitrariamente a plena luz del día.
Javier regresó a Venezuela hace apenas dos días, tras dos años de duro exilio forzado por la persecución a la que fue sometido junto a su familia y su equipo de trabajo en 2024.
Ésta es la naturaleza de este régimen.
Por eso el país entero los detesta.
Y por eso, los vamos a derrotar.
Fuerza, Javier! Habrá justicia.
ALERTA
El mundo debe conocer el brutal atropello que el régimen pretende cometer contra el teniente coronel Igbert Marín Chaparro.
Tras haber cumplido la totalidad de una condena absolutamente injusta, ahora intentan fabricar un nuevo caso para imponerle la pena máxima de 30 años.
Ahora lo acusan de delitos que supuestamente cometió mientras permanecía PRESO e incomunicado!!!
Además, su familia ha denunciado reiteradamente el grave deterioro de su salud.
Venezuela exige justicia.
Cuando se habla de petróleo en Venezuela aparecen cifras enormes. Millones de barriles, miles de millones de dólares, inversiones que cuesta incluso imaginar.
¿Qué significa todo ese dinero para una familia que perdió su casa y todavía espera poder reconstruirla? ¿Para quien llega a un hospital y tiene que buscar, por su cuenta, lo que necesita para ser atendido o resignarse porque no pueden salvarle la vida? ¿Para una comunidad que vive pendiente de cuándo llega el agua? ¿Para quienes tener electricidad es un evento casual? ¿Para los padres que ven deteriorarse la educación y la escuela de sus hijos? ¿Para quien trabaja y, aun así, no logra vivir de su salario?
Venezuela ha tenido mucho dinero antes. Lo suficiente como para saber que una cosa es que los recursos entren al país y otra muy distinta que lleguen a la vida de la gente.
También aprendimos que la corrupción está presente en una obra que no se hizo o que se hizo mal. En un hospital sin capacidad para salvar vidas. En una infraestructura que nadie mantuvo hasta que falló. En una familia que pierde lo que construyó durante años. En jóvenes que crecieron con menos oportunidades de las que debieron tener. Está presente en el hambre y en la crisis humanitaria compleja, que continúa y se profundiza.
Y hay una pregunta que no puedo dejar de hacerme. ¿Esta vez el petróleo va a mejorar la vida de todos los venezolanos? ¿O solo la de algunos?
Porque recuperar la industria petrolera es necesario. Pero recuperar Venezuela es recuperar la vida de su gente.
Eso se verá cuando una familia pueda reconstruir su casa, cuando un hospital pueda responder a las necesidades de las personas, cuando una escuela no se esté cayendo y los maestros puedan vivir de su profesión, cuando los servicios funcionen y cuando trabajar permita nuevamente hacer planes.
La recuperación de Venezuela no puede medirse solamente por los barriles que vuelva a producir, sino por las vidas que esa riqueza permita reconstruir.
Secretary Marco Rubio: You have just lost any trust Venezuelans ever had on you, and it will come to haunt you. You opted to use US power, not to free Venezuelans, but to go to bed with our oppressors. You opted to push an asset grab, an unconstitutional deal with an illegitimate oppressive government, instead of using US leadership to re-establish constitutional rule and democracy first, and then deal with a legitimate government that could have made credible long-term commitments, in due course. This announced deal will not stand. Delcy, contrary to what you boss just stated [see below] is not "highly respected" by any Venezuelan I know, or by any American outside of the Mar-a-lago kleptocracy. She has no legitimacy or constitutional power to commit Venezuela to any such deal. Venezuelans will not respect this illegitimate deal and no major US oil company will take it seriously because they know it will not last. No wonder you are using wanted criminals - like Alejandro Betancourt - to make this shameful deal. You are also preventing our leader - Maria Corina Machado - from returning to Venezuela, and you have conspired to delay elections and the return to democracy. Shameful.
🥲🚗🇻🇪 𝐒𝐞 𝐟𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐠𝐨𝐫𝐝𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐠𝐚𝐫𝐚𝐠𝐞
Por Elizabeth Sánchez Vegas
La caseta es de cemento. Un bloque pequeño y macizo plantado en la salida del estacionamiento del Hospital de Aventura, en Miami, del ancho justo para una persona y una registradora, con una ventana abierta por donde entra todo: el ruido de los motores, el humo y ese calor de agosto que aquí ya no es calor sino una cosa espesa que se te sienta encima y no se levanta. Afuera, la talanquera roja y blanca subiendo y bajando cada treinta segundos. Adentro, ocho, diez, doce horas, de pie o en un banquito que ya tenía la forma de su cuerpo, estaba ella.
La gorda del garage.
Nunca supe su nombre. Escribo esto y me duele no saberlo, me duele con una vergüenza vieja, de esas que uno descubre tarde, cuando ya no hay a quién preguntarle. Le decíamos así entre nosotros, la gorda del garage, y ella lo sabía, y le encantaba.
Ya sé que hay quien lee eso y se incomoda. En este país decirle gorda a una mujer es casi un delito: una palabra que se dice bajito, o que no se dice, o por la que hay que pedir disculpas antes y después. Y lo entiendo. Pero es que en Venezuela esa palabra no significa eso. Nunca significó eso.
En Venezuela, gorda es de las palabras más tiernas que tenemos. Es lo que un hombre le dice a su mujer después de treinta años de casados. Es lo que una mamá le dice a su hija flaquísima cuando la despierta para el colegio. Mi gorda. Gordita. Gorda linda. No describe un cuerpo: describe una distancia. Quiere decir entre tú y yo no hace falta ceremonia. Quiere decir eres de los míos. Quiere decir te quiero y no voy a andar buscando una manera más elegante de decírtelo.
Somos un país que rebautiza a la gente por cariño. El flaco, el negro, la catira, el chino, el portu, el gocho. Nadie se ofende. Al contrario: el día que alguien te pone un apodo es el día que dejaste de ser un desconocido.
Y aquí está lo que más me duele de todo esto: que esa palabra no se puede traducir. Si uno agarra la gorda del garage y lo pasa al inglés, se convierte en una crueldad, en una frase que ningún periódico de este país se atrevería a publicar. La ternura se queda del otro lado. Se muere en el camino.
Eso también es el exilio: vivir en un idioma donde tus palabras más dulces suenan como insultos.
Por eso este artículo se llama como se llama y no le voy a cambiar el título. Ella era la gorda del garage. Y se reía. Se reía siempre. Esa era la cosa más increíble de todas: que se reía siempre.
Yo no llegué a ese hospital con una tragedia debajo del brazo. No hubo diagnósticos ni pasillos largos ni esas noches en que uno aprende a rezar de nuevo. Yo iba a lo más ordinario que existe: una consulta médica de rutina, el chequeo anual, el trámite que uno anota en el teléfono y cumple a cabalidad. Entraba, me pesaban, me tomaban la tensión, me decían que todo estaba bien, y salía pensando en el tráfico y en la próxima diligencia. Nada. Un jueves cualquiera de una vida cualquiera.
Y, sin embargo, el mejor momento de esa mañana ocurría al final, en el sitio más improbable del mundo: frente a una caseta de cobro.
Porque uno llegaba con el ticket en la mano y la mente en otra parte, y de pronto se abría la ventanilla y salía una voz que no pertenecía a ese concreto ni a ese calor ni a esa fila de carros con el aire acondicionado prendido. Una voz que decía "buenos días, mi amor" como se dice en una panadería de Caracas a las siete de la mañana. Que decía "cuídate, mi vida". Que decía "que Dios te bendiga" con la misma naturalidad con que entregaba el vuelto.
Adentro de esa caseta minúscula, donde el aire no circulaba y el cemento guardaba el calor del día como un horno que nunca termina de apagarse, ella tenía su mundo entero armado: el abanico que apenas movía el aire caliente de un lado a otro, un termo, una botellita de agua sudando sobre el mostrador, y un teléfono boca abajo donde seguramente vivían las fotos de los que la esperaban del otro lado.
Se asomaba por la ventana con medio cuerpo afuera, con su chaleco reflectivo encima del uniforme y su cadenita dorada. Le sudaba la frente. Se le hinchaban las piernas. Terminaba el turno con la ropa pegada al cuerpo y la voz ronca de tanto saludar.
Y saludaba igual al primero que al último.
Y nadie sonríe ocho horas metido en un cuartico de cemento porque tenga buen carácter. Nadie saluda a doscientas personas seguidas porque le sobre el ánimo. Esa mujer se levantaba de madrugada, cruzaba la ciudad, se metía a cobrar tickets de tres dólares, y desde esa ventana, con los pies hinchados y la camisa mojada, le sonreía a gente que la mitad de las veces no le contestaba.
Una tarde estiré el brazo por la ventana del carro para darle el dinero, y ella estiró el suyo, y las manos se nos encontraron a mitad de camino como se encuentran las manos de la gente que se conoce. Y le dije, casi sin pensarlo, arrastrada por esa simpatía suya que alumbraba como un faro en medio de la grisura, que qué simpática era. Ella, sin perder un segundo esa naturalidad que solo tienen los que llevan el corazón a flor de piel, me respondió:
—Así somos las venezolanas, mamita.
En esas cinco palabras cabía un país completo. Cabían todas las mujeres que me criaron. Cabía esa costumbre nuestra de reírnos primero y llorar después, cuando ya no hay nadie mirando. Cabía todo lo que nos quitaron y todo lo que no pudieron quitarnos. Yo arranqué el carro y me fui, y esa frase se me quedó dando vueltas el resto del día, y el resto de la semana, y todavía hoy que la estoy escribiendo.
Ella no sabía mi nombre. Yo no sabía el suyo. Y aun así, cada vez que bajaba la ventanilla del carro, volvía a la cola de la panadería, a la esquina donde uno saluda a gente que no conoce porque así se hace, porque así fuimos criados, porque de donde venimos la ternura no se pide con cita previa.
Hoy no estaba.
Fui a pagar después de otra consulta sencilla, otra mañana sin importancia, y en la ventanilla había otra cara. Su compañera me miró con esa mezcla de resignación y cariño que se le queda en los ojos a quien ha compartido turnos largos, y me dijo, sonriendo un poco:
—Se fue feliz. Se devolvió para Venezuela.
Yo dije "ay, qué bueno". Cogí el vuelto. Subí el vidrio. Y a los treinta metros, en la rampa de salida, tuve que parar el carro.
Lloré por una mujer cuyo nombre nunca supe.
Lloré con ese nudo que no se puede disimular, ese dolor sordo y dulce al mismo tiempo que sube por la garganta y obliga a tragar saliva mientras uno finge que todo sigue igual. El estacionamiento se puso de pronto más grande, más frío, más silencioso, y entendí —así, de golpe, en una rampa de concreto— que ella había sido durante años una de las pocas cosas de mi semana que no me pedía nada y me devolvía algo.
No era mi amiga. No compartimos un café, ni una historia larga, ni un secreto. Pero sí lo era en ese sentido profundo e inexplicable que solo nosotros sabemos crear: esa capacidad casi mágica de convertir un intercambio de treinta segundos en un lazo de pertenencia, de hacer que un desconocido se sienta visto, acogido, nombrado. La nostalgia venezolana no es solo añoranza de paisajes o de comida. Es el reconocimiento instantáneo de una forma de mirar. Es escuchar un "mi vida" dicho de cierta manera y sentir que el pecho se te abre de un modo que solo entienden los que han tenido que aprender a cargar la distancia como una segunda piel.
Y después, cuando se me pasó el llanto, vino otra cosa. Algo más hondo, encendido en la mitad del dolor.
Porque ella no se fue vacía.
Se fue una hija de Venezuela que trabajó como se trabaja de verdad, asomada a una ventana de cemento, bajo un sol que no perdona, cobrando tickets con una dignidad que muchos no tienen ni en los despachos con aire acondicionado. Se fue con años de madrugadas encima, con la resiliencia que se aprende cuando nadie te está viendo, con el idioma nuevo a medias y la casa vieja completa en la memoria. Se va con las manos llenas. Va a sembrar allá, en Venezuela, todo lo que recogió aquí.
Como dijo María Corina: que nuestros hijos vuelvan a casa.
Ella es una de esas hijas que vuelven. Y en cada regreso así, callado, sin cámaras, sin titulares, se va dibujando la tierra de gracia que millones llevamos guardada como una promesa: esa patria que ya no es solo añoranza sino posibilidad, esa nación que se reconstruye cada vez que uno de los nuestros decide volver a entregarle lo mejor de sí.
Me la imagino bajando del avión con ese calor que sí es el suyo, con el olor de la tierra mojada de allá, abrazando a alguien que la esperó demasiado tiempo. Me la imagino en una cola cualquiera, en un mercado cualquiera, diciéndole "mamita" a una desconocida. Y nadie va a voltear a mirarla. Nadie se va a conmover. Nadie va a llorar en una rampa de concreto por eso.
Porque allá eso no es un milagro.
Allá eso es simplemente estar en casa.
Se fue la gorda del garage. La ventana de cemento sigue ahí, el abanico sigue moviendo el mismo aire caliente, la talanquera sigue subiendo y bajando y la fila de carros sigue avanzando como si nada hubiera pasado. Pero algunos sabemos que en ese cuartico, durante años, hubo una mujer que le devolvió a este país prestado un pedacito del nuestro, todos los días, gratis, sin que nadie se lo pidiera.
Y como dije en otro artículo: nos van a extrañar.
#ULTIMOMOMENTO Sigue la trama de corrupción judicial por el sobreseimiento del caso CONVIT.
El juez Rafael Osío quien está detenido, fue sometido a polígrafo en el SEBIN y delató al asistente de la presidenta de la sala penal Manuel Marrero (en la foto) como quien coordinó el cobro de una millonaria suma a cambio de la sentencia. Cabe destacar que Marrero fue defensor público y es uno de los funcionarios de mayor confianza de Daniel Ramírez, defensor público nacional.
Lo más grave es que la presidenta de la Sala Penal, Carmen Marisela Castro se ha comunicado con el Ministerio Público, específicamente con @LarryDevoe pidiendo la libertad de su asistente. Mientras tanto la corte de apelaciones siguen sin despacho aunque ayer juramentaron suplentes. Algunos me dicen que hay suplentes que se graduaron hace dos o tres años.
🇻🇪 𝗔𝗾𝘂í 𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗼 𝗺𝗶 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼 𝘆, 𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗻𝘂𝗮𝗰𝗶ó𝗻, 𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗱𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗮𝗹 𝗲𝘀𝗽𝗮ñ𝗼𝗹 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝘃𝗶𝘀𝘁𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝘇𝗮𝗱𝗮 𝗽𝗼𝗿 𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗮 𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼, transmitida el domingo 26 de julio de 2026 en el programa Fareed Zakaria GPS, de CNN.
𝗠𝗜 𝗖𝗢𝗠𝗘𝗡𝗧𝗔𝗥𝗜𝗢
María Corina habló ante Fareed Zakaria con la serenidad de quien conoce la dimensión del momento y no necesita disfrazarlo con frases cómodas. Venezuela no puede reconstruirse bajo la conducción del mismo aparato que destruyó sus instituciones, sembró la desconfianza y demostró, incluso frente a una tragedia de esta magnitud, su incapacidad para proteger a la población.
La entrevista dejó una definición esencial: 𝘀𝗶𝗻 𝗹𝗲𝗴𝗶𝘁𝗶𝗺𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗻𝗼 𝗵𝗮𝗯𝗿á 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮; 𝘀𝗶𝗻 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗶𝗮𝗻𝘇𝗮 𝗻𝗼 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗿á𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗿𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀; 𝘆 𝘀𝗶𝗻 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗮𝗹𝗱𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗼𝘀 𝘃𝗲𝗻𝗲𝘇𝗼𝗹𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗻𝗼 𝗲𝘅𝗶𝘀𝘁𝗶𝗿á 𝘂𝗻𝗮 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗮𝗱𝗲𝗿𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹.
Pero hubo algo aún más profundo. María Corina no describió a Venezuela únicamente desde el dolor. Habló de un pueblo solidario, valiente, organizado y capaz de levantarse aun cuando el Estado desaparece. Un pueblo que pasó del miedo a la indignación y de la indignación a una determinación que ya no puede seguir siendo ignorada.
Cuando habló de regresar, tampoco lo hizo desde la búsqueda de protagonismo. Habló de deber: volver para acompañar a nuestra gente, llorar y rezar junto a ella, organizar las fuerzas democráticas y conducir toda esa angustia por una vía pacífica.
Y cerró con una frase que contiene mucho más que esperanza. Contiene destino, compromiso y certeza:
𝗟𝗮 𝗽𝗿ó𝘅𝗶𝗺𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝘀𝗲𝗿é 𝘆𝗼 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗮 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗮í𝘀 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗼𝘀𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗿á 𝗹𝗶𝗯𝗿𝗲, 𝗽𝗿ó𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘆 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗼.
Que así sea. La próxima entrevista, en Caracas. ✨
📺 𝗧𝗥𝗔𝗗𝗨𝗖𝗖𝗜Ó𝗡 𝗗𝗘 𝗟𝗔 𝗘𝗡𝗧𝗥𝗘𝗩𝗜𝗦𝗧𝗔
𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮:
A comienzos de esta semana, un juez federal estableció que el expresidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa enfrentarán juicio en junio de 2027 por cargos de narcotráfico. Cuando fuerzas estadounidenses atacaron Caracas y capturaron a Maduro en enero de este año, muchos esperaban que la líder opositora María Corina Machado condujera al país hacia una transición democrática. Sin embargo, la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, fue instalada como presidenta interina y ha permanecido en el poder desde entonces.
María Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz, se encuentra en el exilio desde diciembre de 2025. Nos acompaña ahora.
María Corina, bienvenida. Quisiera comenzar preguntándote qué información recibes sobre la situación en Venezuela después del terremoto. ¿Qué tan grave es? ¿Ha comenzado a estabilizarse?
𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼:
Al contrario, Fareed. Con cada día que pasa, la situación se vuelve más crítica.
Esta ha sido, sin duda, la mayor tragedia ocurrida en Venezuela en la historia reciente. Hablamos de miles de muertos, aunque todavía no tenemos una cifra exacta ni transparente. Las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil estiman que más de 40.000 personas continúan desaparecidas. Cientos de edificios se han derrumbado.
Las Naciones Unidas calculan que los daños a la infraestructura superan los 20.000 millones de dólares. Ha sido una tragedia inmensa, pero también ha dejado al descubierto realidades fundamentales.
Por una parte, la solidaridad, la resiliencia, el valor y la capacidad de organización del pueblo venezolano. Por otra, la ausencia absoluta del Estado y su incapacidad total para responder.
No reaccionaron. Y lo que hicieron fue obstaculizar los esfuerzos de ciudadanos, organizaciones privadas y misiones extranjeras de rescate.
Todavía vemos a cientos de personas que, después de un mes, continúan excavando con sus propias manos, sin ningún tipo de equipo, buscando a sus seres queridos. Todo esto produjo primero miedo, después indignación y ahora, diría yo, una rabia creciente entre los venezolanos, junto con una sensación de urgencia que aumenta cada día.
𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮:
Tú querías regresar a Venezuela, en parte por el terremoto y también porque consideras importante iniciar un proceso de transición democrática. Según numerosos informes, la administración Trump prácticamente te impidió viajar. ¿Por qué?
𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼:
He estado en contacto con el presidente Trump, con el secretario Rubio y con numerosos funcionarios estadounidenses durante estos últimos meses. Hemos intercambiado puntos de vista sobre cómo avanzar en el plan de tres fases que el Gobierno de Estados Unidos ha puesto en marcha para Venezuela.
Es muy importante recordar que la tercera fase contempla un proceso de transición que requiere una elección legítima.
Actualmente seguimos viendo al mismo régimen que estaba en el poder cuando fueron denunciadas todas estas actividades criminales. La desconfianza hacia ese régimen y hacia unas instituciones venezolanas que se encuentran en ruinas es enorme.
La única manera de avanzar, brindar alivio y esperanza al pueblo venezolano y atraer las inversiones que Venezuela necesita después de la emergencia —estimadas en más de 50.000 millones de dólares— es generar confianza.
También debemos aprovechar los inmensos recursos que posee Venezuela. Pero para hacerlo se necesitan instituciones, legitimidad y confianza.
Las grandes transformaciones que Venezuela debe emprender tienen que contar con el respaldo de los venezolanos. El régimen de Delcy Rodríguez atraviesa el nivel de apoyo más bajo de su historia, una situación que se agravó después del terremoto.
Sí, desde el primer día mi deseo ha sido regresar a Venezuela. Cuando ocurrió la tragedia, comprendí que mi deber era estar junto a nuestra gente: acompañarnos, llorar juntos y rezar juntos. Por esa razón regresaré pronto a mi país.
𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮:
¿Regresarás pronto?
𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼:
Estamos organizando toda la logística necesaria, no solamente para llegar a Venezuela, sino para permanecer allí, operar, organizar a las fuerzas democráticas y canalizar toda esa ansiedad y esa urgencia que mencioné por una vía pacífica y democrática.
Ese es precisamente mi objetivo y la razón por la que considero necesario regresar.
𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮:
Pero el presidente Trump se ha referido a ti en ocasiones de una forma bastante desdeñosa, sugiriendo que no es el momento adecuado para que regreses, o incluso que no deberías hacerlo. ¿Te arrepientes de haberle entregado tu Premio Nobel de la Paz?
𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼:
No, no me arrepiento.
Creo que no estaríamos ante esta extraordinaria oportunidad de convertir a Venezuela en una nación democrática si no fuera por la decisión que tomó el presidente Trump el 3 de enero.
El secretario de Estado ha sido muy claro sobre lo que hace falta para transformar a Venezuela en un gran aliado de Estados Unidos.
No se trata únicamente de seguridad. Tenemos que desmantelar esos grupos, sacar de Venezuela la influencia rusa, iraní y cubana, y eliminar la presencia de la guerrilla que se ha apoderado del territorio venezolano.
Pero también debemos convertir a Venezuela en el mayor socio energético de Estados Unidos, dentro de una alianza estratégica y duradera.
He mantenido contacto con empresas e inversionistas estadounidenses de los sectores financiero y tecnológico. Todos están enormemente entusiasmados con el potencial de Venezuela, pero también entienden que, para hacerlo realidad, se necesita legitimidad.
El secretario Rubio ha señalado que corresponde al pueblo venezolano tomar las decisiones sobre quiénes deben dirigir el país.
Nosotros hemos demostrado que somos una sociedad organizada como nunca antes, unida alrededor de principios, valores y una visión compartida, y decidida a ser libre.
𝗙𝗮𝗿𝗲𝗲𝗱 𝗭𝗮𝗸𝗮𝗿𝗶𝗮:
Muchas gracias. Te deseo un viaje seguro de regreso a tu país. Tal vez el próximo año podamos encontrarnos en Caracas.
𝗠𝗮𝗿í𝗮 𝗖𝗼𝗿𝗶𝗻𝗮 𝗠𝗮𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼:
𝗟𝗮 𝗽𝗿ó𝘅𝗶𝗺𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝘀𝗲𝗿é 𝘆𝗼 𝗾𝘂𝗶𝗲𝗻 𝘁𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗮 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗮í𝘀 𝗵𝗲𝗿𝗺𝗼𝘀𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗿á 𝗹𝗶𝗯𝗿𝗲, 𝗽𝗿ó𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘆 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗿𝗼.
Muchas gracias.
Si después de 25 años de corrupción, torturas, asesinatos, diáspora (+8 millones), terror y persecución, todo ello visto a profundidad desde el pasado 28 de julio, alguien busca equiparar en responsabilidades a víctimas y victimarios, lo hace con claras intenciones de beneficiar al opresor. Y no importa las razones para ello, pues no hay justificación lógica ni respetable para tal canallada. No importa si se trata de un propagandista, un empresario o del rector de una universidad.
Ese grupo, que es pequeño pero ruidoso (y cómo no, si cuentan con el aparato de propaganda oficial), ante un deseo tan claro y enorme de democracia y libertad, profundizan las únicas dos cosas que les queda por hacer: sembrar desesperanza y tratar de lavarle la cara al chavismo para conseguir financiamiento —a ellos, no al país. En ambos casos parece que los resultados son inútiles, y esa es la razón por la cual apelan al victimismo y a su táctica conocida: la falsa equivalencia.
No han entendido a la sociedad pues decidieron solo escucharse entre ellos. Y eso implica, irremediablemente, escuchar solo lo que el poder dice y desea. No la ven, ni la quieren ver.
Estos empresarios, “encuestadores”, lobistas, bonistas, dirigentes políticos y “analistas” (o todo junto a la vez), siguen hablando de polarización y “extremos”, como si la Venezuela de hoy fuese la misma que la de 2004, como si el deseo de cambio no alcanzara a ocho de cada diez venezolanos (y más), o como si exigir justicia fuese tan grave como lanzar desde el piso 10 del SEBIN a un concejal.
Por todo ello, ante la posverdad de estos propagandistas cultores de la desesperanza y la falsa equivalencia, algunas precisiones:
- No hay «dos extremos», hay una mayoría absoluta que desea ser libre y una minoría que trata de evitarlo con lo único que le queda: la fuerza bruta.
- No hay polarización, hay una sociedad que, repartida en millones dentro y fuera de su tierra, desea lo mismo: democracia, reencuentro y un buen porvenir.
- No hay «odios de lado y lado», hay una élite corrupta, criminal y acomplejada que oprime a toda una población que desprecia por nunca haber podido controlarla a su antojo, y una sociedad que resiste y desea ser libre.
- No hay deseo de venganza, hay una búsqueda clara y concisa de justicia, reparación y la oportunidad de, habiendo rescatado la República, poder decir: nunca más.
- No es «más complejo», en Venezuela hay una tiranía que comete crímenes de lesa humanidad y absolutamente nada es comparable a semejante barbarie.
En la lógica de los propagandistas, la mujer de falda corta es la responsable de los delitos que comete el violador. Y eso es una perversidad disfrazada de análisis.
Las víctimas merecen respeto y el país necesita democracia y libertad. La paz no se construye abrazando la barbarie, se construye superándola.