Ante la breve reprimenda la cazadora agachó las orejas y abrió más su mandíbula, separando así la boca de su brazo.
Dejando un fino hilo de saliva de la marca rojiza que habían dejado sus perlados dientes sobre su dermis hasta uno de sus colmillos, el cual se rompió al alejarse.
—Mantuvo la mirada fija en la puma, alzando su ceja ante el gruñido, esbozó una sonrisa confiada, tan característica de la princesa. —Si no te portas bien no hay premio.~—Que valentía tenía para decir eso a la cazadora.—
Aún en su forma humana tenía las felinas orejas que se movieron en un tic suave al escuchar su dulce voz.
Sus esmeraldas buscaron la mirada ajena mientras seguía con los colmillos rozando su dermis, sin morderle verdaderamente.
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