Se tatuó la espalda para que, cuando la pusieran en cuatro, se viera aún más perra, más rica y más sexy. Quería que los hombres se llenaran de morbo al contemplarla desnuda y entregada, levantando solo el culito para recibir exactamente lo que andaba buscando: esa mezcla perfecta de sumisión, perversión y deseo de ser sometida.
La llevé a la habitación y le di lo que quería. Verga hasta que sus gemidos se convirtieron en gritos y su humedad brotó en chorros de placer. Le encanta provocar: se pasea semi desnuda por el gimnasio, la calle y la universidad, con ropa corta y ajustada que solo invita a imaginar cómo se vería esa hembra en cuatro, bien abierta. Si será tan puta como parece, tan pervertida como todos fantasean.
No fue fácil convencerla, pero cuando la tuve en mi habitación, la ropa le duró poco. Mis manos se apoderaron de sus nalgas redondas y suaves, y de sus tetas con esos pezones duros que pronto ensalivé y mordí. La arrinconé contra la pared y me di gusto manoseando a una perra que miles de hombres desearían tener.
No tardé mucho en penetrarla ahí mismo, empotrada contra la pared, viendo cómo sus ojos se ponían en blanco mientras mi carne se abría paso entre sus labios vaginales, rosados y suaves.
Pero aún no la tenía como quería: de perrito, levantando el culo totalmente entregada y abierta a lo que deseara hacerle. La tomé, la tiré sobre la cama y entendió al instante lo que tenía que hacer. Me demostró que había sido el objeto de placer de muchos hombres, porque su postura era perfecta: la curvatura de la espalda, la colita levantada con la vulva chorreando, esperando la primera estocada, y el pecho completamente pegado a la cama.
Se nota que es de esas chicas que disfrutan el sexo duro. Le di fuerte, sin contenerme, pensando en todas las veces que esta puta se pavoneaba sintiéndose superior. Verla ahora tan vulnerable ante mí me llenó de una perversión que me impulsó a seguir clavándola. Sus nalgas enrojecidas por mis nalgadas chocaban contra mi pelvis, perdió toda decencia y vergüenza, y sus gritos estoy seguro de que se escuchaban hasta la calle. Mírala: le encanta jugar a ser la princesa inalcanzable, pero no es más que una puta más. O mejor ni eso, porque las putas cobran y esta se abrió de gratis, solo porque la calentura de su coño la traicionó.
Mi verga no aguantó más cuando se volteó a verme, sudada, con el pelo alborotado, las mejillas rojas y mordiendo su labio. La saqué y decidí marcarla, llenando de leche ese lindo tatuaje que tanto le gusta exhibir.
A partir de hoy ya no la veré igual.
Dios, la colocación de las manos, su postura perfecta. El estrangulamiento y los agarres de cadera y culo. Los sonidos. Ufff, de todo. Por favor, lo necesito, tanto si eres el hombre o la MUJER, porque esas fotos en la memoria se quedan para siempre. ¿Alguién para ponerse a 4?.
Regresábamos al hotel, lejos de nuestra ciudad, con algún vino de más. Pasamos al lado de un chico que se quedo mirando y la dije "¿Le invitamos a subir?" y dijo "¿Estás loco?" yo hice como si nada y al rato me dijo "¿Lo decías en serio? Pues díselo, pero es tu deseo, no el mío".