ME LLAMASTE AMIGO
Tú me buscabas a mí.
Yo buscaba respuestas.
Te pedí un horizonte,
huellas en el mapa,
instrucciones claras.
Esperaba plazos,
señas, objetivos.
Tenía miedo
de no saber,
de no poder,
de no llegar.
Reclamaba un equipaje
que me diera seguridad,
una ruta que prometiera llegadas.
Exigía garantías,
condiciones tolerables.
Me llamaste amigo.
Y en esa palabra
desmontaste agobios,
rompiste exigencias,
callaste temores.
Tú eras la respuesta,
el plazo, la ofrenda.
Tú eras el camino,
y la única meta.
Sin más condiciones.
No dándome nada
de lo que pedía,
me lo diste todo.
A través del misterio pascual, el Señor nos muestra que incluso las circunstancias más difíciles y complicadas se pueden transformar desde dentro gracias a la fuerza del amor. El sufrimiento no siempre se puede evitar o eliminar, pero se le puede encontrar un significado redentor que restituye la dignidad perdida y abre la puerta a una vida nueva.
CANTO DE ADVIENTO
No hay que temer al fracaso, a la lucha,
al dolor, a los pies de barro
o a la debilidad.
No hay que temer a la propia historia,
con sus aciertos y tropiezos;
ni a las dudas; ni al desamor;
que la vida es así, compleja,
turbulenta, hermosa, incierta.
Pero luchemos
contra la tristeza perenne,
esa que se instala en el alma
y ahoga el canto.
Alimentemos la semilla de alegría
que Dios nos plantó muy dentro.
Que surja, poderosa, la voz esperanzada,
esa que clama en desiertos y montes,
en calles y aulas,
en hospitales,
en prisiones,
en hogares y en veredas.
Cantemos, hasta la extenuación,
la vida del Dios hecho niño,
del Niño hecho Hombre,
del Hombre crucificado
que ha de vencer a la cruz, una vez más.
Nadie va a detener al Amor
que se despliega, invencible,
en este mundo que aguarda.
Aunque aún no lo veamos.
Cuando la luz del perdón logra filtrarse entre las grietas más profundas del corazón, comprendemos que nunca es inútil. Aunque el otro no lo acoja, aunque parezca vano, el perdón libera a quien lo ofrece: disuelve el resentimiento, devuelve la paz, nos devuelve a nosotros mismos. #AudienciaGeneral
Me gustaría invitar a cada uno de ustedes, queridos jóvenes, a decirle al Señor: “Gracias, Jesús, por llamarme. Mi deseo es seguir siendo uno de tus amigos, para que, abrazándote, yo también pueda ser un compañero de todos los que encuentre en el camino. Concédeme, Señor, que aquellos que me encuentren puedan encontrarte a ti, incluso a través de mis limitaciones y debilidades”. #JubileoDeLosJóvenes
En la víspera de Pentecostés, recordemos que la unidad que anhelan los cristianos no será fruto, ante todo, de nuestros propios esfuerzos. Los invito a unirse conmigo para implorar el don de la unidad del Espíritu.
La Resurrección de Cristo lo cambia TODO.
No es solo el final glorioso de la Pasión.
Es el corazón de nuestra fe.
Es la victoria de la Vida.
Y hoy más que nunca, necesitamos proclamarla.
¡Aquí un hilo para dejar que resuene en nuestro corazón!
1. "Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe" (1Cor 15,17).
No es opcional:
¡Cristo ha resucitado de verdad!
Y esto lo cambia todo.
Su Resurrección no es símbolo ni mito, es un hecho real, histórico y glorioso.
✝️✨
2. El Catecismo lo afirma con claridad:
"La Resurrección de Jesús es la culminación de la Encarnación" (CIC 653).
Jesús no solo murió por nosotros, sino que vive para siempre con un cuerpo glorioso.
¡Él ha vencido a la muerte!
🕊️
3. El sepulcro vacío es el primer gran signo.
Las mujeres lo encontraron abierto.
"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24,5-6).
¡El Viviente ha vencido!
⛪✨
4. Luego vino lo más grande: las apariciones del Resucitado.
Jesús se deja ver, tocar, comer con sus discípulos.
"Paz a vosotros" (Jn 20,19).
No es un espíritu: ¡es Él!
Vivo, glorioso, cercano.
👣❤️🔥
5. "La Resurrección es obra de la Santísima Trinidad" (CIC 648).
El Padre glorifica, el Hijo toma su vida, el Espíritu lo vivifica.
¡La Trinidad entera actúa para darnos Vida!
🔥👑🕊️
6. La Iglesia proclama con gozo:
"La Resurrección de Cristo es fundamento de nuestra esperanza" (Benedicto XVI).
Si Él vive, también nosotros viviremos.
¡Nuestra meta no es la muerte, sino la Vida eterna!
🌅
7. Cada domingo celebramos la Resurrección.
Por eso la misa dominical es tan importante.
Es el Día del Señor, el día de la victoria,
el día que nos abre el cielo.
¡Celebra con fe cada Eucaristía!
⛪🕊️
8. No se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección.
Es el centro del anuncio apostólico.
"A Jesús lo matasteis, pero Dios lo resucitó" (Hch 2,23-24).
¡Proclamémoslo sin miedo!
📢✝️🔥
9. Vivamos como resucitados:
con alegría, esperanza y fe firme.
"Quien cree en mí, aunque haya muerto, vivirá" (Jn 11,25).
El sepulcro está vacío.
¡Cristo vive! ¡Aleluya!
🕊️✨
Este año también estamos llamados a rezar para que todos los cristianos vuelvan a ser una sola familia, concordes con la voluntad divina que quiere "que todos sean uno" (Jn 17, 21). El ecumenismo no es algo opcional. #Oración#UnidadDeLosCristianos
Durante su encuentro con sacerdotes, religiosos, consagrados y seminaristas, segundo evento de su breve visita a Córcega, el Papa Francisco subrayó que es esencial “cuidar de sí mismos”, para poder así cuidar de los demás.
Antes de su llegada a la catedral de Santa María Asunta, el Papa Francisco bendijo desde el papamóvil a la gente que a su paso le saludaba con cariño.
Después de agradecer la “vida entregada”, el trabajo y compromiso, así como el testimonio de los sacerdotes y religiosos, el Santo Padre recordó que la gracia de Dios “es el fundamento de la fe cristiana y de toda forma de consagración en la Iglesia”.
A continuación, hizo alusión a los “problemas y desafíos relacionados con la transmisión de la fe” presentes en el contexto europeo.
Precisó que los religiosos de Europa “lo experimentan cada día, descubriéndose pequeños y frágiles; no son muchos, no tienen medios poderosos; los ambientes en los que trabajan no siempre se muestran favorables para acoger el anuncio del Evangelio”.
Aclaró que esta “pobreza” es una “bendición” que enseña que la misión cristiana “no depende de las fuerzas humanas, sino sobre todo de la obra del Señor, que siempre trabaja y actúa con lo poco que podemos ofrecerle”.
Por ello, les animó a poner a Dios en el centro, y no a ellos mismos. “Esto es algo que quizá cada mañana, cuando sale el sol, cada pastor, cada consagrado debería repetir en la oración: también hoy, en mi servicio, que no esté yo en el centro, sino Dios”. Advirtió además sobre un peligro de la mundanidad, que es la vanidad”, mirarse demasiado a sí mismo.
Caminando con el Señor, continuó el Pontífice, “cada día se nos presenta una pregunta esencial: ¿cómo estoy viviendo mi sacerdocio, mi consagración, mi discipulado?”. En tono de humor, pidió a los religiosos no olvidarse de “su jefe”, es decir, el Señor.
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