Su majestad el Rey Carlos III le envió una carta en agradecimiento por su rol de intérprete en La Guaira y es el mayor tesoro que pudo haber recibido.
Delcy sigue esperando que el Rey le mande plata.
¡Como ñé!
Hasta el momento se confirma que el chavismo ha impedido que existan algunos centros de acopio que no pueden controlar políticamente. También impide que se envíe ayuda humanitaria a algunas ciudades. En hospitales han impedido que se grabe e intentan interceptar paquetes de ayuda y siguen sin desbloquear muchos portales informativos digitales.
Todas son decisiones que multiplican la tragedia y causan más daño sobre el desastre natural.
Son crímenes de Estado.
Raúl, no es necesario que mientas por tu sesgo ideológico porque quedas demasiado expuesto frente a gente que tiene muchísima más información y experiencia que tú.
En Venezuela no existe el empadronamiento como en España. Chávez destruyó hasta el sistema postal, así que no hay un sistema funcional con los domicilios de los ciudadanos. El registro civil y el registro electoral siguen separados por orden del chavismo, aunque por ley debían fusionarse hace más de 20 años. No lo han hecho para evitar auditorías.
No existen partidos de ultraderecha en Venezuela ni hay líderes de ultra derecha en Venezuela. La oposición es un conglomerado de izquierdistas marxistas (como Bandera Roja), socialdemócratas (como AD y otros), liberales (como el Vente de María Corina), socialcristianos y algunos pocos conservadores que ni de cerca le llegarían a la derecha española.
Y no, cerros no se escribe en mayúscula ni se romantizan. Son comunidades donde la gente ya tenía partida de nacimiento, cédulas y derecho al voto décadas antes de que tu dictador tropical favorito llegara al poder.
Sus condiciones de vida han empeorado en los últimos 25 años. Los miles de millones de dólares del petróleo se gastaron más en propaganda, como la que te llegó a Europa, que en mejorar la vida de la gente.
Por eso se han ido más de 9 millones de migrantes y seguirán aumentando.
La inutilidad de renunciar a la esperanza en Venezuela
En los últimos años, se ha popularizado una narrativa que descalifica las expectativas y la esperanza como mecanismos útiles para afrontar la realidad, particularmente en el contexto político y social de Venezuela. Este discurso, que suele acompañarse de una supuesta “superioridad moral”, plantea que es mejor no esperar nada para evitar otra decepción. Lo típico. Sin embargo, renunciar a la esperanza no solo es inviable en una sociedad que busca cambios, sino que también es contraproducente. La esperanza por sí sola no es una estrategia, pero sin ella nada es posible.
Las bases del relato
Quienes promueven el rechazo a las “expectativas”, más allá de los que directamente trabajan para la dictadura, suelen argumentar que esta es una postura que protege de la frustración. Es real que las expectativas no cumplidas pueden ser dolorosas, pero el miedo a la decepción no puede convertirse en la razón para paralizar una sociedad. Mucho menos para condenar a todo un país porque un grupo haya tirado la toalla para cooperar con el poder.
La renuncia a la esperanza y el bloqueo de las expectativas ajenas también suele venir acompañado de una sensación de superioridad que resulta inútil, como si el escepticismo fuese la única postura inteligente frente a un sistema corrupto y opresivo. Es todo lo contrario: resulta un desperdicio de inteligencia y termina normalizando tanto la corrupción como los horrores, porque los hace parte de un paisaje ajeno, al que la persona cree que no pertenece porque no tiene ilusiones o porque tienen buenas relaciones con los carceleros.
Estos años muchas amistades y espacios de confianza se han perdido justo por eso, porque los valores de quienes se han plegado a la sumisión cambian para adaptarse. El discurso contra la expectativas entonces es otra forma de ocultamiento de ese duelo. Pero en realidad, este enfoque puede ser tan limitado como el “optimismo ingenuo” que tanto critican. O peor, porque no es capaz de crear nuevos escenarios.
El riesgo del desencanto absoluto
En contextos de crisis, el escepticismo puede ser percibido también como un signo de madurez o pragmatismo. Como el discurso de alguien que no es débil frente a sus emociones o que ya viene de vuelta de todos los problemas. Sin embargo, este “realismo” extremo tiene consecuencias graves: Renunciar a toda esperanza no solo inmoviliza a las personas, sino que también valida la narrativa de que el cambio es imposible. Esto es especialmente peligroso en Venezuela, donde el histórico abuso de poder y la corrupción han erosionado la confianza colectiva.
Pero ¿Qué queda cuando se extingue incluso la posibilidad de soñar con algo mejor? La respuesta es clara: la resignación, la negación de la vida plena. Por eso en Venezuela se habla de “gran corrupción”. Hay un sistema corrupto que también corrompe a quienes le orbitan.
La esperanza no es ingenuidad, es resistencia
Lejos de ser un simple acto de ingenuidad, la esperanza es un acto de resistencia. Aristóteles decía: “La esperanza es el sueño del hombre despierto”. Lo complementaba Ernst Bloch diciendo que “la esperanza no pacta con el mundo existente”, porque es capaz de crear cosas nuevas y no tiene que simplemente aceptar las condiciones dadas. Tener expectativas no significa ignorar la gravedad de la situación, sino encontrar en el futuro una razón para seguir luchando.
Si bien la esperanza no garantiza el éxito, sí crea las condiciones para que el cambio sea posible. Sin ella, las acciones pierden dirección, y las luchas sociales se diluyen en el cinismo.
Esto no significa que debamos tener expectativas irreales o ignorar los riesgos. Tener esperanza no exime de planificar, organizarse y actuar con inteligencia. Sin embargo, rechazarla por completo deja a las personas sin la energía emocional necesaria para impulsar cambios significativos.
El escepticismo extremo también puede ser contraproducente. La solución entonces no es eliminar las expectativas, sino ajustarlas. Dejar constancia de que incluso en los momentos más difíciles se hicieron las cosas correctas, bien, lo mejor posible, prepararse para lo peor y actuar con la intención más productiva posible, que significa no facilitarle nada a los perpetradores ni ceder a los chantajes que van surgiendo. Entonces no se trata de una esperanza de esperar sino la de trabajar mucho, fortalecer lazos de confianza, tener proyectos comunes y caminar juntos.
Por qué Venezuela necesita esperanza
En una sociedad como la venezolana, devastada por años de crisis humanitaria y política, la esperanza no es un lujo, es una necesidad. Los cambios sociales y políticos comenzaron con personas que pensaron imposibles, hasta que se hace, como decía Mandela. Así que la esperanza es la semilla de la acción colectiva.
Renunciar a la esperanza es, en el fondo, una forma de ceder ante el poder opresivo que busca perpetuarse y aislar a los que sueñan cambios. Por eso censura, compra o controla las narrativas, los discursos, los medios y trata de buscar facilitadores que multipliquen la desesperanza. Entonces el juego es hacer lo contrario: mantener vivas las expectativas, incluso frente a un sistema que parece inquebrantable, es un acto político y de dignidad humana. Es una elección y es la mejor posible.
Como cierre
Decir que no hay que tener expectativas ni esperanza es un consejo vacío, especialmente para quienes luchan por un cambio político en Venezuela. Es cierto que las expectativas deben ser acompañadas de acción y realismo, pero abandonarlas equivale a rendirse.
La esperanza, bien dirigida, no es ingenuidad: es la fuerza que mueve al ser humano a desafiar lo inmutable y a construir futuros mejores.
En ese futuro, cabes tú. En el país de los desesperanzados, los corruptos y sus aliados, no. Por eso se necesita un cambio.
No te has quebrado, rendido ni te ha ganado el cinismo.
Estás haciendo lo correcto, lo que está bien, en la medida de tus posibilidades, e insistes en generar un cambio.
Haces más que cualquier ciudadano en una democracia estable, porque la estás construyendo.
Eres una fuerza.
#URGENTE Nos reportan familiares del joven Juan Hidalgo Rodríguez de 21 años de edad quien fuera detenido el día 30/07 en Naguanagua del edo. Carabobo cuando se dirigía a su hogar se encuentran muy delicado de salud tras las torturas recibidas. Necesita atención médica URGENTE.
#Ahora | La noche de este #30Jul, a través de su cuenta oficial en X, el Centro Carter informó que: "Las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024 no cumplieron con los estándares internacionales de integridad electoral y no pueden considerarse democráticas".
Eso no significa sentarse a esperar tiempos mejores. Significa más bien construirlos, provocarlos, por eso las tareas de sensibilización, educación y visibilidad son necesarias.
Dirán, ¿Más?
Sí, hasta que sea normal, cotidiano y seguro. Hoy no lo es.
#Pride
Dear friends: a couple of months ago I decided to finally open an Instagram account with my professional work. I've been working as a photographer for the past years and I wanted to create an account that could host all of my images. You can follow me at @makiochoaphoto
El CNE podría dirigirlo Mandela, la Madre Teresa de Calcuta, Martin Luther King, Gandhi y José Gregorio Hernández; y no sería una elección libre.
Mientras las mafias controlen las armas, la plata, los medios y el territorio, no habrá elecciones en Venezuela.