Héctor Lavoe sólo unas horas antes de lanzarse del 9no piso del Hotel Regency, en medio de una crisis desencadenada por varios sucesos, entre ellos las muertes de su padre, su suegra e hijo, su diagnóstico de VIH, la cancelación de este show y una discusión con su esposa. Era la noche del 25 de junio de 1988.
"Para que yo pudiera amarte
los españoles tuvieron que conquistar América
y mis abuelos
huir de Génova en un barco de carga.
Para que yo pudiera amarte
Marx tuvo que escribir El capital
y Neruda la Oda a Leningrado.
Para que yo pudiera amarte
en España hubo una guerra civil
y Lorca murió asesinado
después de haber viajado a Nueva York.
Para que yo pudiera amarte
Virginia Woolf tuvo que escribir Orlando
y Charles Darwin
viajar al Río de la Plata.
Para que yo pudiera amarte
Catulo se enamoró de Lesbia
y Romeo, de Julieta,
Ingrid Bergman filmó Stromboli
y Pasolini, Los cien días de Saló.
Para que yo pudiera amarte,
Lluís Llach tuvo que cantar El segadors
Y Milva, los poemas de Bertolt Brecht.
Para que yo pudiera amarte
alguien tuvo que plantar un cerezo
en la tapia de tu casa
y Garibaldi pelear en Montevideo.
Para que yo pudiera amarte
las crisálidas se hicieron mariposas
y los generales tomaron el poder.
Para que yo pudiera amarte
tuve que huir en barco de la ciudad donde nací
y tú combatir a Franco.
Para que nos amáramos, al fin,
ocurrieron todas las cosas de este mundo
y desde que no nos amamos
sólo existe un gran desorden".
Cristina Peri Rossi
En el verano de 1942 Hitler orquestó un partido de fútbol entre prisioneros de guerra sovieticos y soldados del Tercer Reich.
El árbitro era un oficial de las SS y
los prisioneros eran jugadores del Dinamo de Kiev antes de la guerra.
Jugaron hambrientos, enfermos y con una advertencia "Si ganáis morís". GANARON, la dignidad peso más que el miedo). Unos fueron fusilados aún con la camiseta puesta poco después del partido. Otros torturados por la Gestapo hasta la muerte, y el resto fueron a campos de exterminio. Tres de ellos sobrevivieron para contar la historia.
«Se mide la inteligencia de un individuo por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar».
– Immanuel Kant
Por el pintor ruso Ilya Pyankov (Kazan, 1972)