@AngelaBermudezP@MSF_Espana La cagaste,esos carteles eran provisionales, después se colocaron los auténticos de la exposición de Juan Pablo ll con fotos de la Agencia F. Médicos sin fronteras no tiene nada que ver.
Rosa y Carmelo
«(…) Sí mi niño, los falangistas llegaron al pago de El Granillar sobre las cuatro de la madrugada, venían borrachos como cubas, yo dormía abrazada a mi viejo Juan cuando escuché los gritos, los disparos al aire, los ladridos de los perros que no entendían que era aquel escándalo en un lugar donde de noche solo se escuchaba el sonido de la brisa del norte. Me asomé a la cancela de la puerta y los vi subir desde la carretera de Teror, eran más de cincuenta hombres armados hasta los dientes, delante iba un niño con una bandera con el yugo y las flechas y una corneta colgada en la cintura. Yo sabía a lo que venían, fueron directos a la casita de la ladera y las flores de mayo, donde vivía aquella entrañable pareja de jóvenes, Rosa y Carmelo, ella maestra, él albañil, sabía que vendrían a por ellos porque eran anarquistas, participaban en el Ateneo de Las Palmas, ella con sus poemas, él con sus pinturas de luces y colores. Desde arriba aquellos malos hombres no me veían, entonces lo vi todo, cuando rompieron la puerta a patadas, cuando sacaron al pobre Carmelillo a golpes, empujones, culatazos, puñetazos, a Rosita medio desnuda, le habían roto el camisón entre burlas, se los llevaron al bosque de pinos isleños, debajo de los Riscos de Jiménez sucedió todo, yo escuchaba los gritos de ella mientras aquellas bestias la violaban en grupo, los llantos de Carmelo obligándolo a ver todo lo que hacían a su amada. Es tan fuerte lo que te puedo contar, que prefiero comenzar por el final, cómo los encontramos cuando fuimos Juan y yo con las cabras al bosquecillo, el muchacho estaba amarrado en un acebuche, le habían arrancado la piel a tiras, ella en el suelo con las piernas abiertas y una hemorragia saliendo de sus partes, les hicieron de todo, jamás imaginé que aquellos hombres que conocía de toda la vida pudieran ser capaces de aquella salvajada. Entre ellos estaba el cura de Teror, los jefes de la guardia civil, los hijos de los caciques Yánes, el joven Teófilo Rosales, hijo de los dueños del agua, el mayordomo de las monjas del Sister. Te puedo dar muchos nombres, personajes que ahora ocupan cargos públicos en esta democracia, que son alcaldes, concejales, jueces, empresarios conocidos. Nunca lo entendí. Por eso cada vez que pasamos por ese lugar llevamos flores y las dejamos en ese olivo canario…»
Fragmento de la entrevista a Susanita Curbelo Afonso el 29 de julio de 1987 en su casa de San José del Álamo (Gran Canaria).
Extraído de la magnífica página de Francisco González Tejera.
Ilustración de Castelao.