Es bastante fácil de entender: los delincuentes comunes se han organizado, envenenados por los medios y azuzados por los políticos, y ahora se sienten impunes quemando los barrios de aquellos que les apoyan.
Ahora el fuego también llega a sus calles.
Aculturación: sistema de integración elegido en Europa por partidos políticos de izquierdas y aceptado (casi siempre) por partidos de derechas.
Fase 1
Todas las culturas son iguales.
Fase 2
Como todas son iguales, hay que respetarlas todas.
Fase 3
Los seres humanos tendemos a unirnos tribalmente, así que comienzan a aparecer barrios donde los inmigrantes superan a la población autóctona.
Fase 4
Nosotros seguimos haciendo un esfuerzo por integrar y respetar su cultura pero ellos no hacen ninguno por aceptar la nuestra. (Empezamos a entender que no todas las culturas son iguales. Nos engañaron).
Fase 5
En muchos barrios desaparecen las dinámicas sociales occidentales y se imponen nuevas dinámicas en las cuales, la violencia es un ítem básico para escalar en la pirámide social.
Fase 6
Aparecen los lobos: bandas criminales, sharia, mafia, clanes...
Se dan cuenta de que en muchas zonas son mayoría y toman el control. Ahora ya no sólo no se respeta nuestra cultura, tampoco nuestras leyes.
Fase 7
La autoridad tradicional en Occidente, jueces y policías, desaparece. El miedo ya lo condiciona todo.
Fase 8
Zona No Go
Nota: España no ha llegado a ese punto porque nuestra primera oleada fue de nuestros hermanos hispanoamericanos, con los que compartimos lengua, religión, costumbres, historia común,etc.
Si alguien se cree que podemos integrar con el mismo éxito procesos migratorios desbordados en el espacio y en el tiempo de un continente con el que no compartimos nada, ese alguien es un peligro para tus hijos. Y cuando digo tus hijos, digo los hijos de españoles y también de extranjeros de cualquier país del mundo que hayan llegado de forma controlada para trabajar y poder tener un futuro mejor.
Nota 2: las bandas latinas no son fruto de los procesos de inmigración ilegal desbordada, sino de la mala gestión de la segunda y tercera generación. Pero de esto hablamos otro día.