Puedes opinar lo que quieras por supuesto, este país gracias a Dios y a que no tenéis poder sigue siendo un país libre.
El problema es tu falta de argumentos. Eres un loro repitiendo las consignas que te han enseñado ya que lamentablemente tus padres no consiguieron que tuvieras pensamiento crítico.
Pistas para detectar a quien no sabe debatir:
1. Si alguien cuestiona tu relato, le llamas “facha”.
2. Si alguien no se alinea contigo, decides que en realidad sí lo está, pero “disimula”.
3. Si alguien dice “ni de unos ni de otros”, le niegas hasta el derecho a no militar en tu bando.
Eso no es análisis político.
Es convertir “facha” en una etiqueta comodín para no tener que responder argumentos.
Y cuando una palabra sirve para llamar lo mismo a un neonazi que a cualquiera que discrepe contigo, ya no estás describiendo nada.
Solo estás insultando.
Ser de “buena familia” no es un atenuante. Correcto.
Pero tampoco convierte a una familia entera en sospechosa porque uno de sus miembros esté investigado.
El abogado utilizó una expresión desafortunada y luego explicó que se refería a que los jóvenes no tenían problemas económicos ni sociales. Se puede criticar perfectamente esa formulación sin caer en lo siguiente:
“Si alguien hace esto, desconfiemos de su familia”.
Eso sí que es clasismo disfrazado de superioridad moral.
La responsabilidad penal es personal.
No delinque un apellido, no delinque una familia y no delinque una clase social.
Y resulta bastante curioso denunciar lo “asqueroso y clasista” del concepto “buena familia” para, dos líneas después, sugerir que precisamente por los actos de un individuo hay que mirar con sospecha a toda su familia.
Eso no combate el clasismo.
Lo reproduce con el signo cambiado.
Por cierto, flaco favor hacéis a las verdaderas víctimas del nazismo y a su memoria. Estáis usando 6 millones de vidas arrebatadas para vuestro juego político. Deberíais revisar vuestro cerebro.
No, Twitter también es ese lugar donde alguien llama “nazi” a cualquiera que discrepe, insulta primero y luego interpreta cualquier respuesta como una confesión de culpabilidad.
Que no te gusten los nazis es perfectamente normal.
Lo que no es normal es ampliar tanto la etiqueta que termine significando “persona a la que quiero deshumanizar políticamente”.
Porque cuando conviertes “nazi” en comodín para invalidar al adversario, ya no estás combatiendo el nazismo.
Estás vaciando la palabra de significado y usando el insulto como sustituto del argumento.
Ya que el señor @AdrianBarbon es tan democrático a decidido que solo pueden responder a sus publicaciones sus vasallos. Aún así se lo digo señor presidente.
Presidente, condenar una agresión es una obligación institucional. Convertirla en “el fin de nuestra civilización” y evocar los años treinta es otra cosa: retórica política.
La Policía aprecia indicios de delito de odio y una posible motivación homófoba. Que se investigue, se juzgue y, si corresponde, se condene con todo el peso de la ley.
Pero un presidente debería saber distinguir entre hechos investigados y una tesis apocalíptica sobre el regreso del nazismo.
Más aún cuando escribió esto antes de que terminara siquiera la identificación policial de los implicados.
Defender la democracia también consiste en respetar sus procedimientos: investigación, contradicción, prueba y sentencia.
Condenar la violencia, siempre.
Convertir cada suceso en una reedición de los años treinta para alimentar el enfrentamiento político mientras se denuncia la “polarización” resulta bastante contradictorio.
Si de verdad preocupa la crispación, quizá quienes ocupan las instituciones deberían empezar por no multiplicarla.
No puedo con el odio, con los insultos, con la polarización, con la violencia verbal o las agresiones físicas.
Y no, no me vale eso de: “sois todos iguales” “va en vuestro sueldo” “todos lo hacéis”
No es cierto.
BASTA YA.
El debate político debería ser limpio, respetuoso, razonado y razonable.
Y todos los que estén contribuyendo a hacer de la política algo que genera rechazo, están debilitando la Democracia. Porque a mayor desafección, más débil es nuestra Democracia.
Hay otra forma de hacer política y quienes pensamos así, tenemos que demostrarlo. Con hechos, con acciones, con compromisos y con responsabilidad.
HAGÁMOSLO.
“Mensaje recibido”, sí: has confundido una medida cautelar con una sentencia y luego has rellenado el hueco con ideología.
Hay vídeo, hay detenidos, hay una investigación por lesiones y posible delito de odio. Correcto.
Lo que NO hay es una resolución judicial que diga: “quedan libres porque son fascistas”, “porque son de buena familia” o “porque tienen dinero”.
Eso te lo has inventado tú.
La prisión provisional no existe para calmar a una turba digital ni para castigar antes del juicio. Es excepcional, tiene requisitos legales y no sustituye a una condena.
Así que deja de vender como “impunidad” lo que simplemente es un procedimiento penal que todavía no ha terminado.
Si mañana hay condena, que cumplan la pena que corresponda.
Pero pedir cárcel inmediata porque tú ya has decidido quiénes son, qué motivación tuvieron y qué castigo merecen no es defender la Justicia.
Es pedir que primero se encierre y después, si eso, se juzgue.
Eso no es Estado de derecho.
Es exactamente lo contrario.
“A ver qué decís ahora”.
Pues exactamente lo mismo que debería decir cualquiera que entienda mínimamente cómo funciona un proceso penal:
La reconstrucción policial es una hipótesis sustentada en pruebas, no una sentencia.
Sí: las cámaras respaldan que uno de los investigados retiró simbología LGTBI y la Policía aprecia una motivación homófoba.
También: las defensas sostienen, basándose en esas mismas imágenes, que después fueron Rosón y Fernández quienes dieron el primer empujón y niegan que existiera una agresión organizada por motivos ideológicos.
Por eso existe un juzgado.
Lo preocupante no es que alguien espere a conocer todas las pruebas. Lo preocupante es necesitar una sola versión para proclamar que “ya está todo demostrado” porque coincide con lo que querías creer desde el principio.
Investigar no es justificar.
Pedir pruebas no es proteger a nadie.
Y una reconstrucción policial no convierte Twitter en un tribunal.
Si al final las pruebas acreditan delito de odio, que respondan por ello.
Pero hasta entonces, menos “a ver qué decís ahora” y más respeto por algo bastante elemental: prueba, contradicción y sentencia.
No, la justicia no es “desigual” porque tú compares cosas que no tienen nada que ver entre sí.
En Alsasua hubo investigación, juicio, condena y recursos hasta el Tribunal Supremo.
En Oviedo estamos al PRINCIPIO de una instrucción. No hay juicio. No hay sentencia. No hay condena.
Comparar una sentencia firme con una orden de alejamiento provisional y vender la diferencia como prueba de “doble vara” no es una crítica a la Justicia.
Es una comparación jurídicamente absurda.
Y además falseas las cifras: las penas definitivas de Alsasua no fueron “de 2 a 13 años”. El Supremo las redujo y eliminó la agravante ideológica.
Así que antes de pontificar sobre si la Justicia es igual para todos, convendría empezar por entender algo tan básico como la diferencia entre investigado y condenado.
Porque si mezclas fases procesales distintas, inflas penas y sustituyes delitos por etiquetas políticas como “antifascistas” y “fascistas”, ya no estás comparando Justicia.
Estás fabricando un relato.
La Justicia puede equivocarse.
Pero este tuit ni siquiera llega a plantear bien la pregunta.
“Centro Asturiano”, “La Barganiza”, “familias acomodadas”… y rematas con “atando cabos”.
No. Eso no es atar cabos. Eso es culpabilidad por asociación.
Si un investigado fue jugador del Centro Asturiano, responde él por lo que haga, no el Centro Asturiano. Si otro tiene relación con un club de golf, responde él, no el club, sus socios ni su familia.
Si existen pruebas de que determinadas personas pertenecen a un grupo ultra, que se aporten y se investiguen. Eso sí es relevante.
Pero convertir el colegio, el club deportivo, el apellido o la clase social de alguien en una insinuación colectiva no añade una sola prueba sobre los hechos.
“Proceden de ambientes acomodados” tampoco es una categoría penal.
En un Estado de derecho se investigan conductas individuales, no árboles genealógicos ni carnés de clubes.
Eso se llama responsabilidad personal.
Lo otro se llama señalar por asociación.
Lo tuyo se llama convertir prejuicios de clase en una teoría del caso.
Curioso concepto de “verificación”.
La causa sigue abierta, no hay sentencia firme y todavía hay hechos discutidos por las defensas. Pero vosotros ya habéis cerrado el caso, fijado la motivación, contado a los culpables y hasta repartido responsabilidades políticas desde un plató.
Una cosa es informar de que la Policía aprecia indicios y otra convertir una investigación en un veredicto televisivo.
Y si de verdad queréis presumir de “actualidad y verificación”, empezad por algo bastante básico: distinguir hechos probados, versión de las víctimas, hipótesis policiales y opinión editorial.
Porque cuando todo se mezcla bajo el mismo rótulo, ya no estamos hablando de verificar.
Estamos hablando de construir un relato y venderlo como certeza.
Mucho signo de exclamación, pero el Derecho no funciona por volumen.
La Policía tiene seis identificados, no ocho. No hay una sentencia, no consta públicamente que nadie “perdiera el conocimiento” y nadie ha demostrado que el juzgado los dejara en libertad por tener dinero, apellido o haber estudiado en un colegio determinado.
De hecho, la resolución conocida explica otra cosa bastante menos cinematográfica: libertad provisional, orden de alejamiento de 200 metros y ausencia de comparecencias periódicas porque tienen domicilio y arraigo conocidos.
La Fiscalía aprecia de forma indiciaria lesiones y delito de odio. “Indiciaria” significa precisamente que la causa todavía se está investigando.
Y pedir “prisión ya” como si la prisión provisional fuese una condena anticipada no es exigir justicia: es pedir que se prescinda del proceso judicial cuando el resultado todavía no está decidido.
Puedes llamarles fascistas, cobardes, ultras, “niños bien” y añadir todos los adjetivos que quieras. Los adjetivos no sustituyen a las pruebas.
La justicia no consiste en encarcelar al que Twitter ya ha condenado.
Consiste precisamente en que ni tú, ni yo, ni un alcalde, ni un medio decidamos la sentencia antes que el tribunal.
El problema es dar voz a personas como tú, que no entienden que es un estado de derecho. Eres mucho más fascista tu que las personas a las que criticas.
¡Lo que pasó en San Mateo no fue ninguna "pelea de borrachos" ni una "anécdota nocturna" de niños bien que se pasaron con las copas, por mucho que sus abogados y el alcalde intenten blanquearlo! Lo que se vivió en la Plaza de la Catedral de Oviedo fue una cacería fascista y homófoba en toda regla.
¡Ocho tíos contra dos! Así de cobardes!!
Empezaron destrozando la bandera LGTBI+ de la caseta y terminaron pateándole la cabeza a Jorge y a Rubén en el suelo. Hubo un ensañamiento salvaje, ¡y no pararon ni cuando uno de ellos ya había perdido el conocimiento! Todo esto mientras les gritaban insultos homófobos, "rojos" y "arriba España". No son chavales descarriados, ¡son ultras violentos y una amenaza real!
Por eso se me revuelve el estómago al ver que la respuesta judicial sea dejarlos en la calle con una simple orden de alejamiento.
¿Una orden de alejamiento para frenar a un grupo que se organiza para agredir por odio?
¡Esto es un insulto a las víctimas, nos deja vendidos a los demás y manda un mensaje asqueroso de impunidad! ¡Una paliza de este calibre no puede salirles gratis!¡Me da exactamente igual el apellido que tengan o la "buena familia" de la que vengan! Tener dinero o estudiar en un colegio elitista no puede seguir siendo un escudo para librarse de la cárcel.
¡Todo mi apoyo y solidaridad con Jorge y con Rubén! Exigimos justicia de verdad, ¡que se acabe de una vez la impunidad y prisión ya para los agresores de Oviedo!
Una orden de alejamiento no es una condena y una instrucción abierta no es una sentencia.
Pero Nortes ya habla de “agresores”, adivina la “estrategia” de la defensa y, de propina, mete al Centro Asturiano en el titular porque uno de los investigados fue EXJUGADOR suyo.
Eso tiene un nombre: culpabilidad por asociación.
El Centro Asturiano no responde por lo que haga años después un antiguo jugador, salvo que alguien demuestre una relación real con los hechos.
Periodismo es contar lo acreditado.
Lo demás es señalar, editorializar y esperar que el lector confunda relato con sentencia.
Resulta fascinante: cuando señalas tú, lo llamas activismo; cuando te señalan a ti, lo llamas odio.
Cuando anuncias que “van a empezar a salir nombres” y que determinadas personas “son fácilmente reconocibles”, parece que el señalamiento deja de preocuparte. Pero cuando la exposición te alcanza a ti o a los tuyos, entonces aparecen las palabras “intimidación”, “odio” y “acoso”.
No puedes exigir una protección que tú mismo niegas a quien consideras adversario.
O señalar públicamente a personas es una práctica que te parece peligrosa, o no lo es.
Lo que no funciona es ser señalador por la mañana y víctima profesional del señalamiento por la tarde.
El problema no son los perfiles anónimos, Santi.
El problema es descubrir que la vara de medir que utilizas contra los demás también sirve para medirte a ti.
Un ministro del Gobierno de España publicando un buitre para referirse al líder de la oposición.
Y lo verdaderamente extraordinario es el momento elegido: el mismo día en que tú mismo reconoces una pérdida «evidente» de confianza en el ferrocarril y calificas el año ferroviario de «horrible».
Fuiste alcalde ocho años, eres diputado, ministro, licenciado en Derecho y ejerciste veinte años como abogado. Experiencia institucional no te falta.
Por eso ya resulta difícil atribuir este comportamiento a un calentón o a la inexperiencia: este es el nivel de comunicación que eliges deliberadamente para representar a un ministerio del Gobierno de España.
El problema del buitre no es el GIF. Es que mientras un ministro convierte su cuenta en una pelea permanente de barra de bar, los ciudadanos le pagan para gestionar Transportes.
Puedes dedicar el día a decidir qué animal representa a Feijóo.
Los usuarios del ferrocarril preferirían que consiguieras que sus trenes representasen algo mucho más sencillo: puntualidad y fiabilidad.
Al final, el cargo figura en el BOE.
La categoría institucional hay que demostrarla todos los días.
Para haber sido autoridad pública, sorprende lo poco que pareces recordar cómo funciona un Estado de derecho.
Tú no “constatas” delitos, no calificas definitivamente hechos y no decides quién es culpable. La Policía aprecia indicios de delito de odio y la jueza mantiene abierta una investigación; eso no es una sentencia. Las defensas, además, sostienen una versión distinta sobre el inicio de los empujones y niegan la motivación ideológica.
Puedes repetir “ultraderecha”, “fascistas” y “delito de odio” todas las veces que quieras, pero una consigna no sustituye a una resolución judicial.
Y siendo además parte implicada, convertir tu propia versión en veredicto resulta especialmente poco serio.
Presunción de inocencia, contradicción, prueba y sentencia. Eso es un Estado de derecho.
Lo demás es señalar primero y esperar que el juzgado confirme después.
Veo que en Twitter algunos ya han dictado sentencia antes que el juzgado.
Una detención no es una condena, una hipótesis policial no es una sentencia y tú no eres juez. La defensa mantiene una versión distinta de cómo empezó el enfrentamiento y será la investigación judicial la que determine responsabilidades.
Si de verdad te importa el Estado de derecho, empieza por algo bastante básico: presunción de inocencia y hechos probados.
Los juicios sumarísimos desde una cuenta de X siguen siendo juicios sumarísimos, aunque los disfraces de “antifascismo”.
Que siempre se os está llenando la boca dando lecciones pero a la hora de la verdad nunca hacéis lo que decís. Hay que predicar con el ejemplo.