Los videos de los robots Atlas de Boston Dynamics son hipnotizantes cuando giran completamente sus articulaciones de cadera, cuello y brazos para hacer movimientos imposibles.
PERO.
¿Cómo consigue un humano teleoperar eso para capturar datos? 🤔
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Cada vez que aparece un reportaje sobre salud mental en los medios me acuerdo del meme de la pistola de agua disparando al sol.
La prensa escrita —más que ningún otro medio— lleva más de un siglo viviendo del miedo. No de alternar noticias duras con otras más livianas, ni de ocultar información, sino de algo más sutil. Más estructural. Se trata de cómo se cuentan las cosas.
Por ejemplo, Von der Leyen recomienda que la ciudadanía tenga en casa un pequeño kit de emergencia —unas mantas, algo de comida enlatada, una linterna, agua embotellada— por si se produce una gran nevada, una DANA, o incluso un conflicto armado. ¿Cuál es el titular a cuatro columnas de uno de los principales medios del país?: EUROPA SE PREPARA PARA LA GUERRA.
Algo similar ocurrió cuando, hace unos años, hablar de salud mental se convirtió —y uso el término con plena consciencia de su viscosidad— en moda. “Visibilizar la salud mental”, decían. “Abrir el debate”. Pero los contenidos eran un tiovivo de angustia: un catálogo rotativo de traumas, cifras, casos extremos y alertas. Y no por lo que eran, sino por cómo estaban contados. Por el tempo narrativo del pánico. Por esa manera específica que tienen los medios de convertir cada crisis en decorado, cada síntoma en narrativa-bomba. Como si los problemas de salud mental fuesen un fenómeno atmosférico. Como si hubiesen caído del cielo como un meteorito, sin agentes, sin responsabilidades, sin una estructura mediática que también —y sobre todo— los ha moldeado.
Cuando todo es alerta roja, nada lo es. El sistema colapsa por saturación. Hay tanto ruido que la señal se vuelve indistinguible. O peor aún: hay gente que ya no sabe que hay una señal. Gente que vive ahí. En el zumbido. En ese eterno presente lleno de sirenas.
Ayer escribí una canción en 10min. Por la noche se la enseñé a mi amigo @FrancisWhiter y la tocamos juntos sin ensayar, sin calentar, sólo por las risas. Para alguien que lleva 7 años intentando aprobar su propio filtro, me parece un buen ejercicio. Google canta, pero mejor así.
Os cuento una estafa de CIENTOS DE MILLONES de euros que hacen algunas compañías aéreas, aun sabiendo que lo prohíben la Ley y la UE.
Lo más ‘gracioso’ es que nos roban 81 veces más dinero del que pagarán si algún día les multan.
Ayer me tocó sufrirlo con @volotea. Abro #hilo.
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