ese momento donde extrañas tanto a alguien que NECESITAS que te duerman como a los perros viejos para poder dejar de sentir una agonía galopante que te ahoga y te pesa en el pecho
Me lo tomo personal, porque a esta edad uno ya sabe lo que hace, con quién lo hace y por qué. No hay excusas, los actos hablan solos y no tengo por qué minimizar nada.
Estoy harta de fingir que no veo las contradicciones. Harta de aceptar excusas, de buscarle sentido a comportamientos que no lo tienen y de ponerme siempre en el lugar de los demás. No quiero seguir justificando lo injustificable ni sosteniendo vínculos llenos de hipocresía.