Me encanta la idea de parejas que viven en casas separadas.
Se ven cuando quieren y duermen juntos cuando quieren.
Cada uno con su vida, sin perder la conexión.
Eso sí es sano.
Para mí, el verdadero lujo no es un sábado de luces y ruido, sino un domingo sin agenda: café tibio, serie a medias, piernas entrelazadas en el sofá y la certeza de que no hay otro lugar donde preferiría estar. Eso es intimidad de la que no se publica.