When I say God, I mean Jesus.
Not the universe. Not energy. Not luck. Not positive vibes. Not manifestation.
I mean Jesus Christ, the Son of God, crucified for our sins, buried, risen on the third day, and reigning forever.
“Jesús estaba conmigo en el bote”, dijo después de pasar ocho horas perdido en el mar.
Miguel, un niño de 10 años en Brasil, salió en una pequeña canoa y de pronto el viento empezó a alejarlo cada vez más de la orilla. Así que poco a poco dejó de ver tierra y cuando se dio cuenta ya había anochecido completamente.
En su casa imagínense la desesperación. La familia y los rescatistas salieron a buscarlo por todos lados, recorriendo el mar en medio de la oscuridad sin parar.
Mientras tanto, Miguel seguía ahí flotando solo, rodeado por el sonido de las olas y la oscuridad total. Así pasaron ocho horas hasta que por fin una embarcación logró encontrarlo y traerlo de vuelta.
Cuando llegó con su mamá, todos pensaban que lo iban a ver temblando o llorando del susto. Pero no, estaba tranquilo. La abrazó y le dijo algo que dejó a todos sin palabras: que durante esas horas no había estado solo, que Jesús había estado con él en el bote.
Al final, la lección en Job no es que haya sido el doble de rico, o que haya recuperado sus bienes o reconstruido su familia.
Lo importante fue, que en medio de su sufrimiento, Job conoció a Dios.
Ese es el “todo obra para bien para los que aman a Dios”.
“El falso celo es contra los pecados de los demás; mientras que el que tiene verdadero celo lo ejerce principalmente contra sus propios pecados”.
— Jonathan Edwards