"Te gustaban, igual que a mí, los largos paseos por el campo que no conducen a ninguna parte. Yo no necesitaba que condujeran a ninguna parte; me bastaba con sentirme tranquilo a tu lado".
- Marguerite Yourcenar (1903-1987), "Alexis o el tratado del inútil combate" (1929),
"Me dijeron:
O te subes al carro
O tendrás que empujarlo
Ni me subí, ni lo empujé;
me senté en la cuneta
y alrededor de mí,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas".
Gloria Fuertes.
A los 40 años, Franz Kafka (1883-1924), que nunca se casó ni tuvo hijos, paseaba por un parque de Berlín cuando se encontró con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita. Juntos buscaron la muñeca, pero sin éxito. Kafka le dijo que se vieran allí al día siguiente y que volverían a buscarla.
Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía: "Por favor, no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras".
Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka.
Durante sus encuentros, Kafka leía atentamente las cartas de la muñeca, escritas con aventuras y conversaciones que a la niña le parecían adorables.
Finalmente, Kafka devolvió la muñeca (la había comprado). «No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña.
Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribía: "Mis viajes me han cambiado". La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa.
Un año después, Kafka murió. Muchos años más tarde, la niña, ya adulta, encontró una carta dentro de la muñeca. En la pequeña carta firmada por Kafka estaba escrito:
“Probablemente perderás todo lo que amas, pero al final, el amor regresará de otra manera.”
@Lagout13 Deseando que nos cuentes más. Mi mente es muy poco científica y siempre me he sentido fascinada por estos temas, que para mi tienen un punto de misterio. Tu forma de contarlo es muy visual. Me gusta.