Me llamo Benito Requejo. Me bajé del tractor, encendí el televisor y decidí que igual había que volver a pensar el pueblo desde el pueblo. Aquí estoy, por si interesa.
O incluso, como el dinero público se despilfarra, en parte, con unas orquestas a las que poca gente acude.
Quizás, ahí las peñas desempeñen un buen lugar: donde no solo llenen el programa sino que articulen las fiestas.
Pero, se prefiere mirar a otros frentes desde arriba...
Hace ya unos días que terminaron las fiestas, con mucho ambiente y diversión?
Sin embargo, es triste como la charanga va muriendo conforme menos gente la acompaña, más empujes se hacen en el Pobre de Mí. Y más rutina se convierte ¿y si un recorrido, un día, por las peñas?
Las vallas en el polideportivo no pueden continuar. En un torneo de fútbol sala, casi ocurre una desgracia.
Pero mejor obviar las deficiencias en las infraestructuras y disfrutar de la religión pagana.
¡Qué bien vamos!
Pero ilusos, o no, nos plantamos en las elecciones valorando la cercanía, los nombres, apellidos y antecedentes familiares (porque es un pueblo). Pero ¿y la rendición de cuentas?
Ahora que ya pasan las 12, es un buen momento para recordar algunos momentos estelares del pueblo. Cuando un grupo de muetes, como por aquí se dice, ganaron contra todo y todos.
Pero, sin querer yo recordar esa religión pagana ¿para cuándo un buen sistema de refrigeración?
Luego recuerdo que estoy en un pueblo sin toldos para sus vecinos (tendrán que pasar calor, mucha, que estamos en verano); sin inversión en infraestructuras (para qué mover dinero en las piscinas si se están cayendo) y otras cosas. Y se me pasa.
¿Cuándo lo hemos normalizado?
Porque un pueblo no se mantiene solo con nostalgia. Se mantiene cuando vivir en él vuelve a ser compatible con tener futuro.
Pero bueno, me voy a por un vaso de vino y dejo de turrar. Porque ¿son opiniones que llevan a algún sitio? No lo sé.
Durante años se nos vendió una idea muy concreta de progreso: estudiar, irse y no mirar atrás. Como si el futuro de un joven de pueblo pasara obligatoriamente por salir de él. (Sigue)
Igual el debate no era llenar España de campus a diez minutos de cada pueblo. Igual era construir un país mejor vertebrado: con movilidad, infraestructuras y oportunidades reales para quedarse sin sentir que uno renuncia a todo. (Sigue, y último)
He acudido al banco aquel a la entrada del pueblo, donde se reúnen los sabios de este pueblo. Me han dicho que es una costumbre, que, por Nochebuena, un hombre subía desde las tierras del Manantío para traer cardos, apios y puerros a los muetes. Así que, ¡me pasaré a verlo!
Ahora que por fin han asfaltado las calles, que ya iba siendo hora ¡Qué mejor forma de celebrarlo que con la llegada de las tradiciones locales! ¡Y olvidándonos de tanto Santa Claus, Olentzero! ¡Viva el Hombre del manantío! (Que, según dicen, saldrá hoy a las 17:00h)
Aunque, no estoy muy enterado de lo que es ¡y mira que soy de aquí! ¡Lo mismo es algo financiado por el ayuntamiento para que dejemos de criticar! (Aunque necesario). Voy a ver que me dicen los sabios del pueblo.
La juventud sin vivienda ni horizonte, atrapada entre pensiones intocables y partidos nacionales que solo miran al votante mayor.
Así no hay país que avance… ni pueblo que crezca.
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Como pueblo en el que corren los rumores, parece que se está tramando una reedición de la revista local. Para conocer mejor sus gentes, dar espacio a las mejores plumas y tintas del pueblo y, sobretodo, para ser leída. Sea verdad o no, una gran iniciativa ¿Colaborarías?
Si lloviera a gusto de todos, solo habría sequía. Señalas una falsedad y ya eres “el quejica”. Será que algo va bien cuando hasta los insatisfechos se mojan contra el regador.