Leí algo que se me quedó grabado: estamos hechos de tango.
El tango manda sufrir primero, amar después, partir al final. 2014 fue sufrir. 2022 fue amar con el corazón a fuego vivo, la gloria. Hoy es partir. Duele, pero se bailó con el alma.
Y quién nos quita lo bailado.
Mi análisis en frío es que en el Mundial 2026 vimos otra versión de La Scaloneta. Un equipo que llegó a la final por jerarquía, por el poder de la unión del grupo, por destellos, por Messi. Nunca brillamos como en Qatar.
Dicho esto, uff… Egipto, INGLATERRA. El corazón de este seleccionado nos regaló momentos inolvidables que uno no puede ignorar ni pasar por alto. Argentina es fútbol y espíritu. En cuanto al juego pusimos una vara ilógica, porque Qatar no fue lógico. El espíritu estuvo ahí siempre. Y quizás por eso también duele tanto.
Hubo errores; creo que se gestionaron mal las cargas, sobre todo en el mediocampo. Se plantearon mal algunos partidos -Suiza, por ejemplo-. Todo eso repercutió en la final: se hizo lo que se pudo con el tanque vacío. Por eso no hay que apuntar a ninguna individualidad. El equipo llegó mal.
No seamos injustos: Argentina fue campeona de todo en los últimos 5 años porque era la mejor. Algún día iba a dejar de serlo: España es un equipazo y ganó muy bien. No seamos autodestructivos: no somos una mierda. Simplemente ya no somos los mejores y no pasa nada.
Se vienen tiempos difíciles, de renovación y cambios: ojalá los afrontemos con Lionel Scaloni en el cargo.
La gratitud para este grupo es eterna: no existe nada peor que ser desagradecido.
¿O me vas a decir que no te sentiste representado en estos 5 años?