El que revela @NoticiasCaracol es quizás el escándalo más grave del gobierno:
Petro hizo todo tipo de concesiones a los del Clan del Golfo: suspendió órdenes de extradición, suspendió bombardeos, desmontó la inteligencia, sacaron a 35 generales y a corones curtidos. Danilo Rueda parecía trabajar para ellos: "juguemos a los congelados", les decía... Y es apenas un pedacito.
Gracias, Ricardo Calderón, por otra investigación impecable.
Un llamado a los que piensan votar en Blanco
No soy abelardista. No pertenezco a la manada, no repito “firmes por la patria”. De hecho, si Abelardo de la Espriella llega a la Presidencia, seguramente ejerceré frente a su gobierno el mismo control ciudadano que hice con los gobiernos de Duque y Petro.
Pero en esta elección tengo una convicción: desde el punto de vista democrático y moral no hay equivalencia entre las dos opciones. Mi voto será por Abelardo de la Espriella, no como acto de adhesión incondicional, sino como decisión de defensa constitucional frente a la continuidad de un proyecto que, a mi juicio, representa un riesgo inminente para la democracia .
Y Negar ese riesgo, a estas alturas, exige una dosis muy alta de ciego sesgo. Pues las alternativas que tenemos al frente no son iguales.
Sobre la candidatura de Cepeda: gobernadores, alcaldes, altos mandos militares y distintos medios han advertido las presiones de grupos armados sobre la población para coaccionar el voto. Y el país no puede normalizar que el “voto fusil” se convierta en parte del lenguaje electoral ordinario.
Esa es, quizá, una de las mayores derrotas morales de nuestra época: que, pese a esas denuncias, algunos pretendan hacernos creer que Cepeda " se la juega por la vida" o que representa la opción más ética.
A ello se suma otro riesgo: la continuidad del proyecto constituyente . Cepeda últimamente ha sido ambiguo sobre el tema, para facilitar adhesiones oportunistas, pero nadie puede ignorar que la constituyente es pieza central del proyecto político petrista. Y la historia latinoamericana enseña que las democracias también pueden desmontarse invocando al pueblo y reformando las reglas del juego desde adentro.
Además, Cepeda es la continuidad de un gobierno marcado por la corrupción, la destrucción del sistema de salud, el deterioro de la seguridad, la complacencia frente a estructuras armadas y el irrespeto permanente por los límites institucionales. Que ha degradado la dignidad presidencial. Por eso, un voto por él es legitimar esa forma de gobernar.
Pero incluso si alguien considera que ambas opciones son igual de malas, populistas o riesgosas, hay una razón institucional para no ponerlas en el mismo plano: con Abelardo seguiremos teniendo Constitución del 91, separación de poderes y herramientas para hacer oposición. Con Cepeda, en cambio, estaríamos ante una reelección material del petrismo, pero con muchos menos contrapesos.
Y es que Cepeda iniciaría gobierno con fiscal, procurador y contralor elegidos por Petro; consolidará mayorías en la Corte y en el Banrepública; y contará con una bancada significativa en el Congreso, reforzada por mermelada. En ese escenario, los controles que limitaron parcialmente a Petro dejarán de funcionar.
El resultado sería lo que el profesor Mauricio Gaona llama una dictadura constitucional: un régimen que conserva apariencia de democracia, pero vacía de contenido la separación de poderes, los controles institucionales y el sistema de pesos y contrapesos.
Por eso, más allá de simpatías o antipatías personales, esta elección exige un balance serio. No se trata de escoger un líder perfecto. Se trata de preservar las condiciones mínimas para seguir discutiendo en libertad, haciendo oposición y defendiendo la democracia.
Frente a Abelardo, habrá control, crítica y oposición. Frente a Cepeda, el riesgo es que mañana ya no existan las mismas herramientas para ejercerlas.
Mataron a un niño hemofílico, publicaron su historia clínica, culparon a su mamá y dijeron que "no debía estar montando bicicleta".
A mí no me van a venir a decir qué es y qué no es el fascismo.