Este año me ha pedido tanto. Me ha pedido que deje, que suelte, que vaya, que regrese, que no me siente y que no me pare. Se me fue medio año sin saber que quería la vida de mi. Y como siempre su única respuesta fue; suelta.
Suelta que me llevo todo, que te traje de todo.
Hoy leí que las mariposas descansan cuando llueve porque les daña las alas. Está bien descansar durante las tormentas de la vida. Volverás a volar cuando termine.
Jamás, ni por descuido o por venganza, se tocan las heridas de los demás. Las vulnerabilidades siempre se respetan y nunca se aprovechan porque somos lo que hacemos con la confianza que nos dan.
En septiembre, el aire cambia y trae consigo nuevos comienzos. Las hojas caen, pero nosotros nos levantamos. Es el mes de los sueños renovados, de los proyectos que esperan pacientemente en la lista de tareas. En septiembre, el tiempo se detiene un instante para permitirnos reinventarnos. El otoño es testigo de nuestras metas resurgiendo, como hojas que brotan en los árboles. Es el mes en el que escribimos el prólogo de un nuevo capítulo, con hojas en blanco esperando ser llenadas con historias de valentía y esperanza.
En septiembre, respiramos profundo y damos paso a lo que está por venir.