Yo estoy de acuerdo con el Follonero cuando dice que algo se mueve en España y que las encuestas no lo detectan, conclusión que extrae de los datos de audiencia de Broncano y Sánchez. Lo que no tengo tan claro es que lo que se mueve sea lo que él cree que se mueve, y me explico:
En España las audiencias de televisión las mide una única empresa, que se llama Kantar Media, o se llamaba, porque van cambiando de nombre, pero bueno. Esta empresa lo que hace es colocar un audímetro, un aparato que registra el canal que sintonizas, en hogares españoles. Hay un total de 5.720 hogares con audímetros que reportan sus datos de audiencia todos los días. La gente que tiene los audímetros en casa se llaman panelistas, y no sólo tienen el aparato que informa del canal que sintonizas, también tienen un mando a distancia para indicar que estás sentado delante de la tele y si tienes invitados en casa, hasta un máximo de ocho. Hasta aquí, sencillísimo.
Esos hogares son secretos, para que no traten de influirlos. La empresa los selecciona por criterios sociodemográficos para que el conjunto cuadre con el censo en edad, sexo, comunidad autónoma, tamaño del hogar y clase social. Por ejemplo, sin en Zamora hay 10 audímetros, pues cuatro estarán en casas de abuelos en Zamora ciudad, Toro y Benavente, dos en familias con hijos, dos en pisos alquilados por parejas de treinta y pocos sin hijos, uno en casa de una abuela de 80 años que vive sola en el centro de Zamora y el último en casa de unos abuelos en Hermisende (precioso), un pueblo con 200 vecinos. Y cada persona de esas casas cuenta por miles: la señora de 80 años de Zamora por ejemplo, que pone Mañaneros en La 1, pues cuenta como que 6.000 zamoranas de entorno a 80 años han visto Mañaneros. Así funciona.
No es un modelo libre de fraudes ni de sesgos: en Canarias dos audímetros fueron sufciente para que una productora triplicara su audiencia durante tres años, en Baleares se denunció que trabajadores de la televisión pública balear tenían audímetros en casa, y manipulaban las audiencias, en Cataluña el panel estaba desproporcionadamente en hogares catalanoparlantes, un 80%, y hasta un director de TVE dijo en público que no se creía los datos de Kantar.
Bueno ¿y todo esto qué quiere decir? Pues quiere decir que cuando te dicen que la audiencia de Broncano y Sánchez en La Revuelta ha sido de 4.387.000 espectadores, lo que realmente quiere decir es que de los 5.720 hogares con audímetros, lo han sintonizado unos 900. Ese es el dato real. Los cuatro millones y pico son una estimación. Es lo más parecido que hay a una encuesta regunlinchi.
Y es regunlinchi porque el consumo de televisión en España está muy escalonado por edad: los mayores de 65 pasan más de cinco horas al día delante de la tele; los de 13 a 24, en torno a una hora máximo, y bajando cada año. ¿Cuántos chavales de veintidós años ponen Antena 3 o Telecinco un martes a las diez de la noche? Esa gente está en TikTok, en Twitch, en YouTube, en el móvil o jugando a un videojuego. Yo tengo 43 años y en mi casa se ve fundamentalmente Youtube, plataformas de streaming como Netflix, HBO o Disney, y en directo lo que se ve es el fútbol.
Alguien me podría decir, "es que la Revuelta la ven sobre todo en internet". Vale. Es posible, vamos a comprobarlo. Yo me he ido a su canal de Youtube y me he hecho una tablita con la audiencia de los últimos tres meses. El canal trocea cada programa en tres o cuatro vídeos, y la inmensa mayoría de esos vídeos se queda entre 30k y 100k visualizaciones. Unos pocos pasan de 200k, y en todo el periodo hay un solo pico, un imitador, Raúl Pérez con 660k, el triple que Pedro Sánchez. He visto ese corte para saber por qué tenía tantas visitas, y sus imitaciones de Luis Zahera y Ernesto Sevilla son buenísimas. Sigo. Hay programas enteros que no llegan a 10k. Sumando los tres o cuatro vídeos de cada noche, un programa normal acumula entre 150k y 300k visualizaciones al cabo de meses, y eso son visualizaciones, no personas. Por tanto, no. La Revuelta no es un fenómeno de internet con un reflejo en la televisión; es un programa de televisión con un canal de YouTube medianito, y su público es el público de la televisión, con una media de edad de 48 años.
Lo cual nos lleva a lo interesante de todo esto. Cuando el Follonero dice que "algo se mueve que las encuestas, de momento, no detectan" está hablando del perfil de votantes más estables y mejor medidos por cualquier encuesta y audiencia. Los "viejos meaos" que dicen los jóvenes en twitter (me hace mucha gracia el término, por eso lo cuelo aquí). Pero el segmento de la población donde el voto se está moviendo de verdad, el más joven, donde Vox ya es primera fuerza, es exactamente el que no aparece en esa audiencia.
Así que sí, yo también creo que hay algo que se mueve y que las encuestas no están viendo, pero no son los boomers como cree Évole. Se mueve en los que no salen en ningún audímetro sino en las estadísticas de YouTube, en los que ningún tertuliano ha entrevistado, aunque todos te cuenten lo que piensan desde un plató de televisión sin saber ni abrir TikTok. Son el único segmento de este país que nadie tiene medido, y eso los convierte en lo único que de verdad puede sorprender el #29N. Los boomers ya han votado: lo hicieron hace cuarenta años y lo repiten cada cuatro. Ellos no. Ellos son la parte del resultado que todavía no está escrito, y nadie lo puede hacer por ellos. Si van a votar, y votan por su futuro y no por el de nadie más, entonces sí, entonces puede que algo se mueva de verdad.
#Lomásleído📰Jordi Évole avisa a España sobre el resultado de las elecciones tras ver las audiencias de Broncano con Pedro Sánchez: «Algo se mueve que las encuestas no detectan»
https://t.co/wI0GylvaUh
Hola. Solo vengo a decir, para quien no lo sepa, que nadie ha contado esos 50.000 muertos. Nadie ha abierto un certificado de defunción ni ha preguntado de qué murió cada uno. El titular es, literalmente, mentira.
La gente que firma estos informes, a la que no voy a llamar investigadores porque no me da la gana, sabe que cuando hace calor muere más gente, por muchos motivos. Así que coge la temperatura de cada día del verano y hace la cuenta: con este calor, deberían haber muerto, pongamos, 10.000 personas. Deberían. No las cuenta, las estima. Luego repite la operación imaginando el mismo verano dos grados más fresco y le salen, por ejemplo, 8.000. Las resta y dice: "este verano han muerto 2.000 personas por culpa del cambio climático". Ni siquiera las comparan con los muertos reales, que pueden ser más o menos, no importa, ¿quién se cree que es la realidad para interponerse entre un inglés y su propaganda?
¿Y cómo saben que "deberían" haber muerto 10.000? Mirando veranos anteriores y viendo cuánta gente murió de más los días de calor, sin mirar las causas de la muerte. A lo mejor la ola de calor mató a cuatro guiris un martes en Córdoba a las cuatro de la tarde, pero en el mismo saco van los ahogados en playas, ríos y piscinas, los moteros que salen a dar una vuelta porque hace buen día, los muertos en incendios, las reyertas de verbena y los pacientes mal atendidos porque en agosto los hospitales funcionan a medio gas. Todo coincide con los días de calor, así que todo cuenta como calor. Si en la verbena de tu pueblo un tipo le metió tres puñaladas en el pecho a tu vecino hace seis o siete años, que sepas que la muerte de tu vecino computa para calcular las víctimas del cambio climático.
En fin. Que aquí está el "estudio", por si alguien quiere comprobar lo que digo:
https://t.co/7xgr6MmAK5
El que tiene + a mano, en concreto, es el suyo propio, lo q sabría si tuviera neuronas dentro. Además le valdrían para saber como se usan los datos del momo y demás sistemas europeos y como se hacen las afirmaciones q no es capaz de entender (pero capaz de parrafadas estúpidas)
Hola @Tuit_Lone_Star. Buenos días. A mi eso de abrir cráneos para ver qué ocurre ahí dentro me parece una idea fantástica. El suyo es el que tengo más a mano, así que permítame, por favor. Sólo tiene que quedarse quieto, será un momentito. Tranquilo, que no duele.
Los demás, acérquense, por favor, que esto es muy interesante. Fíjense en este espécimen de homínido:
No puede dormir. Eran las cuatro de la madrugada cuando escribió eso. Por tanto, inferimos poca luz, probablemente luz azul de la pantalla del móvil, que está a unos centímetros de su cara. El sujeto no lo sabe, pero la luz azul del móvil está avisando al hipotálamo de que es de día, así que la pineal deja de segregar melatonina. Este es el motivo de las gafas amarillas de Marcos Llorente. Cada minuto que pasa, nuestro homínido tiene menos sueño, y probablemente tenga que recurrir al onanismo para conciliarlo finalmente.
Mientras todo esto pasa sin que él se dé cuenta, va recorriendo Twitter buscando dos cosas: confirmación a sus creencias y enemigos. La primera le da dopamina, la segunda adrenalina. El algoritmo de Twitter lleva años observándolo, sabe exactamente qué le hace responder y qué le hace insultar, y se lo va entregando, en la dosis exacta que hace que ni se aburra y se marche, ni se enfade y se marche. Él cree que está leyendo textos al azar, pero en realidad lo están alimentando. En un momento dado el algoritmo le pone delante un textito mío que cuestiona los estudios sobre cambio climático, le salta la alarma, y lo que ocurre entonces en ese cerebro es absolutamente fascinante:
Lee el texto, usando el mismo sistema que cualquier otro individuo de su especie, pero, un milisegundo después, cuando esas palabras chocan con algo que tiene guardado como su propia identidad, reacciona de forma agresiva. Insulta. Quiere hacer daño. Se le activan la amígdala y la ínsula. Son las mismas estructuras que se activan ante un depredador. Su cerebro no ha registrado ni un solo dato. No. Ha registrado "peligro".
El hipotálamo da la orden de soltar un poco de adrenalina. El corazón se acelera, las pupilas se dilatan, la sangre va a los músculos. Es la misma respuesta que permitía a sus antepasados escapar de un leopardo en un árbol, pero el leopardo en el árbol de este sujeto ha sido un tuit. La parte del cerebro que podría haber parado todo esto, la corteza prefrontal, la que es capaz de razonar y preguntarse si el otro tiene razón, no ha intervenido. Con la adrenalina alta y sin sueño, esa región del cerebro se apaga. No es maldad. Es que no había nadie al volante.
Y fíjense en su respuesta. No ha respondido al agrumento, porque el argumento nunca llegó a una zona del cerebro capaz de leerlo. Ha respondido atacando. Es territorialidad pura. Es el babuino que no puede ganar una pelea y enseña los colmillos. Y otra cosa muy interesante es que no me ha llamado "hijo de puta fascista", que es la reacción normal. Me ha dicho que no tengo neuronas. Es decir, lo que ha dicho es "si no piensas como yo, es que no eres inteligente". Para este cerebro la posibilidad de estar equivocado no existe como opción, así que la única explicación disponible para el desacuerdo es un defecto en el otro. Los psicólogos llaman a esto "realismo ingenuo": yo veo la realidad, y quien no la ve como yo es que no ve. No hay reacción más primate. Es interesantísimo.
Cuando me ha insultado y le ha dado a "publicar", su cerebro le ha dado un premio de dopamina anticipando la aprobación de la manada. Algún like caerá, o por lo menos molestará. Había un psicólogo de Harvard que adiestraba palomas con ese mismo mecanismo. Lo explican muy bien al principio de una de mis películas favoritas, Las Posibles Vidas De Mr.Nobody. Skinner, el psicólogo este, descubrió que si le daba comida a las palomas cada minuto, sin que dependiera de nada de lo que ellas hicieran, cada paloma acababa repitiendo lo que estuviera haciendo justo cuando cayó la comida en el comedero: una giraba sobre sí misma, otra picoteaba una esquina, otra movía la cabeza, y a partir de ahí lo repetían convencidas de que el gesto era lo que les daba la recompensa. Skinner lo llamó superstición de la paloma. Twitter es exactamente eso: una caja con un botón que a veces da premio y a veces no. Seguramente el espécimen escribió alguna vez un insulto sobre la inteligencia de alguien y le cayeron diez o doce likes, y desde entonces está repitiendo la misma conducta en busca de dopamina. Si tuviera que apostar, me jugaría 100 euros a que es un comportamiento habitual en él y desde hace años.
¿Mi diagnóstico? homínido adulto que lleva tantos años dejando que la amígdala y el algoritmo tomen las decisiones que la parte que piensa se ha quedado como un músculo fofo, sin entrenar: existe, pero ya no aguanta el peso de un argumento. No es tonto. Es algo peor, es un sujeto que en lugar de pensar, reacciona, porque reaccionar le da premio y pensar no. Mi pronóstico es que seguirá picoteando la esquina.
Y hasta aquí mi observación. Ya está, @Tuit_Lone_Star, hemos terminado. Ya puede moverse. ¿Ve? ¿A que no ha dolido? Se lo dije. Le deseo que pase usted un muy bonito día de sábado, y gracias por prestarse al experimento. Un abrazo, amigo.
Cuando yo era un niño, femboy, allá por el Cretácico, pusieron un circo en mi barrio, en la explanada donde jugábamos al fútbol los chavales. Como era algo nuevo, la madre de mi mejor amigo nos llevó a verlo, yo tendría ocho años quizás, por ahí, y allí fuimos él y yo con su madre y una vecina que nos acompañó. Mi amigo iba con la equipación del Betis con el nombre de Alfonso detrás, el delantero de moda aquella época, y yo llevaba una camiseta amarilla de Desigual con las Páginas Amarillas serigrafiadas, horrible, pero que a mí me encantaba. Al llegar nos pusimos en la parte más alta de la grada, arriba del todo, a la izquierda del escenario. No había nadie a nuestra altura, y nos sentíamos listísimos porque pensábamos que lo íbamos a ver todo súper bien. En un momento dado salió un gitano rumano al escenario con un burro amaestrado que respondía preguntas, el burro, no el gitano. Ese pobre animal decía que sí o que no con la cabeza. El gitano le preguntó: ¿es aquella la más guapa del circo? Y el burro dijo que no. Entonces la más guapa es la que está al lado, la que lleva tal prenda. Y el burro dijo que sí, ¡un aplauso para la más guapa del circo! Y ya te lo ves venir. De pronto el gitano dice: ¿y el más feo del circo quién es? Otea el horizonte, mira toda la grada y dos niños, uno de rayas verdes y blancas y el otro con forma y color limón, en todo lo alto, y dice: ¿el que lleva la camiseta del Betis? Y el puto burro dice que no con la cabeza. Entonces es el de amarillo que está al lado, dice el gitano rumano, y el burro, siguiendo el patrón previsible, contesta que sí. Yo me moría de vergüenza. Y así, femboy, es como me eligieron el niño más feo del circo. Y tú te estarás preguntando @ultranatfemboy que por qué te cuento todo esto. Para que sientas lo mismo que he sentido yo al leerte y entiendas lo que es que te cuenten algo que te importa una mierda.
Cuando yo era un niño, femboy, allá por el Cretácico, pusieron un circo en mi barrio, en la explanada donde jugábamos al fútbol los chavales. Como era algo nuevo, la madre de mi mejor amigo nos llevó a verlo, yo tendría ocho años quizás, por ahí, y allí fuimos él y yo con su madre y una vecina que nos acompañó. Mi amigo iba con la equipación del Betis con el nombre de Alfonso detrás, el delantero de moda aquella época, y yo llevaba una camiseta amarilla de Desigual con las Páginas Amarillas serigrafiadas, horrible, pero que a mí me encantaba. Al llegar nos pusimos en la parte más alta de la grada, arriba del todo, a la izquierda del escenario. No había nadie a nuestra altura, y nos sentíamos listísimos porque pensábamos que lo íbamos a ver todo súper bien. En un momento dado salió un gitano rumano al escenario con un burro amaestrado que respondía preguntas, el burro, no el gitano. Ese pobre animal decía que sí o que no con la cabeza. El gitano le preguntó: ¿es aquella la más guapa del circo? Y el burro dijo que no. Entonces la más guapa es la que está al lado, la que lleva tal prenda. Y el burro dijo que sí, ¡un aplauso para la más guapa del circo! Y ya te lo ves venir. De pronto el gitano dice: ¿y el más feo del circo quién es? Otea el horizonte, mira toda la grada y dos niños, uno de rayas verdes y blancas y el otro con forma y color limón, en todo lo alto, y dice: ¿el que lleva la camiseta del Betis? Y el puto burro dice que no con la cabeza. Entonces es el de amarillo que está al lado, dice el gitano rumano, y el burro, siguiendo el patrón previsible, contesta que sí. Yo me moría de vergüenza. Y así, femboy, es como me eligieron el niño más feo del circo. Y tú te estarás preguntando @ultranatfemboy que por qué te cuento todo esto. Para que sientas lo mismo que he sentido yo al leerte y entiendas lo que es que te cuenten algo que te importa una mierda.
Hola @Tuit_Lone_Star. Buenos días. A mi eso de abrir cráneos para ver qué ocurre ahí dentro me parece una idea fantástica. El suyo es el que tengo más a mano, así que permítame, por favor. Sólo tiene que quedarse quieto, será un momentito. Tranquilo, que no duele.
Los demás, acérquense, por favor, que esto es muy interesante. Fíjense en este espécimen de homínido:
No puede dormir. Eran las cuatro de la madrugada cuando escribió eso. Por tanto, inferimos poca luz, probablemente luz azul de la pantalla del móvil, que está a unos centímetros de su cara. El sujeto no lo sabe, pero la luz azul del móvil está avisando al hipotálamo de que es de día, así que la pineal deja de segregar melatonina. Este es el motivo de las gafas amarillas de Marcos Llorente. Cada minuto que pasa, nuestro homínido tiene menos sueño, y probablemente tenga que recurrir al onanismo para conciliarlo finalmente.
Mientras todo esto pasa sin que él se dé cuenta, va recorriendo Twitter buscando dos cosas: confirmación a sus creencias y enemigos. La primera le da dopamina, la segunda adrenalina. El algoritmo de Twitter lleva años observándolo, sabe exactamente qué le hace responder y qué le hace insultar, y se lo va entregando, en la dosis exacta que hace que ni se aburra y se marche, ni se enfade y se marche. Él cree que está leyendo textos al azar, pero en realidad lo están alimentando. En un momento dado el algoritmo le pone delante un textito mío que cuestiona los estudios sobre cambio climático, le salta la alarma, y lo que ocurre entonces en ese cerebro es absolutamente fascinante:
Lee el texto, usando el mismo sistema que cualquier otro individuo de su especie, pero, un milisegundo después, cuando esas palabras chocan con algo que tiene guardado como su propia identidad, reacciona de forma agresiva. Insulta. Quiere hacer daño. Se le activan la amígdala y la ínsula. Son las mismas estructuras que se activan ante un depredador. Su cerebro no ha registrado ni un solo dato. No. Ha registrado "peligro".
El hipotálamo da la orden de soltar un poco de adrenalina. El corazón se acelera, las pupilas se dilatan, la sangre va a los músculos. Es la misma respuesta que permitía a sus antepasados escapar de un leopardo en un árbol, pero el leopardo en el árbol de este sujeto ha sido un tuit. La parte del cerebro que podría haber parado todo esto, la corteza prefrontal, la que es capaz de razonar y preguntarse si el otro tiene razón, no ha intervenido. Con la adrenalina alta y sin sueño, esa región del cerebro se apaga. No es maldad. Es que no había nadie al volante.
Y fíjense en su respuesta. No ha respondido al agrumento, porque el argumento nunca llegó a una zona del cerebro capaz de leerlo. Ha respondido atacando. Es territorialidad pura. Es el babuino que no puede ganar una pelea y enseña los colmillos. Y otra cosa muy interesante es que no me ha llamado "hijo de puta fascista", que es la reacción normal. Me ha dicho que no tengo neuronas. Es decir, lo que ha dicho es "si no piensas como yo, es que no eres inteligente". Para este cerebro la posibilidad de estar equivocado no existe como opción, así que la única explicación disponible para el desacuerdo es un defecto en el otro. Los psicólogos llaman a esto "realismo ingenuo": yo veo la realidad, y quien no la ve como yo es que no ve. No hay reacción más primate. Es interesantísimo.
Cuando me ha insultado y le ha dado a "publicar", su cerebro le ha dado un premio de dopamina anticipando la aprobación de la manada. Algún like caerá, o por lo menos molestará. Había un psicólogo de Harvard que adiestraba palomas con ese mismo mecanismo. Lo explican muy bien al principio de una de mis películas favoritas, Las Posibles Vidas De Mr.Nobody. Skinner, el psicólogo este, descubrió que si le daba comida a las palomas cada minuto, sin que dependiera de nada de lo que ellas hicieran, cada paloma acababa repitiendo lo que estuviera haciendo justo cuando cayó la comida en el comedero: una giraba sobre sí misma, otra picoteaba una esquina, otra movía la cabeza, y a partir de ahí lo repetían convencidas de que el gesto era lo que les daba la recompensa. Skinner lo llamó superstición de la paloma. Twitter es exactamente eso: una caja con un botón que a veces da premio y a veces no. Seguramente el espécimen escribió alguna vez un insulto sobre la inteligencia de alguien y le cayeron diez o doce likes, y desde entonces está repitiendo la misma conducta en busca de dopamina. Si tuviera que apostar, me jugaría 100 euros a que es un comportamiento habitual en él y desde hace años.
¿Mi diagnóstico? homínido adulto que lleva tantos años dejando que la amígdala y el algoritmo tomen las decisiones que la parte que piensa se ha quedado como un músculo fofo, sin entrenar: existe, pero ya no aguanta el peso de un argumento. No es tonto. Es algo peor, es un sujeto que en lugar de pensar, reacciona, porque reaccionar le da premio y pensar no. Mi pronóstico es que seguirá picoteando la esquina.
Y hasta aquí mi observación. Ya está, @Tuit_Lone_Star, hemos terminado. Ya puede moverse. ¿Ve? ¿A que no ha dolido? Se lo dije. Le deseo que pase usted un muy bonito día de sábado, y gracias por prestarse al experimento. Un abrazo, amigo.
Hay un artefacto de estos vibecodeados en Claude para apostar provincia a provincia los resultados el 29N.
Esta es mi apuesta siendo hoy lunes 19 de octubre, casi doce de la noche, con mes y medio por delante y sabiendo que puede pasar de todo, literalmente.
Quién va a ganar es obvio, la derecha. De largo. Cualquier persona seria con un mínimo de conocimiento demoscópico y político esto no lo discute, la clave va a ser cuánto del bloque de la derecha es Vox y cuánto es PP. Aviso, esta estimación es sin ley de nietos, con ley de nietos la derecha tiene -2 y la izquierda +2. En mis cálculos gana el PP con 139, Vox llega a los 66 escaños y el PSOE aguanta los 103 comiéndose a la matrioska antes conocida como Sumar y ahora llamada Frente Amplio, que en Andalucía por la división, y las dos Castillas se queda en cero. Podemos creo que solo mete uno, que no es Irene Montero, es Alejandra Sandoval por Barcelona que va en las listas de ERC. Ada Colau tiene capacidad de sobra para dividir lo que le queda de apoyo a Irene Montero, por tanto creo que en Madrid Podemos se va a cero. ERC dobla a Junts y Bildu va como un tiro, nunca mejor dicho, y se distancia más del PNV.
El bloque de investidura actual paga caro el último mandato y se queda en 144, a 32 de la absoluta: el PSOE a la guerra civil interna, Sánchez probablemente caiga por fuego amigo, pero la fórmula de la alianza confederal está muerta. Y Junts, que ha sido el protagonista de toda la legislatura, pasa a no pintar nada, y debe dar gracias a que no se presenta Aliança Catalana. Grave error a mi juicio por parte de Orriols, incluso para sus intereses.
Y poco más. Buenas noches.