mecanismo de autoreparación de los Guardianes. A escala reducida, todavía, pero funciona.
—Lo miró—. Significa que el elixir tiene una base sobre la que construir que antes no existía.
—Apretó su mano—.
Estamos más cerca, Fanya.
Pulcinella sobreviviría.
—Dijo, con diversión genuina—.
Aunque el berrinche duraría semanas y tendríamos que escuchar sus quejas en la siguiente reunión de Harbingers.
Vale la pena considerarlo de todas formas.
—Dejó que le tomara la mano, que dejara el beso en los nudillos—
— Sinceramente me muero de ganas de decirle un día a Pulcinella que cancelo el resto de reunión porque tenemos que cenar. El enfado que tendría con nosotros sería monumental~
Ese fae merecía sufrir. Cuando Dottore le sirve más comida echa un pequeño suspiro.
— No me ves tan »
de forma casi involuntaria, esa chispa específica que solo aparecía cuando hablaba de investigación o cuando miraba a Feofan y que llevaba décadas siendo la misma chispa aunque él nunca lo hubiera dicho en voz alta—.
La semana pasada conseguí replicar por primera vez el >
Las seis semanas no se repiten. —Dijo, volviendo a su propio plato—. Lo pongo en el calendario si hace falta, aunque me parece una solución ridícula para algo tan sencillo como cenar.
—Levantó la vista hacia él—.
Cuando no puedas venir tú, vengo yo. Sin excusas de agenda.
Lo sé. —Dijo, finalmente, con una sencillez que en otra persona habría sonado a poco y en él era mucho.
Sirvió más en el plato de Pantalone sin preguntarle, un gesto tan integrado ya en la mecánica de estas cenas que ninguno de los dos lo marcaba como especial aunque lo fuera—. +
— Podría ser por el medovik y no me enfadaría.
Ya llevan un tiempo conociéndose como para que situaciones así le incomoden. Ambos son personas ambiciosas y muy, muy ocupadas, por lo que el tiempo libre realmente es un lujo.
Ante el comentario ajeno hizo caso omiso »
Seis semanas. —Dijo, sin tener que pensarlo.
Comió despacio, sin la urgencia con que a veces engullía en el laboratorio cuando tenía tres experimentos activos y el tiempo era una variable más a gestionar. Aquí no. Aquí el tiempo era de otra clase.
Miró a Pantalone comer y el +
— Qué paladar dulce y ardiente el tuyo. Aguantas esas aromáticas y potentes especias como si fueran la sal en la comida.
En comparación al suyo, que era más simple... Era un buen contraste. Por otro lado, al ver que tomaba la comida antes de ser servida fue allí a »
ritmo que tenía cuando no había nadie mirando, más tranquilo de lo que se permitía en público—.
Has vuelto a olvidar comer. —Dijo, sin acusación. Ya no lo conocía bien—.
Se te nota en cómo vas al plato.
Seis semanas es demasiado. —Añadió con calma, mirándole desde el otro +
antes de que estuvieran oficialmente servidos, comiéndolo directamente, porque llevaban suficiente tiempo juntos para que los formalismos de la mesa fueran una ficción que ninguno de los dos mantenía cuando no había audiencia.
Lo miró desde donde estaba—.
Qué rico...
—Recorrió la mesa con una mirada rápida. El shashlik en su lado. Lo notó sin comentarlo, aunque lo notó completamente, de la misma forma en que notaba cuando Pantalone ajustaba pequeñas cosas sin anunciarlo.
Medovik. —Repitió, con entusiasmo oculto.
Tomó uno de los pelmeni >
No sufrió lo suficiente para su gusto. (?) Mentira. Para hacerle sufrir se bastaba él mismo.
— heh.
Ya para cuando estaban en su residencia...
En la mesa había un agradable festín, compuesto por un plato generoso de pelmeni para dos, una ración de shashlik sazonado »