Hoy celebramos el 100 CUMPLEAÑOS DE #MelBrooks 🥳
Por ello, durante todo el día publicaré videos de uno de los mayores maestros de la comedia que ha existido jamás! ❤️
FELICIDADES Mr. #MelBrooks y gracias por tantas risas!!!
VIDEO #1 👉🏻 Mel siendo Mel... y contando un chiste 😅
Y SI EL PROBLEMA NUNCA FUE SOLAMENTE BIELSA?
Tres errores. Tres goles. Tres partidos…
A veces, en el fútbol, uno más uno no siempre da dos.
Uruguay quedó eliminado y, como siempre, comenzó la búsqueda del culpable.
La respuesta parece obvia. Marcelo Bielsa fracasó. Nunca entendió al futbolista uruguayo, sus métodos no funcionaron y llegó la hora de cambiar de entrenador.
Listo. Caso cerrado.
Sencillo… También incompleto.
Si , Bielsa tiene una parte importante de la responsabilidad. Se equivocó en decisiones, en manejos del grupo y en la forma de conducir un proceso que terminó desgastándose mucho antes de este Mundial.
Sin embargo, es imposible de ignorar que Uruguay recibió tres goles que nacieron de errores propios. Contra Arabia, contra Cabo Verde y hoy frente a España. Tres errores individuales que terminaron condicionando tres partidos. Es imposible saber qué habría pasado sin ellos, pero creo que, hoy estaríamos hablando de otra cosa.
Eso no exime a Bielsa, pero demuestra que la explicación no puede reducirse a una sola persona. En mi post "Yo me equivoqué con Bielsa" dije que el error no fue traer a Bielsa, sino que el error fue creer que el fútbol uruguayo, sus protagonistas y su status quo estaban preparados para un Bielsa.
Recuerdo al Bielsa que nos ilusionó:
Los primeros partidos. Uruguay siendo protagonista.
El de la Copa América 2024, cuando salió públicamente a defender a la selección y a sus futbolistas, esta vez mirando de frente y enérgicamente. Se peleó con medio mundo para respaldar a un grupo que, con el paso del tiempo, terminaría dándole la espalda.
Y a pesar de las críticas, de los desplantes, de las caras largas y de todo lo que fue ocurriendo puertas adentro, jamás escuché a Bielsa responsabilizar públicamente a un futbolista. Nunca lo vi señalar a un jugador para salvarse él. Equivocado o no, siempre asumió la responsabilidad en primera persona.
Ese Bielsa también existió.
Entonces… que pasó?
Bielsa vino a Uruguay con una idea mucho más ambiciosa que cambiar un sistema táctico. Intentó cambiar una cultura futbolística. Instalar otra intensidad de trabajo. Otra disciplina. Otra forma de entrenar. Y ahí empezó el verdadero conflicto.
Sobreestimó la velocidad con la que podía transformar esa cultura. Los jugadores cuestionaron sus métodos, el nivel de exigencia y algunas de sus decisiones. Creyó que podía encontrar fácilmente jugadores capaces de sostener esa revolución. No los encontró. Su fracaso no fue táctico. Fue cultural.
Chocó con esa uruguayez que antiguamente nos hizo grandes, pero que parece haber desarrollado una enorme resistencia a todo lo que venga a cuestionar lo establecido. Trajimos a un revolucionario, y terminamos pidiéndole que se adaptara al sistema que había venido a cambiar.
Pero sería un error decir que toda la responsabilidad es suya. El problema es bastante más profundo.
Los jugadores tienen gran parte de la responsabilidad.
El periodismo también, desde el principio ayudó a construir un clima de confrontación permanente alrededor de la selección.
Los dirigentes tampoco escapan al análisis. Administran una liga que hace años perdió competitividad, y es una de las peores de sudamerica. Mientras la AUF sigue atravesada por disputas de poder, intereses cruzados, representantes y operaciones que muchas veces ocupan más espacio que el propio fútbol.
Si, Bielsa se equivocó. Pero también el Uruguay se equivocó con Bielsa.
Trajimos a uno de los entrenadores más obsesivos, y exigentes para pedirle exactamente lo contrario de lo que es. Cuando intentó cambiar hábitos, aparecieron las resistencias. Cuando tomó decisiones incómodas, se quedó solo. Y cuando los resultados dejaron de acompañarlo, todo el sistema encontró un responsable perfecto.
Eso permite cerrar el ciclo.
Lo que no permite es resolver el problema.
Dentro de unos días Bielsa dejará de ser el entrenador de Uruguay. Y muchos sentirán alivio. Pero si lo único que cambia es el nombre del técnico, dentro de cuatro años volveremos a estar en el mismo lugar.
El verdadero desafío del fútbol uruguayo hoy, es decidir de una vez por todas, qué clase de fútbol quiere ser en el futuro.
Mientras tanto seguiremos explicando quiénes fuimos… Sin poder explicar claramente quiénes somos.
Y SI EL PROBLEMA NUNCA FUE SOLAMENTE BIELSA?
Tres errores. Tres goles. Tres partidos…
A veces, en el fútbol, uno más uno no siempre da dos.
Uruguay quedó eliminado y, como siempre, comenzó la búsqueda del culpable.
La respuesta parece obvia. Marcelo Bielsa fracasó. Nunca entendió al futbolista uruguayo, sus métodos no funcionaron y llegó la hora de cambiar de entrenador.
Listo. Caso cerrado.
Sencillo… También incompleto.
Si , Bielsa tiene una parte importante de la responsabilidad. Se equivocó en decisiones, en manejos del grupo y en la forma de conducir un proceso que terminó desgastándose mucho antes de este Mundial.
Sin embargo, es imposible de ignorar que Uruguay recibió tres goles que nacieron de errores propios. Contra Arabia, contra Cabo Verde y hoy frente a España. Tres errores individuales que terminaron condicionando tres partidos. Es imposible saber qué habría pasado sin ellos, pero creo que, hoy estaríamos hablando de otra cosa.
Eso no exime a Bielsa, pero demuestra que la explicación no puede reducirse a una sola persona. En mi post "Yo me equivoqué con Bielsa" dije que el error no fue traer a Bielsa, sino que el error fue creer que el fútbol uruguayo, sus protagonistas y su status quo estaban preparados para un Bielsa.
Recuerdo al Bielsa que nos ilusionó:
Los primeros partidos. Uruguay siendo protagonista.
El de la Copa América 2024, cuando salió públicamente a defender a la selección y a sus futbolistas, esta vez mirando de frente y enérgicamente. Se peleó con medio mundo para respaldar a un grupo que, con el paso del tiempo, terminaría dándole la espalda.
Y a pesar de las críticas, de los desplantes, de las caras largas y de todo lo que fue ocurriendo puertas adentro, jamás escuché a Bielsa responsabilizar públicamente a un futbolista. Nunca lo vi señalar a un jugador para salvarse él. Equivocado o no, siempre asumió la responsabilidad en primera persona.
Ese Bielsa también existió.
Entonces… que pasó?
Bielsa vino a Uruguay con una idea mucho más ambiciosa que cambiar un sistema táctico. Intentó cambiar una cultura futbolística. Instalar otra intensidad de trabajo. Otra disciplina. Otra forma de entrenar. Y ahí empezó el verdadero conflicto.
Sobreestimó la velocidad con la que podía transformar esa cultura. Los jugadores cuestionaron sus métodos, el nivel de exigencia y algunas de sus decisiones. Creyó que podía encontrar fácilmente jugadores capaces de sostener esa revolución. No los encontró. Su fracaso no fue táctico. Fue cultural.
Chocó con esa uruguayez que antiguamente nos hizo grandes, pero que parece haber desarrollado una enorme resistencia a todo lo que venga a cuestionar lo establecido. Trajimos a un revolucionario, y terminamos pidiéndole que se adaptara al sistema que había venido a cambiar.
Pero sería un error decir que toda la responsabilidad es suya. El problema es bastante más profundo.
Los jugadores tienen gran parte de la responsabilidad.
El periodismo también, desde el principio ayudó a construir un clima de confrontación permanente alrededor de la selección.
Los dirigentes tampoco escapan al análisis. Administran una liga que hace años perdió competitividad, y es una de las peores de sudamerica. Mientras la AUF sigue atravesada por disputas de poder, intereses cruzados, representantes y operaciones que muchas veces ocupan más espacio que el propio fútbol.
Si, Bielsa se equivocó. Pero también el Uruguay se equivocó con Bielsa.
Trajimos a uno de los entrenadores más obsesivos, y exigentes para pedirle exactamente lo contrario de lo que es. Cuando intentó cambiar hábitos, aparecieron las resistencias. Cuando tomó decisiones incómodas, se quedó solo. Y cuando los resultados dejaron de acompañarlo, todo el sistema encontró un responsable perfecto.
Eso permite cerrar el ciclo.
Lo que no permite es resolver el problema.
Dentro de unos días Bielsa dejará de ser el entrenador de Uruguay. Y muchos sentirán alivio. Pero si lo único que cambia es el nombre del técnico, dentro de cuatro años volveremos a estar en el mismo lugar.
El verdadero desafío del fútbol uruguayo hoy, es decidir de una vez por todas, qué clase de fútbol quiere ser en el futuro.
Mientras tanto seguiremos explicando quiénes fuimos… Sin poder explicar claramente quiénes somos.
@pacopolit Los que hemos seguido la clasificación Conmebol de Uruguay, sabemos de qué pie cojea cada uno en esa selección.
Y Bielsa, precisamente, no es un mentiroso.
La experiencia de Marcelo Bielsa en Uruguay deja una enseñanza que va mucho más allá de los resultados. Desde su llegada intentó cambiar la identidad de un equipo históricamente asociado a un fútbol de fricción y duelos físicos, para convertirlo en uno protagonista, ofensivo y capaz de jugar con la pelota al piso.
Pero el proceso encontró resistencias. Los jugadores cuestionaron sus métodos y el nivel de exigencia, mientras que Bielsa tomó decisiones fuertes al apartar a referentes que consideraba incompatibles con su idea de juego. El propio entrenador reconoció que no había logrado cambiarles la mentalidad y asumió su responsabilidad.
Sin embargo, las transformaciones nunca dependen de una sola persona. Un entrenador puede proponer un camino, pero necesita jugadores dispuestos a recorrerlo. Y el fútbol que pregona Bielsa exige algo fundamental: futbolistas inteligentes. No alcanza con correr y meter. Hace falta entender espacios, interpretar movimientos, tomar decisiones rápidas y animarse a abandonar hábitos profundamente arraigados.
También es cierto que la personalidad de Bielsa nunca terminó de generar la confianza y la cercanía necesarias para sostener un cambio tan profundo. Ese, probablemente, sea su gran defecto: muchas veces sus ideas convencen más que sus formas, y construir una revolución cultural también exige crear vínculos y lograr que los futbolistas se sientan parte del proceso.
El gran desafío en Uruguay no fue táctico ni físico, sino cultural. Bielsa intentó modificar una manera de entender el fútbol y se encontró con un grupo que, en gran medida, no estuvo dispuesto a sostener ese cambio.
Las revoluciones futbolísticas necesitan de un entrenador convencido, pero también de jugadores inteligentes, abiertos al aprendizaje y comprometidos con una nueva idea. Sin esa combinación, cualquier transformación queda a mitad de camino.
@ciberchenet Penúltima jornada de liga . Saqué entrada para el Ciutat por si le amonestaban (llevaba 4 amarillas) o le expulsaban, y no podía verle por última vez en Mestalla, como así ocurrió.
Le expulsaron y al llegar a casa lloré amargamente hasta dormirme.
@90minuts Y después de ver las interpretaciones del himno estadounidense, tanto en el Gran Premio de las Américas como en la final del Masters 1000 de Miami, sigo pensando que la de Enrico Palazzo es, sin duda, la mejor de la historia.
@lapcfutboleria@artu_garsan Rápido al corte y valiente anticipando.
Ahí está el choque contra Julio Cruz y Materazzi, al final de aquel partido contra el Inter. Iba con todo a pesar de saber que se llevaría un buen recado.