Balance electoral. El deterioro de la democracia en esta campaña ha sido pavoroso: 1. Insultos, no debates. 2. Ataques anticipados y sin pruebas al organismo electoral. 3. Fantasma de un fraude no se sabe con qué intenciones. 4. Desaparición terminal de los partidos. El Liberal está disuelto. 5. Presencia de dinero en las campañas sin antecedentes. El control de gastos desbordado. 6. Utilización como nunca desde antes de los años cincuenta del poder del Estado a favor de un candidato. 7. Ataques a la prensa. 8. Los medios de comunicación del Estado al servicio de una candidatura de manera obscena. 9. Redes sociales anónimas destruyendo reputaciones de manera desenfrenada. 10. Inteligencia Artificial que ha liquidado la posibilidad de saber la verdad. Lo que era evidencia, ahora es ficción. COLOMBIA HA MARCHADO HACIA ATRÁS EN LA BÚSQUEDA DE LA DEMOCRACIA.
@petrogustavo@petrogustavo no tiene derecho a opinar nada cuando nuestro país no es ejemplo de lo que escribe….tal cual lo vivido en Bogotá una ejecución nula.
#ALaCallePorMiPaís
¿Ustedes de verdad creen que no hay razones para no marchar el 23 de noviembre, que es una pataleta de unos desocupados y que eso no sirve de nada? Un país se pierde por esa desidia, por la pereza de sacrificar unas horas para defender el país, por la vanidad de quien se cree mejor que el otro, por cobardía de darle la cara a un dictador, por torpeza política de creer que uno le está haciendo campaña al otro.
Colombia no va bien. Y no va bien porque este gobierno se ha encargado de que así sea.
Colombia vivió su peor septiembre en el sector de la construcción de los últimos 10 años, lleva ya tres meses como el de mayor caída de empleo. Esto no afecta a los constructores ricos, como muchos de izquierda se vanaglorian decir. Los ricos ya tienen su fortuna protegida. Esto en realidad golpea a la clase media, a la clase baja.
El dólar ya va en 4.400 pesos, lo que nos empobrece en los mercados internacionales y nos impide ser competitivos. Además, con el vergonzoso papel del ministro del Interior, proponiendo una reforma a las transferencias que quebraría al país y nos sumiría en una crisis de proporciones mayúsculas, el dólar se dispararía mucho más.
El gobierno de Petro premia a presuntos acosadores sexuales. Denuncias en contra del ministro de Tecnología, del director de RTVC, de un exdocente de la Nacional experto en el Medio Oriente, del director de la SAE, etc..., son ignoradas y las denunciantes amenazadas y estigmatizadas. Las mujeres son tratadas como una basura en los confines del Pacto Histórico.
La industria de hidrocarburos y generadoras de energía, que podrían sacar este país adelante y ayudarlo a disminuir la pobreza, paralizada por la ideología retardataria y fundamentalista de un régimen obtuso y terco.
Este es un gobierno que premia y alienta a los violadores y asesinos de niños, que les da igual las víctimas.
Este es un gobierno que se dedicó a destruir la salud y ya comienzan a aparecer los primeros muertos y abandonados por el sistema que implementó Petro.
Estamos ante un ministro de Educación que está armando un ejército de estudiantes para volver a incendiar las calles, que está diciendo que los ricos van a tener que pagar el sueldo de todos los profesores del país, que estarán en nómina, que quiere acabar con la educación privada.
Tenemos un gobierno ahogado por la corrupción, un gobierno con acusaciones gravísimas de haber hecho trampa para llegar al poder, de usar el poder para poner a amigos, familiares y cobrar vacunas. Este es un gobierno que además persigue a periodistas con su fiscal de bolsillo. Es un gobierno lamentable, indigno y vergonzoso.
Tenemos a un presidente fundamentalista, promotor de grupos terroristas internacionales, defensor de dictaduras como la de Venezuela, un mandatario sin ética, sin moral, capaz de lo más perverso que hay en el ser humano, un personaje que ha hecho de la maldad y de la mentira un ejemplo de cómo actuar.
Y podríamos aquí hacer un trino infinito. Si nada de lo anterior los convence a marchar el 23 de noviembre en todo el país, está bien, están en su derecho, pero no lamenten no haberlo hecho cuando ya no se pueda o sea demasiado tarde.
#TodosALaCalle23N
@petrogustavo Que lindo sería invertir lo que invierte en vídeos como este, en apoyar realmente a los necesitados, no se trata de usted, se trata de los colombianos “presidente”
@petrogustavo Mucha tristeza en la juventud que creyó en usted y su gobierno, se repite la historia de su alcaldía en Bogotá, solo bla, bla y de ejecución cero.
Nunca he leído una radiografía más precisa, más aguda, más perfecta sobre @petrogustavo. El académico, este sí de verdad, preparado y estudioso, Andrés Caro, hace una disección clara del mandatario colombiano y su cada vez más delirante paranoia. Recomiendo no solo su lectura, sino que compartan esto por doquier, en sus redes sociales, en sus grupos de WhatsApp, que lo lean con sus colegas y familiares.
Gracias a @gabrielsilvaluj por haberla puesto en su X.
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"Golpe de realidad
Tal vez el error más grande del presidente es creer que la gente lo ve como él se ve a sí mismo.
Es un error clásico. Es el error de los héroes trágicos. Es Edipo arrancándose los ojos al descubrir quién ha sido siempre: el asesino de su padre, el hombre que se acuesta con su madre, el padre-hermano de sus hijos. Es Edipo tirano, como dice el título original de la obra, y no “Edipo rey”.
Pero el del presidente no es un caso semejante al del desgraciado Edipo; su error no es tan atávico. Su error está, simplemente, en la desmesura y en la falta de conocimiento de sí mismo. El presidente se ve distinto a como es en realidad: lo que desconoce no es un secreto terrible, como el de Edipo, sino el tamaño de su ignorancia y la irrelevancia en la que está cayendo con sus cuentos.
Y este error, como la peste tebana, parece haber contagiado a todo el petrismo.
La izquierda y el presidente ganaron las elecciones de 2022: es verdad. Tienen un mandato que va hasta agosto de 2026 y del que nadie está dudando.
Es verdad, también, que ese fue un triunfo importante: la izquierda ganó después de setenta años de consensos centristas y conservadores.
En 2022, ganó la presidencia un guerrillero desmovilizado.
Una mujer negra ganó la vicepresidencia.
Todo esto es muy importante.
Pero el presidente y su movimiento se cuentan esta historia como si se tratara de una épica.
¿El escenario? Un país injusto y con violencia endémica. Un país, como Tebas, cubierto de oscuridad y dominado por líderes corruptos. Un país de pocos ricos que explotaban a los pobres.
¿La acción? Una campaña presidencial que fue, más bien, un acto de emancipación que partió la historia en dos y que le dio a Colombia, como citó el presidente en su posesión, “una segunda oportunidad sobre la tierra”. Más que una campaña, lo del presidente fue una gesta y una purga. Él vino a curarnos de nuestra iniquidad.
¿El héroe? Gustavo Petro. Más que un candidato, una fuerza de la naturaleza personificada. Un genio, según su hermano. El representante de la vida.
¿El antagonista? El establecimiento, que es, al mismo tiempo, el uribismo, el santismo, el paramilitarismo, el neoliberalismo, Hitler, las EPS, las universidades privadas, los tecnócratas, los ricos, los israelíes, Elon Musk, el imperialismo, el fascismo, la derecha, las periodistas y la prensa, el Consejo Nacional Electoral, el Banco de la República y los jueces (a veces). Los representantes de la muerte.
Los errores están en que la realidad no es así, ni su campaña fue así, ni su gobierno es así, ni él es como se imagina.
El país es injusto, violento y desigual. Pero está mejor que hace treinta años. Nuestra democracia es más abierta y nuestras instituciones son mejores. Hay menos hambre y menos pobreza.
La campaña tampoco fue una campaña sorprendente o admirable. Era el candidato que iba a ganar. Lo único que tenía que hacer era no perder. Colombia, como otros países, venía de un levantamiento social, de una pandemia y de un gobierno impopular. Gustavo Petro le hizo oposición a Iván Duque, no a Sauron.
Y le ganó a Rodolfo Hernández: un candidato tan malo, tan cuestionado, tan satisfecho en su propia chabacanería, que su muerte, hace unos días, no despertó ninguna emoción.
La del presidente fue una victoria previsible, apoyada por los más grandes manzanillos y por parapolíticos, y patrocinada por exnarcotraficantes, exparamilitares, mega contratistas y estafadores digitales.
En 2022, Goliat le ganó a David, que era el ingeniero impresentable.
Y el protagonista de esa historia no es un hombre tan excepcional como cree. No es un estadista, sino un provocador. No es un genio, sino un charlatán.
Por ejemplo, hace un par de semanas, en la posesión de la defensora del pueblo, el presidente dio un discurso confuso sobre todas las cosas del mundo. Habló de películas italianas, del fascismo, de la “praxis”, de la ciencia, de la paternidad, del corto exilio de su hija, de la esclavitud, de Bolívar, de las periodistas que son “muñecas de la mafia”, de Benkos Biojó, de las personas negras, de los hombres negros que son conservadores (habló, así, del presidente de la Corte Suprema) y de la dictadura que dice que fue el gobierno anterior.
Habló también del Quijote y de Rousseau. Dijo que “no era sino juntar el Quijote de la Mancha Errante y Rousseau y teníamos la tesis fundamental de nuestra propia libertad”.
El presidente citó mal el libro para compararse con don Quijote: “Por el camino voy deshaciendo entuertos, cabalgando mi rocinante, llevándome aldaba y mi lanza y con mi escudero al lado para que no me pase nada malo, puedo ir por todos los rincones del mundo cabalgando, deshaciendo los entuertos de la injusticia”.
Así, con palabras que un personaje de ficción nunca dijo, el presidente se imagina su obra.
La comparación es tierna y dice mucho. Muestra la imaginación tan simple del presidente, su destreza de confiado, pero mal estudiante, lo superficial de sus lecturas y lo ramplonas que son sus parábolas. Dice mucho, también, porque muestra que el presidente nunca se leyó el Quijote, o nunca lo entendió, pero que ve al héroe como un semejante.
Don Quijote, como explicó Carolina Sanín en uno de sus monólogos, era un “viejo loco”, al que se le “secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio” de tanto leer libros de fantasía y que decidió ser un caballero armado (en un tiempo en que ya no había caballeros armados), para hacer una campaña inventada, con amantes y enemigos imaginarios.
Lo trágico, claro, es que el presidente no se parece al don Quijote que él se imagina, pero sí, en algo, al don Quijote que se imaginó Cervantes. Aunque no tiene ni su gracia ni su grandeza triste, sí se parece al intransigente que ve gigantes donde hay molinos, al que impone un ideal de justicia que no existe sino en su mente, al que por hacer la paz extiende la guerra y la violencia, al que tratando de “deshacer entuertos” crea más y peores problemas para la gente que se encuentra en el camino.
Un presidente que se siente como un Quijote pasado por Rousseau es un mal presidente, que no ve la realidad como es, sino como quiere que sea. Pero, a diferencia de don Quijote, el bienestar de millones depende de la forma como un presidente ve y juzga la realidad y a sí mismo.
Imaginarse como un don Quijote heroico, o como la vanguardia de la lucha mundial contra el fascismo y el cambio climático, o como una víctima del establecimiento, le sirve a él para contarse una historia.
Pero esa historia no es más que un cuento. Sus “golpes blandos” son como los gigantes que son molinos. La realidad es que nadie está tratando de tumbarlo y que su gobierno ha sido decepcionante.
Creerse sus cuentos le puede servir al presidente para inventarse una historia en la que él aparece como un héroe portentoso.
Pero lo único verdaderamente portentoso es la realidad, que termina siempre por imponerse y que al final, como dijo Mike Tyson, le termina pegando a uno un puñetazo: un golpe como el que las aspas del molino le dieron a don Quijote.
Mientras el presidente y sus seguidores sigan viéndose como no son, y mientras él siga contándose y creyéndose sus mentiras, este será un mal gobierno, construido con promesas tan fantásticas como las amenazas que denuncia.
Al final, el golpe será estruendoso.
Y no será un golpe de Estado, blando o duro, sino un golpe de realidad".
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