Habían pasado varios días desde aquel trágico acontecimiento. Su hambre no dejaba de crecer, devorando poco a poco lo que quedaba de su humanidad. Aquella noche, como cualquier otra, e el instinto se volvió incontrolable.
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Estaba a solo un segundo de hundir sus colmillos en su cuello cuando una voz conocida la detuvo en seco.
“Vete de aquí Dash…”
exclamó con voz ronca y quebrada.
Levantó la mirada lentamente, con el corazón encogido.