—Y tienes buen ojo.
Acompaña con su propia risa. Le pone una mano en el hombro y da un par de palmadas.
—Eso es más que suficiente, agradezco tu sentido de la aventura.
Retira la mano.
—Hmm... si no veía doble para ese punto recuerdo que unos diez. El resto montaba guardia.
— Vamos que no es tu primera vez así ¿me equivoco?
Río, de gentil tenía poco, se acomoda su ropa para después cruzarse de brazos
— Te equivocas, no soy nada genti, pero si te vi tirado en el suelo y me entró curiosidad. ¿Cuantos erais por curiosidad?
—Pierde cuidado, ellos saben que volveré al puesto en una pieza.
Revisa sus bolsillos y saca una moneda, que deja como propina en la mesa de al lado.
—Y sino, la fortuna estará de mi lado y me pondrá a alguien gentil como tú que me dé el recordatorio.
— Te vi solo tirado en el suelo así que supongo que si.
Tampoco sabe porque lo paro, lo que es hablar con los demás nunca está en su plan.
— A la próxima mejor traete alguien que no te deje tirado después de beber, que eres bastante grande para estar tirado en el suelo
—Pues sí hablas de precisamente aquí, nunca está de más hacer una parada para hidratarse, ¿no crees?
Estira el cuello lado a lado.
—Aunque las siestas no suelen ser parte del plan, jaja.
Mira a su alrededor.
—Y si nadie más me levantó antes supongo que los demás ya pagaron.
— ¿Bardo de pacotilla? Jaja, en realidad le queda bastante bien.
El sabia bastante bien que era Bárbatos, era fácil saberlo cuando eran iguales.
— Pues un placer de vuelta Varka ¿Y que te trae por aquí? Estamos muy lejos de Mondstadt.
Ahora es cuando aprieta la pierna de la albina. Lo hace suavemente, al mismo tiempo que coordina ese travieso cariño con una conexión muy natural entre las comisuras de los labios de ambos. Se mantiene igual de cerca.
+
—Ah... Barb-
Intuye que no es buena idea revelar su nombre tan a la ligera.
—B-bardo de pacotilla.
Lo primero que se le ocurrió para disimular fue el apodo de Paimon.
—Sí.
Recupera la compostura. Y responde, confiado y seguro.
—Estás frente a uno auténtico.
— Estuve un tiempo por allí... Y un bardo borracho hablo de vosotros un día pero no recuerdo más.
Y espera no ver más ese bardo, un día toco llevarlo arrastrando para sacarlo del bar.
— ¿Eres uno de ellos deduzco no?
Por su sonrisa imagina que sus dudas no pasaron desapercibidas. Es natural su confusión, espera poder despejarlas pronto, aunque no quiere ser descortez.
—Oh... una mente brillante por aquí.
Halago genuino.
—Imagino que también has oído hablar de los caballeros de Favonious.
Ladeo su cabeza, supuso porque la confusión del contrario así que una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios. Cuando dijo su nombre y del lugar que cree que procede asintió.
— Así es, pero llevo unos años viviendo en Sumeru. Su nombre de suena de algo... ¿Eres de Mondstadt?
—Vaya, nombre de chico...
Murmuró.
—Pero...
Contrastó dicha información con su apariencia, cuanto menos voluptuosa, pensó. No le dio importancia.
—Olvídalo.
Retira la mano de su cabeza y se señala a sí mismo.
—Varka, ¡mucho gusto! Por tu ropa asumo que eres de Inazuma.
— Kuro.
Le impresionaba la confianza que tomaba el más alto para tocarle la cabeza sin conocerlo de nada, después puso cara de fastidio recordándole lo bajito que era.
— ¿El tuyo cual es? No salgo de mis tierras desde hace mucho y jamás lo vi por aquí.
Se estira y toma asiento sobre el suelo.
—En el campo de batalla el mundo es tu cama.
Pone ambas manos sobre sus propias rodillas y termina por ponerse de pie. Luego, le pone una mano en la cabeza, inconscientemente; le cuesta no hacerlo con personas de esa estatura.
+
— Bueno ahora que te despertaste no deberías dormir en el suelo, dicen que es malo para el cuello.
Tan solo bajo el brazo y le saco la lengua por la disculpa.
—Fiu... menos mal. No deberías jugar con eso.
Silencio, como si no pasara nada, hasta que se da cuenta de que sigue sujetando su antebrazo, el cual suelta despreocupado.
—(entre risas) Lo siento.
Sus ojos abre un poco más ya que no espero que le agarrara el antebrazo, al menos sirvió para despertarlo.
Se aclara la garganta, ya que lo tenía bastante bien agarrado y no quería meterle una patada, por ahora.
— Menti no existe ningún vino, pero si estas dormido en el suelo.
Su brazo largo y fornido se extiende a tomar con firmeza el antebrazo de quien lo sacude.
—¿Quién? ¿Dónde?
Voltea y exclama con una lucidez difícil de creer hace instantes.
Al final pudo notar que estaba borracho y dormido, una risa nasal se le escapó.
— Pues yo a este levantarlo como que no puedo, espero el suelo le sea una buena cama, o se despertará con dolor de cuello lo cual será gracioso.