Es como si una cámara oculta observara al granadinismo para un estudio sociológico marcado por la cuestión: “a ver cuánto aguantan”. El resultado, pase lo que pase, me parece una clamorosa falta de respeto a quienes sienten al Granada CF. Difícil hacerlo peor, pero nunca se sabe.
Nunca se refundó pese a su historia de sinsabores y nostalgias. ‘Los filipinos’ no lo abandonaron. Fantaseó un ‘pasado por delante’ y se tatuó la ‘eterna lucha’. Resurgió, creció, lo agotaron y con sus penurias sigue palpitando como la ilusión de aquel chavea. Siempre Granada CF.