siempre existirá la gloria del color
no la interpretación del arte de una clase media instruida y camaleónica
sino los Bonnard de Saint Tropez
el exquisito Cocteau eternizando a los pescadores de su infancia
para los pobres el dinero siempre llega tarde
cuando no hay recuerdo de la tranquilidad
se cambia de casa se cambia de ropa
no se cambian los colores
que siguen hablando de la memoria de la ira
espero que mi ciudad me despida con grisuras
disimulará nuestros mutuos defectos
y nos quedará la sensación de seguir juntas
en un eterno domingo gris y muerto
pueden borrarse las huellas
matar la mano que escribió aquellos poemas
caer en la cátedra y la impostación
pero yo que tengo memoria de piedra y corazón de trapo
sé dónde cuándo y de quién me despedí
no me iré a la tumba con secretos
me iré a la tumba
con mi dignidad la de mis amigos y la mía
no hicieron mal en confiar en mí
no hice mal en confiar en mí misma
nosotras mujeres de cierto orden con ideas precisas con ninguna idea
que nos sirven para no gritar
con amigos que dicen el amor por la gente
con recuerdos de magnolias en la quinta
He buscado tantos ídolos
me he fascinado por tantos ascetas
he soñado con sus imágenes duras rechazantes
esa pureza que humilla
la confianza en el juicio de los pocos
y sigo desconociendo la puerta única
el día único
el momento único
poco los esperé y ya no lo hago
puedo asegurarles que no les crearé ningún problema
soy muy inofensiva
no me pasearé por el mundo con plumas doradas
ni gritaré a destiempo
sólo que tal vez consiga un bote al exilio
o todo termine en un claustro con una labor de petit point
el hombre que me compra flores
se las guarda en el bolsillo después de dedicármelas
(...)
cuando se ha asegurado de que recuerdo la hora del regreso
me pide que deje de buscar mi maleta
vuelva a calzarme mis incómodos zapatos
y busquemos un buen lugar para comer