Sueño: Introduces en tu bot de sueños el nombre secreto de un ratón. Durante el cigarrito post-sexo, un hábitat extraterrestre fenomenal tiene una pesadilla desde más allá del cinturón de asteroides.
Sueño: Te duele el pecho cuando te das cuenta de un fantasma. Después de que terminas de llorar, un Alfonso Cuarón persa amenaza tu cordura desde una oscura cloaca.
Sueño: Admiras con intensidad una ventana al futuro. Y durante un brillante e interminable femtosegundo, un esponjoso shiba inu bebé elegante intenta ocultarse inútilmente en Hiperbórea.
Sueño: Enciendes una morra. Antes de que empiece la vieja ultraviolencia, el botón que destruye el universo plural juega ruleta rusa desde el Bardo tibetano.
Sueño: Desayunas con un xenomorfo extrañamente conversador y articulado. Justo antes de luchar a muerte contigo, un sacrificio humano fenomenal llora y se le salen los mocos en el núcleo de una estrella enana blanca.
Sueño: Asesinas a un león (que no es como lo pintan). Y poco antes de dar inicio al sabbath oscuro, un filósofo que no cree en su filosofía elemental te propone un acertijo cual esfinge en Puebla.
Sueño: Abres el huevito kinder sorpresa y (para tu sorpresa) adentro hay un jardín británico que no parece normal. Y a las cuatro en punto, una distopía bien pero bien culera salvaje intenta canibalizarte en un universo donde sólo hay perritos y no existe la maldad.
Sueño: Diriges una orquesta en la que participa un artilugio que, razonas, sirve para congelar criogénicamente a los moribundos. Y a la hora del lobo, un muñeco de nieve viviente que procede del antiuniverso roba un tuit en la ciudad sitiada de Bellona.
Sueño: Destruyes absolutamente a un sacrificio humano. En el preciso instante que estalla una supernova a diez años luz de distancia, un Palinuro en la escalera de cinco metros de ancho pide truco o trato desde el antropoceno.
Sueño: Matas con alevosía y ventaja a la puerta de la percepción. Una cantidad no especificada de tiempo después, un perrito obediente acaricia un gato en su camita.
Sueño: Aunque dices que no, sabes que amas a Dios. Durante el cigarrito post-sexo, un detective salvaje que te odia araña tu cara en un lugar que ya existía antes de que existiera nada.
Sueño: Tiendes a secar el prisma solar. Y poco antes de dar inicio al sabbath oscuro, un esponjoso shiba inu bebé de cinco metros de ancho pone en el caldero el ingrediente final de su hechizo desde un café internet ahí por el centro.
Sueño: Aunque dices que no, sabes que amas a una cerveza de raíz. Un milenio después, un Huitzilopochtli plural propone un brindis en las lunas de Saturno.
Sueño: Experimentas el dios que te creó al soñarte. Durante el cigarrito post-sexo, el primer gato del mundo de veinte centímetros te informa que el cosmos es una mera simulación desde la taza del baño.
Sueño: Atontado por el veneno, intentas agarrarte de un conquistador español. Un orgasmo después, un gatorade rojo que te ama irremediablemente escribe un cuento en una granja de bots.
Sueño: Juegas una reñida partida de Risk con un perrito que habla. Y un momento antes del impacto del asteroide que mató a los dinosaurios, una bailarina que ha perdido un zapato homicida se roba un libro en Iztapalapa.
Sueño: Descubres en el desierto de Irem a una tortuga ninja adolescente mutante. Un eón después, un Quetzalcóatl feroz se desconecta de la Matrix en la ciudad sitiada de Bellona.
Sueño: Pintas un hermoso cuadro expresionista usando de modelo a un Roberto Bolaño. Diez meses después, un ratón de computadora cosmopolita huye de la realidad en un bosque que madura quemadura.