28 de octubre de 2024.
Estamos ante el gran día de la carrera de Vinicius Junior, el día en el que se completa el mayor desarrollo de personaje de la historia del fútbol.
Hoy Vinicius Junior entrará en el Olimpo de las leyendas del fútbol, a muchos les dolerá de por vida.
Llegas del cole. Comes y te pones a jugar al Crash Bandicoot en la Play. Paras para merendar un bocata de nocilla y sigues jugando hasta la noche que hay fútbol. Enciendes la tele y ves esto. No lo sabías entonces pero era el mejor momento de tu vida.
Si te vas de vacaciones quédate callado.
Si estás tomando un curso quédate callado.
Si vas a comprar un coche, quédate callado.
La razón por la que la mayoría de nuestros sueños no se hacen realidad es porque se lo contamos a las personas equivocadas en el momento equivocado.
CARTA AL HOMICIDA DE MI HIJO
Esta carta es para ti, para el hombre que segó la vida de mi hijo, a nuestro hijo, para el hombre que ha privado a una hermana de su único hermano, que ha agriado el tiempo que a mis padres les queda por vivir; que ha herido a Sergi, Mariona, Judith, Irma, Jordi, Roger, Maria, Julia, Mireia, Olalla, Sira, Paula, Mónica, Alicia, Pau, Pol,… que ha herido profundamente a unos jóvenes que siguen enviando mensajes a su gran amigo, mensajes sin respuesta. Tu osadia, tu temeridad, tu egoismo, tu falta de respeto hacia todo aquél que no seas tú, han hecho desaparecer de un golpe de acelerador al compañero de clase, al alumno, al futuro profesor de historia, al futuro tio, al futuro padre. Esta carta es para ti, y cuando acabe de escribirla, rozaré con la yema de mi dedo índice el recuadro de la pantalla donde leo “tuita” y esperaré, pacientemente, a que mis palabras se transformen en las ondas que llegan hasta la otra orilla de un estanque de aguas mansas cuando alguien lanza una piedra; esperaré que mis palabras viajen hasta Galicia. No sé si mi carta llegará a tus manos. No me importa. Será suficiente que sepas de su existencia, que sepas que la he escrito para tus oidos, que no para tus ojos, los mismos ojos con los que, dijiste a la juez, haber visto las señales de 70 km por hora y la señal de curva peligrosa; los mismos ojos que vieron una sombra, un animal al que debías esquivar (te escucho declarando ante “su señoría”, impertérrito, mentira tras mentira) y que por eso invadiste el carril contrario impactando como un misil contra la moto que conducía mi hijo ante la mirada horrorizada de su padre. Los mismos ojos que, segun declaraste, vieron a mi hijo tumbado en el arcén de una carretera sin arcén; que no supieron ver a un padre desesperado buscando a un hijo que no encontraba. Saliste del coche y te alejaste todo lo que pudiste, tú y tus dos compañeros. Tú, un enfermero que no socorrió a un herido… ¿O sabías que a la velocidad a la que circulabas, el 116 que luces tatuado en el brazo, y que negaste por segunda vez ante la juez, era imposible que mi hijo hubiera sobrevivido? Nada, no hiciste nada. Ni en aquel momento ni nunca. 👇🏽