En España viven unos 209.000 nacidos en China,
Una comunidad que, en su gran mayoría:
• No pide subvenciones ni Ingreso Mínimo Vital como forma de vida.
• No hace cola en bancos de alimentos.
• No roba móviles, no hace el “mataleón” en los cajeros ni se dedica a robar sistemáticamente.
• No quieren colgar a homosexuales de grúas.
• No les gusta matar a pedradas en la cabeza a mujeres por haber sido infieles.
• No molesta a las mujeres en el metro ni protagoniza agresiones sexuales ni las insultan por ir con minifalda y maquilladas. .
• No llevan a sus mujeres e hijas con sábanas en la cabeza y el cuerpo a 44 grados, tapadas como si fueran ganado.
• Les importa un higo que en los colegios se coma cerdo, pato o fresas. Si no les gusta no lo comen y no están todo el puñetero día dando la tabarra con sus costumbres y sus monsergas.
• No se conoce una sola violacion grupal de chinos a mujeres occidentales en España.
• No impone sus costumbres, su religión ni su forma de vida a nadie.
Trabajan. Muchos son autónomos (bazares, restaurantes, comercios).
De hecho superan los 120.000-137.000 afiliados a la Seguridad Social, con una proporción muy alta de trabajo por cuenta propia frente a otros colectivos.
Las tasas de delincuencia de la comunidad china están por debajo de la media española y muy por debajo de otros orígenes.
Llegan, montan negocio, pagan impuestos, educan a sus hijos y no se convierten en un problema de orden público ni de cohesión social.
Curioso, ¿verdad?
Nadie habla mal de ellos, y son buenos vecinos, y educados.
Mientras tanto, otras “realidades migratorias” solo generan titulares diarios de robos, agresiones, problemas, okupaciones y dependencia de ayudas y paguitas. Vamos que no pegan un solo palo al agua.
Pero de esa diferencia casi nadie quiere hablar. Hay que preguntarse el por qué.