Hay una canción del indio para cada momento.
Para enamorarnos, para reír y disfrutar, para brindar, para llorar, para afrontar un duelo.
El tipo no solo era un genio con las letras, le llegaba a la gente y formaba parte. Así es como un ídolo permanece en el tiempo, eterno.
Claro que se nos iba a ir un viernes este viejo rockero empedernido. Hoy hay fiesta ricotera en el cielo, en la tierra y en el infierno.
Salud, míster.
Hoy llora un pibe en la villa, una chica en la facultad, un laburante precarizado, un intelectual, un preso, una maestra, un desocupado, una ama de casa, un borracho y un ex ministro. Lo lloramos y sabemos que el asunto está ahora y para siempre en nuestras manos.
Nunca nadie encontró formas tan particulares y precisas de describir los sentimientos y las emociones como lo hizo el Indio Solari, quizás algún día con suerte lleguemos a dimensionar el peso de las letras y las canciones de los redondos en la historia de este gran país