Habló, dio la cara, se hizo cargo de todo, protegió al plantel que ya no dirige y nunca buscó excusas ni culpables. Un gesto que habla de la clase de persona que es.
Mis respetos, Marcelo. Un señor del fútbol.
Claro que no somos iguales. Mientras tú saliste de fiesta en plena Copa del Mundo, yo me quedé en mi casa viendo cómo la gloriosa Selección de Japón gana, gusta y golea.