No hay nada que me mueva más que un culo con memoria, de esos que apenas ven el tamaño de lo que les espera, se abren con hambre. Me encanta ese tipo de pelao que ya está acostumbrado al calibre pesado y que te pide a gritos sentirlo a pelo, sin filtros, directo a la fuente.
Lo mejor de todo es el control. Me vuela la cabeza grabarlos mientras los domino, ver a través del lente cómo esa cavidad se traga cada centímetro de mi testosterona. Esos ojos de ángel mirando a la cámara mientras los tengo en cuatro, sometidos y recibiendo su dosis completa, sabiendo que cada gemido y cada embestida queda registrada para la posteridad. Un culito tragón y bien trabajado es una obra de arte que merece ser filmada. 😈🔥📹