Madurar también es elegir una vida tranquila: dejar de correr detrás de amistades o relaciones y sentirte bien con las personas que sí están. Es elegir tu crecimiento por encima del drama, dejar de compararte con los demás y aprender a disfrutar de tu propia compañía. Madurar es elegir una mente en paz y entender que no necesitas a nadie más para ser feliz.
La gente de pulserita rojigualda y almeriensismo por bandera reventando las arcas públicas en plena pandemia. Luego te pegaba su discursito.
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Abrazos de esos donde se aprieta tanto que parece que te van a romper, y en cambio, te reconstruyen.
Abrazos que sabes que los quieres repetir siempre. No se dice nada, pero se aprieta fuerte. Tanto que sonríes al recordarlos.
La manera de dar abrazos.
La mejor manera de conocer a una persona.
Hay que aprender a dejar fluir los amigos, a no reclamar reciprocidad en las relaciones cuando no te la quieren dar, a no forzar vínculos y a hacerse a un lado cuando ya no te sientes parte. No por ellos, sino por uno
"Qué poquísima vergüenza que haga falta otra pandemia para que se nos valore"
Así remata la genial Comparsa Gaditana de Barcelona este resumen de la vida enfermera.
Al final los verdaderos lujos son la salud, el tiempo, la buena compañía, las mañanas tranquilas y la libertad de elegir con quien quieres estar, y que quieras hacer.