"Claro que puedes verla."
Sacó la pistola, se aseguró de que no tuviese balas por si acaso, que no hay que fiarse de nadie y se la tendió a Duncan.
"No creo que la reconozcas..."
Era una pistola bastante moderna, en concreto era esta.
Vamos. —Agradecía el silencio de su familiar.
En efecto, ruinas, solo quedaban ruinas. incluso trató de apartar madera seca con el pie haciendo que se calcinase al roce de su tacón.—
No parece que ningún ser, si quiera, pase por aquí.
Nunca se sabe de qué es capaz una persona hasta que llegan a agotar su paciencia. —Al sentir la sacudida lo liberó por completo.—
Deberíamos de inspeccionar el lugar, empiezo a tener hambre y la comida es escasa.
—Una leve risa salió de ella al ver su reacción.—
Zeal, querido, por ahí no iban mis palabras. —Su diestra llevó a sujetar el rostro ajeno con sus dedos.— Me refería más bien a castigarle, dañarla, hacerle sufrir por no ser lo esperado.
Me es indiferente, no es que estableciese muchas amistades.
—Terminó por separarse de ambos cruzando sus brazos bajo su pecho.—
¿Una lapa? Espero que no le hicieras nada, parecía un bebé.
¿Su comodidad? —Su ceja arqueó, ella podía presumir de ello, pero el chico no estuvo en las mejores condiciones.—
Mientras tenga mi cuarto aquí, me es suficiente. —Terminó por suspirar.— ¿Sabes el número de bajas?
—Al ver a su pequeño, se acercaría directamente a él para acariciar su cabecita con la enguantada mano.—
Ten cuidado, Zeal, que no le entre polvo en su naricita.
—De paso, sacó un pañuelo para colocárselo a Zeal.—
—El olor a polvo de la desastrosa ciudad se adentraba en su nariz provocando que tuviese que cubrirla con un pañuelo.
¿Cuándo iban a solucionar la caótica situación?—
Haberla haylas, mas no es algo que yo desee en mí. —Su diestra llevó a su propia cadera dejando escapar un leve suspiro.—
Me he cruzado con reyes y nobles por estos lares, sin embargo, aquí todos pertenecemos a la misma causa, nadie debería de predominar por encima de otros.
—Quiso preguntar, mas pensaba que era meter sus narices donde no le llamaban, qué le pasaría a un pirata para abandonar su hogar.
Ante sus últimas palabras, no fue el suyo el único rostro en cambiar.—
La institución supremacista que no cree que haya más allá >
Aquí dentro solo soy una igual al resto, fuera llegué a tener mi renombre, mas solo por nacer en el vientre adecuado. —No era algo de lo que soliese presumir, poco le llegaba a importar su título.—
Así que, si no es mucha molestia, solo trátame como una más entre todos.
—Terminó por levantarse, acercarse a Zeal y susurrarle al oído.—
Además, no tienes otra, o te dejaré desnudo en el bosque que te encontré. —Bromeó, trató de relajar aquella conversación.—
Mientras tengas cuidado, no será de mi incumbencia, no quiero ser un miembro más.
¡Siempre voy a estar para ti! Mi vínculo contigo es más fuerte que cualquier otra cosa, Alyona.
—Le mostró una pequeña sonrisa, no tenía pensado separarse de la mujer, estaba bien así con ella.—
Dicho así suena un poco raro, pero sí... No nos conocemos tanto como para ir a más.
—Una pequeña risa dejó escapar de sus labios al ver aquel sonrojo apoderarse de la mujer, tierna le pareció.—
Querida, me halagas, espero que los días aquí no te pasen factura y olvides quién eres.