Finalmente una sonrisa burlona apareció en su rostro al oírla; siempre tan correcta a la hora de hablar.
— No tengo que demostrar nada, bebé, pero supongo que siendo una princesa es más fácil juzgar.
—Rodó sus ojos mientras se cruzaba de brazos y dejaba salir un profundo suspiro de entre sus labios.—
Bueno, el día que demuestres que no lo sos, ahí voy a aceptar que me equivoqué.