🔴 L'hommage national à Edgar Morin, philosophe et sociologue, mort vendredi à l'âge de 104 ans, a commencé dans la cour du Dôme des Invalides, à Paris. #canal16
UNA SÚPER DESPEDIDA…
Estaba oscureciendo y la Plaza Ñuñoa brillaba bajo las luces de la tarde que se iba. Esta vez los periodistas no estábamos en Las Lanzas. La cita era al otro lado de la feria artesanal, en uno de los salones de la iglesia. Había que despedir a uno de los grandes del periodismo chileno.
Algunos de los presentes, los más jóvenes, quizás habían sido sus alumnos. Otros, con más años y más historias encima, llegaban con abrazos largos y miradas cómplices. Afuera, en el patio, se agrupaban los fumadores.
-Qué bueno que viniste.
-Había que estar - respondí.
Éramos varios de los más viejos. Les comenté que estaba corriendo la lista de espera y que no discriminaba a nadie. Una carcajada colectiva rompió el silencio del antepatio. El humor seguía siendo una forma de enfrentar lo inevitable.
Dentro estaban los Premios Nacionales, los compañeros de la mesa de Don Camilo, había reporteros, editores, amigos. El ataúd de Leonardo Cáceres, rodeado de flores y coronas, se había convertido en el símbolo de ese encuentro al que, tarde o temprano, todos estamos destinados.
Me abracé con Mónica González, mi jefa en Diario Siete; con Patricia Collyer, Alejandra Matus, Ethel Pliscoff, Oriana Zorrilla, Olivia Mora, Gladys Díaz, Sergio Campos, Federico Gana y Guillermo Torres Gaona, por nombrar solo a algunas y algunos de los colegas presentes. Todos estaban allí para despedir a un hombre que encarnó la memoria, la historia, la esperanza, la ética profesional, el valor y también el buen humor. La sonrisa era parte inseparable de su presentación.
Un abrazo especial fue para Pablo, uno de sus cuatro hijos. Trabajamos juntos en TVN y fuimos cómplices en más de una cobertura, buscando una primicia o intentando salir al aire antes que los demás. Era camarógrafo, pero también heredó la sensibilidad de su padre y, por supuesto, su sonrisa.
Abracé también a Gaby, su compañera de toda una vida, y al resto de la familia. Resultaba extraño que fueran ellos quienes nos agradecieran por estar allí. No había ningún sacrificio. Había que estar. Había que despedir al Flaco.
Le debemos mucho.
Es parte de nuestra historia. Estuvo allí cuando Salvador Allende pronunció sus últimas palabras. Estuvo allí cuando, desde el exilio, “Escucha Chile” cruzaba océanos para llegar a quienes resistían desde lejos, para contar lo que aquí era un riesgo. Estuvo allí cuando el periodismo era también una forma de compromiso con la verdad.
Mientras unos se iban, otros llegaban. El velorio parecía una gigantesca reunión de pauta. La cuenta pública, las renuncias de subsecretarios, los 6.200 millones de dólares, el paro de los estudiantes mañana, los achaques de cada uno y, por supuesto, las innumerables anécdotas con el Flaco eran los temas que circulaban de conversación en conversación.
En un momento me acerqué al féretro. Había una fotografía de Leonardo, unas rosas y, para mi sorpresa, un Súper 8. Sí, un simple chocolate en su inconfundible envoltorio negro con amarillo, apoyado a los pies del ataúd.
No pude resistirme. Le tomé una fotografía.
Aquello tenía que tener una explicación.
Salí rápidamente en busca de Pablo, o “Pablov”, como lo llamábamos por su pasado moscovita.
¿Qué diablos hace un Súper 8 encima del cajón de tu papá?
Pablo estalló en una carcajada.
- Alguien tenía que preguntarlo.
Y siguió riendo.
Entonces me contó que desde hacía años, en su velador, nunca faltaban dos cosas: un libro y un Súper 8. El dulce estaba ahí por si le bajaba el azúcar. Era parte de su paisaje cotidiano, de su rutina más íntima.
-Así que ahí está -me dijo -Era parte de él.
Y luego agregó algo que hizo todavía más entrañable la escena:
-Y eso no es nada. Al lado suyo, dentro del ataúd, lleva una botella de whisky.
Volvimos a reír.
Porque incluso en la despedida, Leonardo Cáceres seguía recordándonos que la vida, el periodismo y la amistad también se construyen con historias pequeñas, con gestos simples y con una cuota imprescindible de humor.
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Despedimos con profundo pesar a Darwin Rodríguez Saavedra, primer presidente de la Corporación Teatro Regional del Biobío, poeta, editor y gestor cultural comprometido con el desarrollo de la cultura en nuestra región.
Ha fallecido uno de los periodistas históricos . Van quedando menos de aquellos profesionales que vivieron y narraron momentos decisivos de nuestra historia. Nos deja, Leonardo Cáceres, su trayectoria forma parte de la memoria del periodismo nacional.
Fue el primer jefe de prensa de Canal 13 de la Universidad Católica. Trabajó en varias radios, desde Radio Magallanes, estuvo al aire en uno de los momentos más dramáticos de nuestra historia: el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Desde esa emisora transmitió las últimas palabras del presidente Salvador Allende, dejando un testimonio imborrable para Chile y el mundo.
Luego vino el exilio en Moscú. Desde allí, su voz volvió a cruzar fronteras a través del emblemático programa “Escucha Chile”, que acompañó e informó a miles de compatriotas durante los años más difíciles. Con él se va una legado pero nos deja su historia. Grande Leonardo Cáceres…
Opinión | "Morin llamaba a resistir la barbarie humana, lo que implica resistencia a la maldad triunfante, la indiferencia y la fatiga. Llamaba a la tolerancia, la compasión, la mansedumbre, la misericordia", por Sergio Muñoz Riveros.
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Así con el humilde Charles Aranguiz…
Se entiende q moleste q el wn grabe de tan cerca, pero el wate fue más que innecesario, es un wn haciendo su pega nomas. Ni siquiera le pegó a Aranguiz.
"Los valores que admiramos: ternura, generosidad, franqueza, honestidad, comprensión y sentimiento, provocan el fracaso en nuestro sistema. Aquellos rasgos que detestamos: codicia, materialismo, mezquindad, egoísmo... son los rasgos del éxito".
"Cannery Row", John Steinbeck