Ni el cooling break, ni la publicidad invasiva, ni las distancias imposibles: lo peor de este Mundial es que una madre no pueda ver a su hijo cumplir el sueño de su vida por no tener autorizada una visa.
Hasta a los propios jugadores los requisan como si se tratara de delincuentes.
El fútbol era de la gente. Qué asco que la FIFA lo haya convertido en esto.
Baratísimo le digo, más allá de la expulsión obvia que se comieron, el 80% del equipo está cagado, perdido o escondido. A pegarnos de los santos porque no hay más, ya se sabía.