Mi Lupona querida ya descansa en paz, lejos de todo sufrir y cerca de Dios; rodeada del amor de sus hijos y sus nietos se apagó la velita de su alma. Me quedo agradecida de haber sido su hija y de haberla podido acompañar todas las noches, hasta su última y cantarle sus canciones
@JCerecer@kioscomayor Yo nunca pude volar un papalote, lo más que llegué a volar fueron mayates, había muchos en Carbó era la diversión preferida agarrarlos ponerles un hilo y volarlos