EL ATLETI QUE VIENE.
AQUÍ LA PUTA VERDAD
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Gran parte de la hinchada rojiblanca lleva años instalada en la protesta. Piden a gritos que Simeone participe activamente en las incorporaciones, que construya su plantilla ideal.
Pues bien. Un servidor (que ya puede decir oficialmente que ahora si, es anticholista con todos los sacramentos recibidos), lleva años pidiendo exactamente lo contrario: que Simeone no participe.
No por favor. Ni en entradas. Ni en salidas. Ni en renovaciones. Ni en cesiones. Ni en elegir el catering de Majadahonda. ¡En nada por Dios!
Porque uno puede no tener información y aun así constatar algo evidente: Simeone participa en la planificación deportiva como si fuese entrenador, director deportivo, secretario técnico, ojeador internacional y responsable de recursos humanos.
Y no lo digo yo. Lo ha dicho él unas veinte veces.
Porque claro, existe otra posibilidad.
La de pensar que Andrea Berta, Bucero y ahora Alemany sufren una extraña fascinación genética por el mercado argentino. Una especie de síndrome inexplicable que les provoca sudores fríos cada vez que ven un pasaporte albiceleste.
Porque qué casualidad, oye.
Molina, De Paul, Musso, Correa, Nahuel, Giuliano, Nico...
Ya solo falta fichar al parrillero de la selección argentina y ponerle dorsal.
No. Simeone busca un perfil muy concreto de futbolista.
PRIMERA PREMISA:
obediencia absoluta.
Un jugador al que puedas poner de central un domingo, de lateral el miércoles, de delantero el sábado y de recogepelotas en Champions sin que se le mueva un músculo facial.
Un futbolista que escuche: “Hoy juegas fuera de posición” y responda:
"Perfecto, míster. ¿Algo más? ¿Le llevo un café?"
SEGUNDA PREMISA:
esfuerzo. Mucho esfuerzo.
Tanto esfuerzo que, a ser posible, la capacidad técnica sea casi secundaria.
Porque en el Atlético moderno correr es una virtud tan descomunal que uno empieza a sospechar si está viendo un equipo de fútbol o una oposición a bombero forestal.
Y ojo, que correr está muy bien.
Pero si además supieran controlar un balón, filtrar un pase o superar una presión rival ¿eh?
Todo aquel que cumpla esas dos condiciones tiene carrera garantizada en el Club Atlético de Madrid.
Y sí, ese perfil lo encuentra muchas veces en Argentina. Casi todas.
"Pobre Cholo que no le traen lo que pide". ¡Y unos cojones!
Así pues, mientras Europa busca futbolistas diferenciales, talento, creatividad y personalidad, aquí seguimos confeccionando un ejército de muchachos preparados para correr cuarenta kilómetros, sufrir mucho y morir de pie.
Algo precioso para una película bélica, insuficiente para ganar títulos.
Mientras Europa incorpora la ficha que le falta del puzle, el Cholo trae setenta y tres mediapuntas que acaban de carrileros o en el banquillo.
Y luego llega mayo y aparecen las lamentaciones.
Que si la plantilla.
Que si el presupuesto.
Que si Apollo.
Que si Gil Marín.
Que si el físico.
Que si el árbitro.
Que si Mercurio estaba retrógrado.
Y entre una cosa y otra, pasan los años. Cambian directores deportivos.
Cambian jugadores. Cambian dueños. Cambian los peinados de Griezmann.
Pero hay algo que permanece intacto. La idea.
Ah!! y la fe, sobre todo la fe.
Porque a estas alturas el cholismo, que de corriente futbolística ya no tiene nada, en su corriente religiosa amenaza con cuestionar los dogmas.
Porque preguntar si el hombre que lleva quince años decidiendo bobadas tiene alguna responsabilidad en lo que ocurre es considerado alta traición.
Pero todos, tanto el cholismo como usted, sabemos cual será el Atleti que viene.
Muchísima intensidad.
Muchísimo esfuerzo.
Muchísimo “partido a partido”.
Y en mayo, volveremos a preguntarnos qué demonios ha pasado.
Si, otra vez.