Vale la pena leer los comentarios al posteo de Haberkorn, porque ilustran acerca de una manera de argumentar que solo sirve para enredar y desviar la discusión. Haberkorn escribe: Marco Rubio no dijo nada que no fuera cierto acerca del MLN-T. No le contestan diciendo "No, lo que dijo Marco Rubio es falso", sino invocando los crímenes de todo tipo cometidos en y por los EE.UU. desde el asesinato de Lincoln hasta nuestros días. ¿Acaso lo dicho por Rubio deja de ser cierto por eso? No, obviamente, pero se trata de cambiar de tema, de hablar de otra cosa. Viejo truco, por todos conocido, que se usa una y otra vez.
¿Solo los Tupamaros tienen derecho a hablar de su pasado? No; ese pasado tuvo un impacto tremendo sobre todo el país y repercusiones internacionales peligrosas para Uruguay (recuérdese en particular el secuestro del cónsul brasileño, Díaz Gomide, etc.). El MLN, además, cuando se refiere a su pasado no lo hace para discutirlo a fondo y sin "pactos de silencio", ni mucho menos para pedirle disculpas a la sociedad uruguaya por todo el daño causado, sino para diluir responsabilidades con frases del tipo "Cada momento histórico tiene sus propias formas de lucha", o "de lo que me arrepiento es de haber estado preso y no haber podido luchar junto al pueblo uruguayo contra la dictadura". No hay arrepentimiento, ni siquiera olvido; al contrario, cada 8 de octubre se reivindica con unción el sangriento asalto a Pando de 1969.
"Dos mas dos son cuatro, aunque lo diga un borracho". No lo dice un borracho, sino Marco Rubio, pero dos mas dos siguen siendo cuatro.